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Entrevistas

#RodandoLaVoz de siete bandas

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El pasado lunes, en el Teatro Monteviejo, instalado en el mítico barrio del Abasto, se organizó una conferencia de prensa en donde Corriendo La Voz tuvo la oportunidad de participar.
Siete bandas, diferentes estilos y personajes, todos en un mismo lugar contando su actualidad. Uno de los destacados fue
 Eruca Sativa, recientemente nominados en tres galardones de los Premios Gardel y en vísperas de preparación para lo que será la presentación de «Barro y Fauna» en su segundo round en el Luna Park

Completaron la maratónica sesión: Josefina Pretende, Serfers, Sick Porky, Verne, Domino, Los Síntomas.

La recepción, tanto para prensa como para los músicos fue muy buena, regalando un buen ambiente de trabajo. El frió otoñal que reinaba en las calles se opacó con el calor humano que había adentro.

Josefina Pretende cuenta con cinco discos bajo el brazo, casi veinte años de ruta y un nombre que llama la atención por su contenido literario (sacado de un relato titulado Josefina La Cantora o “El Pueblo de los Ratones”, del escritor checo Franz Kafka). 

En una charla que mantuvimos con Paulo Zóccali (batería) sobre su último trabajo discográfico, Sueño Lucido, nos dijo: “logramos una sonoridad, fue una experiencia muy buena y un placer desde que empezamos hasta que lo terminamos. Logramos un salto de calidad con la masterización, que estuvo a cargo de Frank Arkwright en Abbey Road Studios (UK).»

– ¿De qué forma surge la masterización en Abbey Road Studios?

Paulo: Siempre tuvimos ese sueño, el de salir afuera. En un principio, no fue planeado sino que el guitarrista Juan Manuel Castelao hizo contacto con uno de los ingenieros, uno muy groso de allá, que trabajó con grandes bandas como Oasis, Arcade Fire, The Cure. Entonces él le mando un link con una mezcla nuestra que teníamos y le gustó. Hicimos una prueba y nos encantó lo que nos devolvió. Todo por Internet, quedamos enloquecidos. Iba muy bien con lo que queríamos nosotros para el sonido del disco».

-¿Cómo ves hoy el under en la actualidad?

Paulo: Se remó siempre, toda la vida. Está muy difícil porque hay pocos lugares para tocar, bueno, en realidad, pocos buenos lugares para tocar. A nivel sonoro, nosotros somos muy hinchas con eso cada vez que tenemos un show. Ahora el under está muy profesional, cada vez hay mejores bandas y que suenan muy bien. Esto le hace muy bien.

Serfers se formó en 2014 y está por grabar Atmósferas Nocturnas, su primer LP. A pesar de su corta vida, sus integrantes cargan una rica experiencia en la música. Sergio Bufi, cantante y guitarrista, ha sido parte de Mole, proyecto personal de Charly Alberti, ex Soda Stero junto a su hermano Andrés Alberti. A su lado están, Ariel Bufi en batería y Alejandro Maglio en teclados.

Al conversar con Ariel y Alejandro, cuentan que en piensan que la grabación del disco será veloz por la química y unión que existe entre ellos, producto de la experiencia y el trabajo en las salas de ensayos. 

En la banda al haber dos hermanos ¿Es más fácil la relación?

Ariel: Tenemos una buena relación. Con nuestras opiniones diferentes, pero lo mismo pasa con Ale. Convivimos con nuestros encuentros y desencuentros de la mejor manera.

Alejandro: Me siento como en el medio porque nos conocemos hace mucho y ya somos como hermanos musicales. Nos puteamos todos juntos  y lloramos, también, juntos. Siempre estamos unidos los tres.

-La Trastienda el próximo 11 de Junio junto a Domino ¿Cómo la están preparando?

Alejandro: Mucho ensayo de lo que queremos hacer. Tocamos mucho en vivo pero no nos dejamos estar. No hacemos esto como una presión, sino Tranquilos y relajados porque es lo que nos gusta hacer. Vivimos de la música. 

A fin de año buscarán el lugar donde enfocarse para la presentación del primer disco.

https://www.youtube.com/watch?v=L_SgsEL-bRo

Para referirnos al grupo de Synth Rock, Los Síntomas, su cantante Mariano Alvarez, nos cuenta sobre sus cuatro años de vida y que su búsqueda es por las formas para pasarla bien. El paso del tiempo conllevó a la grabación de un disco. Ahora se encuentran tocando mucho y por presentar el videoclip de «Trance».

-Por todo lo que vive el país y al ser una banda independiente que esta empezando ¿Cuál es el panorama que viven?

Mariano: No es fácil, en realidad para una banda independiente nunca es fácil a pesar de los gobiernos. De repente los gobiernos sirven para inspirar, porque en verdad, uno puede sacar todas las cosas que te das cuenta que se necesitan.

Es complicado poder sostener un proyecto artístico porque principalmente no hay mucho apoyo.

-Podes escribir con alguna inclinación política…

Mariano: Claro, en sí, nosotros tratamos de reflejar mucho lo que son problemas más existenciales, cosas más generales. Pero en esencia, todo es político. La banda no apunta a ningún lado, cada uno tiene una idea. Nos gusta mandar mucho mensajes que por momentos pueden ser muy oscuros y por otros más positivos.

-¿Esa oscuridad se refleja en…?

Mariano: Tanto en las letras como en la música y lo visual. Quizás puede ser por algún momento que nos haya tocado, yo suelo hacer las letras y estoy seguro que habrá sido algo de eso.

Por lo general cuestionamos mucho lo que es el uso del tiempo, de repente es lo más valioso nuestro y muchas veces en una sociedad industrializada, esta desperdiciado totalmente.

Una idea de trabajo que deberíamos hacer. Lo que lleva a soledad y un montón de otros sentimientos.

-Para el videoclip de «Trance» ¿Cómo sale la idea de filmarlo?

Mariano: Queríamos hacer un vídeo que cuente una historia. El primero, que fue, «No hablemos de escapar» era principalmente presentar la banda al publico, mostrar un poco el sonido y  los recursos propios. Pero ya para «Trance» queríamos mucho más mostrar una historia, poder contar un poco de lo que hablamos. Habla sobre una persona que se quiere liberar, un transexual, sería «Trance». Lo que se va viendo en el relato es cómo existe una discusión de una parte femenina con una masculina, podría ser la discusión de una pareja pero en realidad es una sola persona.  Lo que quisimos reflejar en el video es la es la exclusión, por eso lo representamos en la persecución de una pandilla enmascarada.

-¿Inspirado un poco en la película «The Purge«?

Mariano: Si, algo similar. Nos inspiramos mucho en esas mascaras y también en otras cuestiones que están. «The Purge» no fue la idea principal pero estuvo presente.

-Para lo que queda del año ¿Qué tienen planeado?

Mariano: Más allá de la presentación del vídeo y del disco, pensamos para Septiembre sacar un EP. Ahí ya estaríamos representando la esencia de Los Sintomas porque un primer disco es, en verdad, acumular todo el material que tenes. El segundo disco abarca más la identidad, a donde uno quiere ir. Lo estamos logrando, ensayando bastante, ahora a tocar esos temas, hacerlo bien. Somos muy detallistas en eso.

DOMINO, es un proyecto de amigos que surgió en 2013. Editaron un disco homónimo e Ivan Sorokin (guitarra y coros) nos cuenta sobre su historia y un pequeño adelanto del próximo segundo disco titulado COMA.

-¿Cómo fue entrar a un estudio de grabación por primera vez para la grabación de «Domino«?

Ivan: Teníamos dieciocho años en ese momento, casi que ni teníamos temas ni productor. Llegamos porque teníamos la posibilidad y fue componer temas y arreglarlos ahí, junto a grabarlos como podíamos. Sin experiencia, obviamente.

Ahora el proyecto cambio MUCHÍSIMO, es mucho más serio. Hace un año y medio venimos produciendo COMA, que tiene un laburo que ya es otra dimensión, con un nivel de producción diferente y de post-producción distinto. Otro concepto musical más poderoso y serio.

-¿Están pensando donde presentarlo?

Ivan: Nosotros planteamos siempre una propuesta que va más allá de lo auditivo, que pasa más por lo audiovisual. No todos los lugares nos permite hacer lo que nosotros necesitamos. Es una puesta más elaborada desde la escenografía hasta las luces. Trasciende más que la música que nosotros hacemos.

-¿De que manera «venderías» a DOMINO?

Ivan: Hacemos rock básicamente. Es muy difícil etiquetarnos dentro de las ramificaciones que hay. Mucha gente nos asemeja con Spinetta, más que nada por las melodías vocales y manera de cantar de Jero Romero (voz y guitarra). Tenemos inspiraciones o influencias que van desde Charly García hasta Radiohead o Iron Maiden. Pasando por muchos lados diferentes, llegamos a DOMINO.

Es más música para escuchar sentado, prestando atención y no quizás música para decir «lo escuches antes de salir a bailar».

Es una propuesta más larga y conceptual.

Verne es un dúo de rock & pop que une las pasiones personales de Tian Firpo, bajista y pintor que ha sabido vender su arte en diferentes ciudades del mundo, y Manuel Caizza, un músico que trabajó con iconos de nuestro rock como Pedro Aznar, Fito Paez o Alejandro Lerner hasta figuras internacionales de la talla de Carl Barat de The LibertinesKings Of Convenience, entre otros.

El disco «Caer y Levantar» fue compuesto, producido e interpretado por Manu y Tian íntegramente. Tuvieron varios invitados como Sergio Buffi de Serfers en Festival (también estuvieron Mauro ConfortiCam Beszkin) abriendo la placa. La canción elegida para hacer un tercer videoclip y hacerle como «una despedida» al mismo, fue «Alguien distinto», donde Lara Pedrosa participa cantando a dúo con Manu.

-¿Porqué eligen «Alguien distinto» para filmar el videoclip?

Tian: El corte lo eligieron el director Alejandro Jovic  y el guionista Martín Caamaño (guitarrista de Rosal), son muy amigos nuestros. Ellos, hace un año más o menos, nos venían que esa canción les encantaba y querían hacer un vídeo. Ya habíamos hecho dos clips antes («Hasta que» y «Escondido«) y con Manu habíamos decidido hacer el último corte para concentrarnos en lo que será el segundo. Entonces fue el momento de «Alguien distinto«, básicamente lo eligieron ellos.

-Para el que no conoce a la banda ¿Qué es Verne?

Tian: Propone algo muy genuino que es lo que le pasa a dos personas que son muy amigos. Verne es mostrar que vos no sos tan diferente a nosotros. No queremos mostrarnos como si fuéramos los campeones del mundo, los más lindos, los más altos o algo que vino de otro planeta. Nosotros somos igual que vos, solamente que nos tomamos el trabajo de expresar esos sentimientos, esas sensaciones que a vos te pasan de una manera linda o artística con una dirección intencionada.

Con veinte años de vida, SICK PORKY encara una nueva etapa con Alucinatorio, cuarto trabajo discográfico editado en 2016, de nueve canciones. Considerado el más logrado, maduro, y diverso de la banda. Resalta el hecho de producirse y auto dirigirse en «El Fantasma de la Libertad«., videoclip donde muestra la intimidad de la banda en la grabación de la placa en Sonoramica Estudio estudio ubicado en Mina Clavero, Córdoba.

El bajista, Leandro Spatola resumió un poco lo que se viene en los próximos shows, sus comienzos y algunas sensaciones luego haber compartido escenario con bandas de gran renombre, entre otros asuntos.

-¿Cómo preparan la presentación oficial de «Alucinatorio», el 11 de Agosto en Vorterix?

Leandro: Bien, como venimos tocando mucho las canciones están bastante pulidas y vamos a llevarlas al vivo. Estamos en la etapa de diseñar cómo será el show. Sería la parte estética, la parte de lo que vamos a tocar y cómo. Seguramente sea una presentación de todo el disco y una segunda parte con los clásicos y todos los amigos que nos dio la música.

-Antes se viene una gira por Paraguay y Formosa…

Leandro: Ahora nos vamos en dos semanas a Asunción, donde tenemos dos fechas entre Viernes y Sábado (16 y 17 de Junio respectivamente). Luego el Domingo (18 de Junio) concluimos en Formosa. Posteriormente tenemos algunas fechas más y después de la presentación, continua la gira. A fondo. Seguramente vayamos a Chile, Uruguay, Córdoba, Rosario, Mar del Plata. Es una gira intensa pero estamos contentos. Siempre quisimos hacer una gira con esa intensidad de tocar mucho. Continuar mostrando el disco por todos lados.

-¿Con que banda o cuales más disfrutaron tocar y que aprendieron?

Leandro: Con todas. Para mi hay bandas de acá que son increíbles y compartir con ellos algo, es alucinante. De todas aprendemos algo. Por ejemplo, en una época, tocar con una banda como Hielo Negro (de Chile), en el momento justo de la banda, fue increíble. Era una cosa espectacular para nosotros.

Después obviamente, tocar con Ghost hace poco, es como otra clase de alimentación musical. Una cosa diferente que te nutre de UNA MANERA DIFERENTE.

A veces me gusta ver bandas que me prenden fuego, que la gente se prende fuego. Es un momento único. Soy de los que termina de tocar y, por ahí, se va a ver la banda. Me gusta vivirlo, ver que cosas usan. Me gusta todo.

-¿Qué paso en los diez primeros años de la banda? Teniendo en cuenta que los discos se remitan de los últimos diez.

-Leandro: Era otra época. Grabar era bastante más complicado. Eramos muy chicos. Hicimos dos EP y ya era considerado como material de difusión y era groso. Después no terminamos de grabar otro disco que quedo trunco.

Se estaba pasando de lo que era analógico a lo digital, recién, y realmente eramos jóvenes, no teníamos guita. Se usaba mucho tocar y grabar cositas chicas. 

Fue un punto de instrucción grabar el primer disco. Lo empezamos a grabar por el 2004 y tardó dos años. Fue un momento especial. Era otra época. No teníamos instrumentos para grabar, ni en claro si íbamos a ser músicos, todo era una locura.. Tocábamos para divertirnos. Después de que salga «Ancestral» (2006), empezó a tener repercusiones en el exterior, pasaban cosas muy raras. Vendíamos discos en Alemania.

-Era más fuerte en otros países que acá…

Leandro: Claro. Paso eso y ahí nos empezó a llamar la atención, dijimos «esto viene en serio». Después de tocar mucho ese disco. Queríamos sacar otro y se vino el siguiente LP.

-Durante la producción de «Alucinatorio» ¿Que recordas del proceso?

Leandro: Es lo más lindo que hicimos. Más ecléctica. Para algunos, más rara. Es el LP más lindo que hicimos, es lo que nos representa hoy y son un montón de cosas que cuesta expresarlo con palabras. También por el viaje que hicimos para grabarlo.

Finalizando dejó en claro que Sick Porky es una banda de rock con sangre y muchos huevos. Amantes de la música que no les importa los géneros y les importa nada más que tocar. Que la gente pueda disfrutar su mensaje de ir siempre para adelante.

El plato fuerte de la noche fue sin dudas ERUCA SATIVA, debido a su gran presente que están atravesando gracias a “Barro y Fauna”, su último Álbum editado en 2016. Tres nominaciones a los Premios Gardel 2017 y el cierre de la gira, que lleva el mismo nombre del cuarto LP, el próximo 22 de Junio en el Luna Park. La cual los llevó por todo el país y un paso por Uruguay y Chile. La voz autorizada para contar un poco como están viviendo este magnífico presente fue el baterista Gabriel Pedernera.

-¿Cómo esperan el segundo Luna Park?

Gabriel: Bien, con mucha expectativa. Muchas ganas de seguir tocando este disco que nos está llenando de alegrías, satisfacciones y de buenos momentos. Así que el Luna va a ser como un broche de oro y también un comienzo. Sería como llegar hasta lo último de la pagina, dar dar la vuelta y decir: «vamos de nuevo, empecemos desde acá». Vamos a ver que nos depara el destino.

-Tocaron el 26 de Mayo pasado en La Trastienda de Uruguay ¿La gente como los recibió? 

Gabriel: Muy positivo. A veces los países limítrofes están mucho más cerca de lo que nosotros imaginamos. Nos reciben como si fuese nuestra propia casa. Presentamos el disco nuevo y la gente lo recibió con mucho amor, ya estaban al tanto y se sabían los temas. Lo disfrutaron como nosotros y fue un momento muy lindo.

-¿Que repercusión interna tuvieron sobre las nominaciones al recibirlas?

Gabriel: Nos sorprendió, no sabíamos ni esperábamos nada. Uno nunca trabaja para los premios, si vienen uno esta muy agradecido. Es la industria que te da un pequeño un mimo. No esperábamos tres nominaciones, la verdad. Ya estar ahí nominados es como un premio para nosotros.

Que rescaten tu música y te den un voto, me parece que esta bueno y sería como un triunfo.

-¿Con que canción de «Barro y Fauna» te quedas si tuvieras que elegir una?

Gabriel: Hoy me quedo con Justo al Partir. Pero cambia día a día. Cada canción tiene su historia y cada canción tiene su momento. Uno cambia. Hay días que me levanto y me gusta más un tema que otro. El disco es un concepto en si mismo y es como toda una gran canción.

-Después de la grabación ¿Crees que hubo una evolución importante si lo comparas con los anteriores?

Gabriel: Es difícil para mi juzgarlo o evaluarlo al estar desde adentro. Lo que si nos sentimos muy bien a nivel compositivo, sentimos que estamos haciendo canciones que nos emocionan y tenemos ganas de seguir aprendiendo.

Tenemos todavía mucho camino por recorrer. Nos quedan muchas canciones por componer.

Si le tuvieras que dar un consejo o un mensaje a las bandas que están comenzando su camino ¿Cuál sería?

Gabriel: Cada uno tiene su historia y su camino. La constancia en mi vida fue un factor clave y el amor ha sido otro de esos factores. Uno debe conocerse a uno mismo, decir: «Amo la música, quiero hacer música». Después levantarse todos los días y tratar de ser mejor en eso.

Primero para tratar de ser mejor persona, ponerse en el lugar del otro, tratar de ser bondadoso, escuchar y después ser mejor músico en este caso. Una vez que uno decide que quiere hacer, ahí es donde el mundo mejora y se convierte en un lugar más lindo.

Según pudo adelantar, se espera – con posterioridad al show en el Luna Park – la llegada del Power Trio por algunos países como Colombia, México, Paraguay, Ecuador, Perú y Uruguay. Con el aviso que hay intenciones de aterrizar por primera vez en Bolivia. También agregó que irán a algunas provincias de nuestro país que les faltan conoocer. Después de esto se puede decir con firmeza que hay Eruca Sativa para rato.

Fotogaleria a cargo de Belu Gonzalez 

 

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Soy Rada: «la clave es hacerme cargo del éxito»

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El mutifacético Soy Rada presenta «Revuelto» el 11 y 12 de diciembre en el Teatro Opera, con dos únicas funciones cargadas de magia, música, humor y sorpresas. En esta oportunidad, Agustín Aristarán nos pasea por los hitos que le hicieron saltar una y otra vez a nuevos trazos, nuevos lenguajes, nuevos vértigos y nuevas historias que contar.

Fotos: Facu Suárez @irishsuarez

«Revuelto» llega en un tiempo bisagra para el artista, de cierres y aperturas. En el relato no hay cronología, todo convive en su creación: lo que fue, lo que es, lo que se viene. Un camino hecho de andar, que presenta el 11 y 12 de diciembre en el Teatro Opera y profundiza antes en charla con Rock.com.ar.

¿En qué sentís que maduraste más durante estos años?

La música es lo más nuevo que vengo haciendo, pero creo que maduré en lo compositivo, la escritura y en lo sonoro.

Iniciaste tus espectáculos fusionando la magia con el humor. ¿En qué momento te hizo el quiebre para mutar hacia la música?

El primer quiebre fue durante el primer espectáculo de «Soy Rada», cuando decidí guardar al mago. Apareció fuerte la música, pero ejecutada con mi banda. Entendí que quería unir mi proyecto musical con mi proyecto de teatro y comedia. No obstante, ambos van por caminos separados: el teatro con la banda o la banda sola.

¿Cómo encaraste las primeras composiciones?

Tenía cositas guardadas y empecé a escribir. Me junté con Charly Palermo, que es el director y amigo del grupo, para ponerle música a las letras que yo iba tirando. La primera etapa de Soy Rada And The Colibriquis habla más de mi infancia. Ya los demás son un poco más maduros, en Capucá y Álbum de Cicatrices pesa la adultez.

¿Cómo describirías a tu proyecto?

La verdad es que me puse a pensar cómo escucho música y no consumo discos enteros de un mismo género, sino que voy por canciones separadas. Me gusta hacer lo que me gusta escuchar y no tiene un estilo definido. Hacemos trap, como también rock y hip-hop. Pasamos de la cumbia, o una balada desgarradora, hasta una canción de María Elena Walsh hecha punk. Son todos temas propios y algunos covers del primer disco.

¿Qué sensaciones te trajo tu primer concierto y asumir el rol de cantante?

El primer show fue en el festival gastronómico Wateke, que se realiza en Capital y ya tiene varias ediciones. La verdad es que fue bastante inconsciente subirme al escenario como frontman de una banda a cantar, pero como me considero un actor relativamente bueno, actué de cantante. De esa manera la piloteé y la pasé bárbaro.

¿Qué lugar ocupa la música en tu vida?

Está en un lugar principal, me crié escuchando y tocando desde muy chico. En mi casa siempre hubo mucha y muy diversa música. Mi hermano es un gran artista y la gran mayoría de mis amigos están en la misma. Es fundamental para mí y amo esta carrera que estamos haciendo. Desde luego que no invalida las otras cosas que realizo. En los discos de los Coli, y en mi vida, conviven un montón de géneros que tienen que ver con el entretenimiento y el arte.

Cosechaste una cantidad inmensa de seguidores que manifiestan cariño en cada propuesta que compartís. ¿A cuál de tus roles o virtudes se lo adjudicás en mayor medida?

Creo que la clave, si es que hay alguna, es hacerme cargo del éxito. No por el hecho de que me vaya bien, sino porque vivo de lo que me gusta y la gente que me quiere, yo la quiero también. Creo que es por la diversidad de cosas que hago y busqué público para cada una de ellas. Por ahí, al que le gusta mi música no le gusta tanto mis contenidos en redes sociales; o a la inversa. Otro mira el contenido de YouTube y no le copa tanto lo que hago en Instagram. El público fue encontrando qué le gusta de mí.

¿Qué condimentos tendrán estas dos funciones en El Opera?

Por empezar, no toqué con espectáculos míos en El Opera. Sí en festivales y algunas cosas para las que me convocaron. Creo que, junto al Gran Rex, son los teatros más importantes de la Ciudad de Buenos Aires. Hace mucho tiempo que quería estar en ese escenario y de la mano de 300, productora con la que estoy trabajando, lo vamos a hacer. Será un mega espectáculo de comedia, donde pasará de todo y volveré a mis raíces con la magia. A su vez, presentaré canciones nuevas de los Coli. Hay un disco entero que está macerándose con otro tiempo de composición y otra gente con la que trabajé. Algunas de ellas van a estar presentes. Todo estará perfectamente enjambrado y revuelto.

¿Siempre manteniendo la misma formación?

En realidad, hay un guitarrista nuevo, que es Kahil Ferraris. También está Charly Palermo en bajo, Pablito Vignati en batería y Martín Rosas en segunda guitarra. A su vez, habrá una sorpresa para el final que me dan unas ganas de contarla, pero no puedo. Para los que vengan, me hago cargo y digo: «Yo estuve en Revuelto cuando se pudrió todo en El Opera».

Si tuvieses que elegir una canción para iniciar al lector de Rock.com.ar en en el mundo Colibriquis, ¿cuál sería?

¡Qué difícil! Te voy a decir dos porque nunca me quedo con una sola cosa. «Avisame cuando llegues» es la canción que más se popularizó de la banda y es un reggae que me gusta mucho porque tiene algo muy lindo en su estribillo. La segunda es «Vertical», un trap medio rockero que nada tiene que ver con la primera. Ahí están las dos puntas del proyecto por las que pueden empezar.

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Los Espíritus: «Quedó algo muy ecléctico»

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La banda llega el 10 de diciembre al Teatro Gran Rex para presentar «Sancocho Stereo», su quinto álbum de estudio iniciado lúdicamente como un programa radial ficticio.

Los Espíritus. Foto: Guido Adler

A una década de haber irrumpido en la escena emergente, y luego de girar por Latinoamérica y Europa, la agrupación compuesta por Maxi Prietto en guitarra y voces; Miguel Mactas en guitarra; Martín Ferbat en bajo; y Pipe Correa en batería, nos deleita con «Sancocho Stereo»: su quinto álbum de estudio involucra a amigos de ruta como Daniel Melingo, Carca y Gustavo Santaolalla, entre otros. También cuenta con el aporte periodístico de Enrique Symns y Norberto «Ruso» Verea, que ponen sus voces al servicio de este experimento de psicodelia comunitaria. El álbum está compuesto por 14 tracks, de carácter heterogéneo y multifacético, que se profundizan en Rock.com.ar mediante una charla con sus protagonistas.

¿En qué momento se encuentran Los Espíritus?

Maxi Prietto: La verdad que es un momento muy productivo y prolífico. Cuando arrancó la pandemia descansamos y aceptamos el momento. Después se nos ocurrió la posibilidad de trabajar de una manera distinta y producir canciones a la distancia. Así tomó forma este primer capítulo, que se terminó publicando en las plataformas.

Le siguió el segundo, donde ya estaba Melingo como invitado. Para esa instancia podíamos ir al estudio, entonces tocamos con un sonido más nuestro. La idea fue tratar de relacionarnos con músicos y se terminó transformando en un disco que nos dio muchas alegrías.

Trabajamos con Melingo, con Carca; presentamos un blues nuevo e hicimos una versión de un tema de Vox Dei. También tenemos a Santaolalla.

¿Qué conexión existe entre los invitados?

A Santaolalla lo conocimos hace unos años y quedó la idea de hacer algo. Una vez nos invitó a conocerlo e hizo una apreciación del grupo y del sonido. Quedamos fascinados porque nos dio una visión que ninguno de nosotros tenía. Después lo cruzamos en un festival y tocamos unos temas juntos. La colaboración finalmente tomó forma con «Lagunas blancas», que es una canción nueva de carácter experimental.

A Melingo lo tenía muy presente porque siempre fui fan de su obra y no podía comprender que la admiración fuese mutua. Se dio una amistad espectacular e hicimos muchas juntadas en la terraza. Aprendimos mucho durante las charlas, hablando de experiencias y música.

Con Carca lo mismo, son todos músicos de una trayectoria y conocimientos tremenda.

¿En qué sienten que maduraron más durante estos años de laburo intenso?

Es algo que pienso bastante, antes éramos más impacientes y lo que hacíamos quedaba. Era parte de un concepto y nos gustaba capturar esa energía. En este disco se da que están las dos. Por ejemplo, «Buscando la luz» fue el resultado de una sola toma durante el primer encuentro después del confinamiento. Otros temas los grabamos al menos tres o cuatro veces, o sea que los produjimos bastante. En otra época de Los Espíritus era impensado y quedó algo muy ecléctico, porque conviven canciones muy espontáneas y otras más trabajadas. Tal es el caso de «Ayudas», que representa esta nueva etapa y estamos muy contentos con la paciencia que le pusimos.

Hicieron una fusión más que interesante entre las canciones y ese espíritu radial.

Sí, cuando empezamos a darle forma se nos ocurrió que podía ser un programa donde pasaran dos o tres canciones, a modo de capítulos cortos, en una radio llamada Sancocho Stereo. La idea fue mutando, porque primero era un locutor y después se transformó en la opción de que alguien recitase algo; como en el caso de Melingo o Enrique Symns, que tiraron alguna frase poética o presentaron alguna canción. El pico máximo se dio cuando apareció el Ruso Verea en el último capítulo, que también fue un sueño porque de chico lo escuchaba todas las noches en Rock & Pop. Cuando te gusta la música, en algún momento tocás un instrumento; pero antes comprás discos, los escuchás y te quedás mirando la tapa o leyendo el librito. Vas a los recitales y se genera todo un mundo, que hoy se hace presente con El Ruso y Melingo. En cierta forma, no dejamos de ser público.

Durante la pandemia se abrió el abanico de los streaming y muchas bandas optaron por no realizarlos. ¿Cómo lo vivieron ustedes y qué pesó más? ¿Las ganas de seguir tocando o la necesidad económica?

Es una mezcla de las dos. La primera sensación de los streaming no fue positiva y nos pareció apocalíptico, porque la música siempre se trató de compartir en un mismo recinto. Sobre todo, en nuestros recitales, donde pasa de todo. Hay una unión, que es parte de lo que está sucediendo, entonces no imaginamos eso en primer lugar. Tardamos bastante en hacer nuestro propio streaming porque empezamos a poner condiciones de cómo sería y pensado como algo que nos tendría que gustar a nosotros, básicamente. Entonces, se nos ocurrió desarmar la sala de abajo y el escenario de arriba, para distribuir bien el lugar donde ensayábamos, que era el Club Plasma, y resultó nuestro bunker. Nos pareció una buena idea transmitir desde ahí porque era casi lo mismo que estar en el estudio de grabación, ubicado en el piso de abajo. De esa manera, podíamos hacerlo sonar como queríamos y divertirnos. Después, apareció una productora que se encargó de la logística de las cámaras y convocamos a Alejo Moguillansky para la dirección. En cuanto a lo laboral, sabíamos que no iba a ser redituable, pero teníamos ganas de hacerlo y fue como una especie de reencuentro con el público.

¿Qué condimentos tendrá El Gran Rex?

Es una fecha muy importante para nosotros y también cierra este proceso pandémico, más allá de que no sabemos cómo va a terminar. De lo que se inició como una serie de grabaciones con invitados, y que tomó forma de disco, sería la presentación y conclusión de un momento en el que vivimos gran parte encerrados.

¿Hay posibilidades de que los artistas que participaron del álbum, los acompañen también en el vivo?

Sí, la idea es esa. Va a ser un recital distinto, en el sentido de que habrá varios invitados del disco y otros con los que tenemos amistad y queremos que participen también.

En un mundo donde la inmediatez está a flor de piel, ¿por qué siguen apostando al disco físico?

Puede que sea generacional. Cuando decidimos darle forma de disco a todas estas grabaciones, para mí fue un alivio mental. La considero como una experiencia, en la cual su duración le da una coherencia a la obra. Me gustan los singles, pero cuando se los separa como anticipo de algo o es la cara de un álbum.

Si tuvieses que elegir una de las canciones del disco para compartir con los lectores de Rock.com.ar, ¿cuál sería?

Hoy por hoy elegiría «Lagunas blancas», porque es nueva y fue la que hicimos con Gustavo Santaolalla. Y también «La antillana», que mandamos al Scientist: un productor jamaiquino que la deformó toda. Esas dos tienen el plus de ser novedosas. Pero creo que la que más me gusta es «Buscando la luz».

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Entrevistas

Ale Kurz: «A mí me encanta la vida, pero la muerte es una consejera»

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El cantante de El Bordo presenta «Brillando azul», su primer disco solista inspirado en el mundo beatnik, los sueños anotados en una libreta y la experiencia de haber sobrevivido a la pandemia.

Ale Kurz. Foto: Emma Distilo

La palabra indicada para definir a Ale Kurz por estos días es fortaleza. Ese mantra de orden, silencio y plenitud que rodea al cantante de El Bordo se entrecruza con el ascenso de su propia identidad presente como solista y el camino recorrido con su banda de toda la vida. Es todo alegría verlo ahí, presente en la sonrisa perfecta que lo ilumina desde la puerta que abre en su departamento de Caballito, luego de haber estado internado con un cuadro grave de pulmonía bilateral por coronavirus. Esta fortaleza invisible y actual lo sostiene como un aura potente que destierra cualquier contacto cercano con la muerte.

En la entrevista, nos abre la puerta ese hombre nuevo, con los ojos brillantes y agradecidos. «Charly García dijo que hizo un disco y gracias a eso sobrevivió a la pandemia y a mí me pasa un poco lo mismo», dice mientras subimos en un ascensor diminuto con un espejo que lo devuelve prolijo, más parecido a un modelo publicitario que a un cantante de rock.

“Durante mi internación, pensé en proyectos que me dieran fuerzas para salir adelante”, repasa Kurz. Brillando Azul, su primer disco solista, sin dudas fue su gran motivación y se convirtió en un testimonio de vida.

El piso de Kurz también habla de esa marea de sensaciones que fluyen en él: lleno de luz, con las ventanas abiertas, libros de filosofía oriental a la vista pero ordenados y una pulcritud que lo aleja del prototipo de cantante de rock reventado. El libro de las mutaciones del I-Ching, famoso oráculo milenario chino, destaca en su biblioteca.

¿Así que te gusta el I-Ching?

Me encanta la filosofía oriental en general. No encontraba las moneditas que se usan para preguntar lo que querés saber de tu vida, pero me di cuenta de que estaban al lado, metidas en un sobre. Es un libro hermoso, suelo consultarlo pero lo importante es saber interpretar lo que te dice. Me asombra que tenga tantos años y haya sobrevivido a las civilizaciones y el paso del tiempo, como «El arte de la guerra». Son textos que se pueden seguir aplicando hoy, en la vida cotidiana; eso es alucinante.

¿Sos lector?

Soy muy lector beatnik. Me gustan mucho los norteamericanos de esa generación como Burroughs, Allen Ginsberg y Bukowski. Me encanta la filosofía, pero más cuando es urbana y se entremezcla con vivencias. La filosofía oriental, el budismo, son más teóricos y me cuestan más, pero cuando está mezclado con historias y cotidianeidad le entro más fácil. Aparte me gusta la belleza romántica que tiene ese lenguaje. También leo poesía y uno de mis libros favoritos es «Una temporada en el infierno», de Rimbaud.

¿Asociás los gustos literarios con tu búsqueda musical?

Siempre me gustó el rock de contenido. Esto no quiere decir que uno siempre comprenda lo que dicen las canciones, pero me parece mucho más atractivo cuando sabés que hay algo detrás. Por ejemplo, cuando empecé a escuchar La Renga, me volví loco con las conexiones que ellos hacían con los libros de Carlos Castaneda. Eso es lo que más me alucinaba de la banda. Cuando empecé a entender de dónde venía eso y a leer Las enseñanzas de Don Juan, se me abrió otro mundo. Ahí viajé por Latinoamérica de mochilero y me enganché con todo ese mundo. Mis viejos también son muy lectores y cuando yo era muy chico, mi viejo me dio para leer El Antricristo y me arruinó la vida (risas). Fue algo espectacular porque entendí que se podía romper con las tradiciones y los mandatos. La literatura es un combustible enorme, que mezclado con las vivencias te da mucho para escribir. También tengo un hábito que le robé a Gustavo Cerati, que es leer y mientras tanto tener un cuaderno al lado para anotar palabras que me gusten.

Ale vive en el último piso de un departamento de Caballito que, recuperando las palabras de su estado de ánimo, parece una fortaleza. Un lugar elevado, con ventanales abiertos por los que empieza, de golpe, a correr un viento fuerte pero soportable, que rodea la luminosidad de la tarde dibujada entre los edificios que se ven a la distancia. “Mi casa es así, está hecha de viento”, bromea el cantante que convive con Vicky, su novia a la que no pudo ver durante su internación por Covid, debido al aislamiento. “Nos llamábamos por teléfono y recibía el apoyo de mis familiares que iban hasta la puerta del hospital, aunque no podían entrar”, recuerda el artista de esa oscuridad que parece haber sido barrida por todo ese viento que acaricia su departamento.

¿Se puede decir que zafaste de morir?

¿Sabés qué fue lo que me pasó? Cuando estaba internado entendí que eso no podía ser el final, que había que seguir brillando en esta vida, aunque sea en un solo color. Ahí nació la idea de Brillando azul. En mi caso, la experiencia que viví fue un poco extrema. Siempre me cuidé mucho, por mi familia, pero con la sensación de que si me llegaba a agarrar el virus, no me iba a pasar nada. La cosa es que me contagié en febrero de este año y me pegó muy mal. No me lo esperaba porque no soy grupo de riesgo. Estuve nueve días con 38 de fiebre que no bajaba y los hospitales tampoco querían internar porque había superpoblación de camas ocupadas en terapia. Cuando conseguí hacerme una radiografía me dijeron que tenía neumonía bilateral y tuve que quedarme internado. El problema era que la fiebre no cedía y yo me sentía cada vez peor hasta que al tercer día me pusieron oxígeno. Me dolía el cuerpo y las costillas, no podía tomar aire, estaba todo flaco, chupado, sin fuerzas. Tuve suerte de salir y creo que, como diría Castaneda, fue un movimiento en mi punto de encaje que movió mi percepción sobre el mundo y tus prioridades.

¿Pensaste en la muerte?

No me llegué a asustar pensando «me voy a morir», pero sí reflexioné sobre lo breve de todo y que no hay tiempo que perder. Dije, «bueno, ahora salgo de acá, tengo estas canciones y las voy a grabar». Los proyectos me dieron fuerza para pensar en grabar los temas que tenía. El título del disco me bajó estando internado. Pensé en lo importante que es seguir brillando, aunque sea en azul, pero en esta penumbra tenía que aparecer la luz. Si entramos en un debate más conspiranoico, de alguna manera vivimos una Tercera Guerra Mundial, una guerra bacteriológica en la que los protagonistas no estaban claros.

¿Estás a favor de la vacunación?

Respeto al que piensa que no, pero de ahí a pensar que me van a poner un chip para controlar mis acciones… no llego a pensar eso. Sí creo que no es una vacuna que no tuvo el tiempo suficiente como para estar aprobada, sino que fue sacada de emergencia pero creo en la medicina occidental y tomo Ibuprofeno cuando tengo fiebre. Entiendo que el que vive en la montaña y no toma ningún medicamento ni come alimentos envasados no se quiera vacunar. Tampoco creo estar lo suficientemente capacitado como para discutir las vacunas, tendría que estudiar más del tema.

Brillando Azul, se aleja del sonido que venían manteniendo con El Bordo…

Sí, eso fue un movimiento deliberado de mi parte. La primera canción que me salió fue «El Comienzo», con un tono íntimo electrónico. Apenas la empecé a imaginar la sentí distinta y sin competir con lo que hago con la banda porque son dos propuestas diferentes. Entonces fui vistiendo los temas de una manera diferencial con algunos extremos como la última canción del disco, «Mar de Sonrisas», que salió solamente con guitarras, un cuarteto de cuerdas clásico y mi voz. Estos formatos se hacen más difíciles de llevar adelante en una banda de rock.

Es un disco que saca una parte tuya desconocida…

El disco me dio la posibilidad de llevar las canciones a otros lados. Por ejemplo, en «La mandolina» que tiene cosas más folk o temas que son más pop con agregados electrónicos, más alternativos. La verdad que estoy muy contento con los colores que tiene el álbum. Volviendo con Cerati, creo que seguí esa frase de él, cuando dice que el riesgo es el camino más intenso. Me gustó la idea de arriesgar y no pisar sobre seguro. Al mismo tiempo creo que tiene sentido que mi primer disco solista sea distinto a lo que hago con la banda, porque sino ¿para qué lo saqué? Siento que el resultado fue un disco muy íntimo, con interpretaciones de la voz muy al frente y una calidad de audio impresionante.

Ale hace una pausa, mira por uno de los ventanales que dan hacia el sur de Caballito mientras la tarde va agotando sus colores en un sol ya imperceptible. De repente se para y vuelve con una libreta de tapas de cuero marrón, como si se tratara de algún libro mágico de esos que guardaban los sabios de la Edad Media. “Mirá acá adentro anoto los sueños y las letras que se me van ocurriendo”, dice mientras pasa las hojas del cuaderno que lleva como título “La Pluma Vagabunda”; muchas anotaciones en birome bic azul, con pocas tachaduras, y caligrafía prolija en mayúsculas. “La verdad, no tengo idea de dónde sale todo esto; a veces pienso que soy una especie de muñeco al que le dictan todo lo que va saliendo mientras escribo”, reflexiona y el aire se contagia de esos versos de El Bordo: Dormido estás, viajando por tus sueños / y el sol que está buscando abrir tus ojos/ para que al despertar veas un mundo distinto/ que en vos tal vez cambió…

Hablando de la vida y la muerte, el rock parece siempre estar al límite de todo esto.

Es como una cuestión épica de tragedia griega. Se pone muy en juego el tema del amor, el romanticismo, la vida y la muerte. También la traición. El rock es un género muy pasional. A esta altura ya no hablamos del rock como un género musical, porque sería muy amplio todo lo que incluye dentro, pero sí que la cultura rock tiene que ver con la pasión, el sentimiento. No sé cuántos géneros musicales provocan que haya un chico o chica que se tomen un micro para ir a ver una banda desde Mendoza a Buenos Aires. No creo que esa movida exista en otros géneros que no sea el rock. Esa pasión despierta muchas variables y límites entre la vida y la muerte. Puedo nombrarte como ejemplos a los héroes del rock: Cobain, Janis Joplin, Hendrix y todo el Club de los 27 que yo por suerte ya pasé hace rato, porque tengo 38 (risas). A mí me encanta la vida, pero la muerte es una consejera, la que nos pone en vereda y nos muestra el riesgo. Vivir con la conciencia de la muerte es lo que te hace valorar el día a día y lo que tenés.

Hablando de estrellas de rock… ¿Cómo te llevás con la fama?

De entrada tenés que hacerle caso a los que te conocen de antes. Mi sensor siempre son mis papás. Si ellos dicen que hay algo que estoy haciendo que no les parece, es a los primeros a los que voy a escuchar. También a mi pareja y amigos que me conocen desde siempre. Esos son los que no quieren nada de vos, solamente te quieren y los más importantes. La vida es como un viaje en tren; a veces compartís el vagón con alguna gente y después te toca estar con otros, en otro trayecto. Por otra parte, no soy de esos que les gusta dar portazos porque el mundo es chico y a la gente te la volvés a cruzar. Si tengo que cerrar un vínculo, trato de que sea con armonía.

O sea, que no te presenta muchos inconvenientes…

Pasa que yo voy viviendo lo mío y creo que lo que me pasa es porque me tiene que pasar. Es lo normal, pero a veces pienso que tenía 23 años y estaba tocando en Obras para 4 mil personas. En ese momento no pensaba mucho en eso y ahora soy más consciente de que era un chico que estaba manejando un nivel de energía enorme. Me sorprenden esas cosas, pero también pasaron más de veinte años y creo que lo único que mantuve constante en todo ese tiempo fue a la banda. Cambié de gustos, formas de pensar, influencias, mil cosas; por eso tener un proyecto que dure tanto, con perspectiva a futuro, lo considero super valioso.

Grandes historias pasaron por ese tren de la vida que nombra Ale Kurz, llamado El Bordo. Desde sus inicios a fines de los neoliberales años noventas, como un grupo de amigos del colegio que debutaban en el bar La Colorada de Caballito, a un camino que los disparó a ser una de las bandas de rock barrial más convocantes de todo el país. De la explosión del Carnaval de las Heridas (2002), hasta Instante Eterno (2018) el acústico en vivo y publicado por Sony Music, la banda experimentó un crecimiento sostenido en seguidores y solidez musical.

¿Se llevan bien entre ustedes?

Claro, por supuesto. Hay un vínculo sano, lo que no quiere decir que existan conflictos porque son inherentes a la vida humana. Nos queremos mucho y queremos lo mejor para el otro. Eso es lo que hace que el proyecto dure tanto. Esto que estoy haciendo ahora es un poco una inquietud artística que quiero que conviva con el grupo. Estoy muy contento porque ahora tengo a mi banda de rock y por otro lado mi proyecto más íntimo, al que voy a llevar a salas de teatro y lugares más chicos. Ambas cosas me dan una visual artística que me resulta muy atractiva.

«La Pluma Vagabunda» sigue apoyada sobre la mesa, con sus tapas de cuero marrón cerradas y una pequeña piedra de color rosa que lo adorna en la parte de arriba. Adentro están los gritos y sueños de Kurz, esas contradicciones abstractas que según los psicoanalistas vienen del inconsciente de las personas, pero los artistas saben que no puede ser solo eso, que hay mucho más, por eso siguen escribiendo.

¿Qué sentís cuando escribís las letras?

Mis letras son genuinas, nada de lo que escribo es impostado. Vos me decías hace un rato que soy prolijo y creo que la elegancia es un valor muy importante, también en las palabras y el modo de decir las cosas artísticamente. Eso lo veo como un todo que quizás tenga que ver con el momento que estoy viviendo ahora, a esta edad. Por ahí, de chico era solamente la pasión y buscar el desenfreno y el éxtasis que genera la música y cualquier tipo de expresión artística. El rock te vende una desprolijidad que no es real. Hendrix a la noche se clavaba un ácido, tocaba y se prendía fuego con la guitarra, pero si lo agarrabas a la mañana, el tipo sabía muchísimo de música, instrumentos y obviamente que también sabía de guitarras. La comercialización mainstream que se hizo del rock estuvo relacionada con el descontrol, el reviente, el exceso. No creo que puedas durar demasiado de esa manera, y mi objetivo es durar con pasión, transmitiendo algo que sea genuino.

¿Notaste alguna influencia particular en «Brillando azul»?

Siempre que lo escuché me pareció que era música nueva. También encuentro influencias, por ejemplo cuando uso la mandolina, hay algo de Chris Cornell en su etapa solista, también de Johnny Mitchell y Led Zeppelin. En otros momentos el disco suena más beatle, más britpop onda Stereophonics o The Verve. Incluso alguna cosa más pop como The Killers o Kings of Leon. Son bandas que me gustan mucho, que se alejan del sonido de El Bordo como INXS. Michael Hutchence me parece uno de los mejores cantantes de la historia. Escuché cosas muy variadas que participaron indirectamente como influencias en el disco y me gustó mucho el resultado final.
Brillando azul, se compone de ocho temas con todas estas influencias que comenta Kurz y más. El álbum consuma una vida propia con fuerza y sutileza en un espectro rockero que conmueve por lo poético de sus capturas musicales pero también por sus letras que rozan la experiencia personal reciente del artista: El miedo de vivir nos va a enfermar, nos va a partir, nos va a cobrar nuestro festín, dice el “Penumbra”, el tercer tema del disco. Se hace de noche y el vendaval persiste. Los ventanales siguen abiertos en el departamento de Ale y ese viento que todo empuja continúa llevándose lo malo para que quede lo bueno. Esas ráfagas que bien podrían ser el amor por la vida del que se sirve Kurz todo el tiempo, escribiendo en ese libro mágico que contiene todos sus sueños.

Kurz presentará «Brillando azul» el domingo 5 de diciembre a las 21 hs. en el Centro Cultural Konex, Sarmiento 3131, CABA. Entradas a la venta en este link.

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