Marina Fages

Resulta imposible negarse a su discurso seductor, a la forma en la que cala profundo en cada una de las células y triunfa de manera aplastante sobre nuestro juicio. Resulta imposible negarse al arte. Desde muy pequeña sentía fascinación por la música, ansiaba descubrir el poder oculto que escondían aquellos sonidos que cautivaban su atención y sus horas en el coro de la Iglesia al que asistía regularmente. Sin embargo, su verdadera pasión, aquella que se manifestó desde que tiene memoria y la atraviesa en cuerpo y alma, reside en la magia de las acuarelas, en la posibilidad de crear mundos nuevos con la amplia gama que conceden los colores y el lienzo blanco. Hoy es artista plástica, guitarrista, cantante y compositora, todo lo que la empodera y saca a relucir su lado más transparente. En este episodio te presentamos a Marina Fages, una insaciable exploradora en el misterioso arte de conocerse uno mismo, una militante innata de “la belleza de lo imprevisto y el goce de lo plural”.

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Momentos destacados de la charla

Me gusta mucho compartir la música, me parece como un deporte social. En particular para mis discos lo pienso de algna manera como una paleta de colores —si se puede hacer la analogía—, pensando en la producción de un tema: qué instrumentos me gustaría que haya. Estaría bueno éste sonido o este otro sonido, y de esa manera convoco a distintas personas para distintos temas. Lo que a mi me gusta desarrollar es darle a la canción lo que la canción necesita para que el mensaje sea fuerte. Para que ese mensaje se potencie. Muchas veces hay cosas que yo no puedo tocar, y me encanta que tengan la energía de otras personas.

En la manifestación del sonido hay algo que se imprime, dice mucho de una persona. Dice un montón de cosas, que se expresan en otro lenguaje. Que no es el lenguaje que usamos para comunicarnos, sino que es el lenguaje más invisible. Por eso, para mí la música es una manera de hacer que dice un montón de cosas. Me parece que todas las personas pueden hacer música. Sería muy hermoso que se incentive eso en todos los niñes.

Ibamos a viajar a Montevideo a una fecha. Y después, por distintas mierdas que pasaron, se fueron bajando. A mí me pasa que cuando digo que voy a hacer algo, lo re hago. “¡Ya dijimos que íbamos! ¡No, por qué!” Y viajé igual, sola. Y ahí dije “bueno, claramente esto me gusta”. Todavía no me lo tomaba en serio. No como profesión, pero sí en serio. Y dije “listo, me re gusta tocar, lo quiero hacer más”.

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