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Entrevistas

Lucy Patané: la arquitecta en su laberinto

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Lucy Patané es, sin lugar a dudas, un nombre de referencia dentro de la escena local del nuevo milenio. Pieza clave de innumerables proyectos, la joven veterana del under acaba de lanzar su primer disco. Con el LP todavía caliente y previo a los conciertos de presentación, Corriendo la voz entrevistó a la artista de múltiples rostros.

Lucy brilla. Irradia luz en uno de esos mediodías en los que la primavera se cuela entra las montañas de hojas secas del otoño. Desayunamos en un café típico en pleno Almagro y charlamos largamente sobre el disco, sobre las génesis de las canciones, los procesos creativos y la actualidad de la escena. Lucy encuentra con claridad el hilo que conecta mucho de su impronta como artista y los días de su infancia en Bernal, una casa llena de instrumentos, donde sonaba Paquito D’Rivera tanto como la Mahavishnu Orchestra o heavy metal. Lucy recuerda las Pascuas en que despertaba y encontraba pequeños papeles con pistas para llegar al objetivo final: cada pista conducía a otra, a otra y a otra, hasta dar con el preciado huevo de chocolate. Esos laberintos, repletos de enigmas, son los que replicó la Lucy Patané adulta, ya a un par de bondis de la zona sur, para desembocar en Lucy Patané, el disco. Las pistas no fueron papeles sino sonidos, tomas, retomas, errores, pruebas, explosiones mentales, hartazgos, miedos, angustias. El huevo de chocolate: 12 tracks para darse un atracón. “Estoy muy fan de mi disco. Nunca me pasó eso. Los discos que hice de mis bandas, los amo y los amé, pero siempre después de terminarlos no los quiero escuchar por mucho tiempo. Pero este nunca dejé de escucharlo. Me gusta. ¡Me encanta!”. Lucy está felíz: ha sido parte de decenas de proyectos que incluyen La Cosa Mostra y Las Taradas, es parte de los proyectos de Paula Maffía y Diego Frenkel, pero su primer disco solista, esa tardía expedición hacia el fuego interno, parece ser lo que andaba buscando.

PH: Carla Perrone (@floresparaelrio)

Hace años que tocás, tuviste muchos proyectos y colaboraciones, sin embargo, recién ahora sale tu primer disco en formato solista. ¿Cuál fue el clic para que salga este disco ahora?

LUCY PATANÉ: Había empezado a sentir un poquito de insatisfacción en todos los proyectos en los que estaba. Todos eran buenísimos, pero sentía que en ninguno estaba terminando de poner toda la data. Siempre había algo que me quedaba prendido fuego adentro, como que no correspondía en ningún proyecto. Y eso me empezó a generar insatisfacción, estaba bastante molesta con todo.  Empecé a sentir que quizá era el momento de plasmar todo eso en un disco. Un poco el clic fue eso. Mene [Savasta], que es mi amiga hace muchísimos años, fue quien de alguna manera, todas esas ideas y deseos un poco abstractos, los ordenó y le dio la forma de que eso podía suceder, que podía ser un disco, que no estaba tan lejos de hacerlo. Después me tomó dos años grabarlo y que quede en realidad como yo quería, que ahora que lo pienso fue un proyecto tan increíble que es cómo: “¿cómo no lo hice antes?”. Ahora lo quiero hacer un montón de veces más.

¿Esa insatisfacción que mencionas es la que te llevó a hacer el disco prácticamente sola?

LP: A mí me gusta, antes de hacer cosas, ponerle títulos. “Voy a hacer un disco en el que voy a grabar todo y voy a hacer todo sola”, como algo heroico. Y lo cierto es que empecé haciéndolo completamente sola en el estudio: la parte técnica, tocar… y no me fluía en absoluto. Prince lo hizo, yo me sentía sola en mi estudio de Boedo, empecé a sentir que no la estaba pasando bien. Ahí empecé a llamar a Tomás Campeone, que es asistente en el estudio y me empezó a funcionar mucho, porque yo podía hacer todo lo que quería: tocar, buscar un audio, pero siempre con un par ahí que me timoneaba un poco el barco. Pero sí, fue una decisión querer grabar lo máximo que pudiera, porque también es lo que sé hacer. Porque si no es traducírselo a otra persona. Lo intenté en su momento, y fue como “no, esto ya lo hago en otros proyectos”. Acá quiero poner todo lo que sé hacer, lo que soy.

PH: Carla Perrone (@foresparaelrio)

Prolijo pero power

“En su noche toda mañana estriba: de todo laberinto se sale por arriba”, escribe Marechal, entre versos dedicados a María Zoraida Barreiro, su esposa. Lucy va a contrapelo: sus laberintos son cubiertos, sólo queda encarar y buscar, girar a un lado y al otro, y tachar, romper y pegar. No bastaba con que las canciones queden bien, Lucy necesitaba que la incomoden. Hay un track que se llama La Osa en la Laguna, que casi lo dejo afuera: es una melodía que es linda, pero no me pasaba nada, era un track lindo de folk. Hasta que en un momento agarré unas voces de unos demos que tenía y las puse, y en un momento dije ‘esto necesita una batería’: puse un solo micrófono en el estudio y todo eso que se escucha es una toma, una freakeada. Y dije ahí está, ahora me incomoda, ahora me gusta», señala Patané.. En esa tarea de descifrar enigmas para llegar a la meta Lucy admite que necesitó “otros colores”. Ahí aparecieron los aportes de Juan Ignacio Serrano (a.k.a. Juanito el Cantor) en el estudio y en ese arcoíris también se puede escuchar a Melina Xilas, Mene Savasta y Carola Zelazchi (que conforman su banda); y a Pedro Bulgakov, Rosario Baeza, Juan López Peña y Sofía Naara Malagrino. El responsable de ecualizarla paleta de colores –y de Lucys– en la mezcla fue Brian Iele, que tuvo que interpretar el laberinto Patané para alinear “dos mundos muy diferentes”. El veredicto: “Suena como me parece que tiene que sonar: prolijo pero power”.

El disco viene después de muchos años, pero vos también tenías grabaciones previas: composiciones para películas, el disco con Marina Fages, que fueron proyectos más personales. ¿En qué se diferencian de estas canciones que grabaste para el disco?

LP: En este no tuve que componer con nadie, no tuve que pensar “esta composición sirve para”. Fue como… tengo la cancha libre para poner todas estas ideas que fueron armando maquetas y maquetas en la compu, y es puramente Lucy dialogando con Lucy. Yo creo que en eso se diferencia. No es que las otras composiciones están condicionadas. El disco con Marina fueron composiciones que fueron hechas en el momento mientras armábamos el disco, mucho se compuso desde la atmósfera que armábamos entre las dos. Acá, libertad total, el estudio disponible con todos los instrumentos disponibles, los arreglos que a mí se me daba la gana hacer. Solamente me tenía que buscar a mí, esa es la diferencia. No fue igual tan fácil el proceso, o sea, yo estoy re copada con el disco, lo amo, pero sufrí también, un montón, me pareció que no iba a terminar más, que no iba a encontrar estos detalles que a mí me hacían cerrar los temas, al principio sufrí un montón estando sola en el estudio, con frío (risas). Fue un proceso difícil, pero muy libre.

PH: Carla Perrone (@foresparaelrio)

Las canciones del disco, ¿qué cuentan, de dónde surgen?

LP: Para mí las canciones nacen en el momento en el que sucede la situación de lo que va a hablar la canción luego, es un mensaje medio oculto que queda encriptado en esa situación, que uno recuerda. Después uno compone, y con la producción traduce de alguna manera todo eso. Yo lo vivo así el proceso creativo. Hay algo que para mí fue muy clave, y es que a mi papá le gusta mucho el cine y me hacía ver muchas pelis. “Bueno hoy vamos a investigar a este director”: tres semanas de ver esas pelis. “Hoy vamos a ver cine ruso…”. Las películas son muy importantes a la hora de entender que las imágenes de situaciones me pueden generar melodías. Las mayorías de las canciones parten un poco de eso. Y muchas otras del humor. En Toneles, aunque no lo crean, que es una canción que parece muy dramática, fue un chiste que yo le hice a una persona que estaba llorando todo el tiempo, no paraba de llorar. El humor como manera de manifestarse en la música para mí es fundamental. La verdad que no sabía que podía hacer canciones. Siempre me parecía que podía hacer canciones de chiste, graciosas o instrumentales, que ese era mi palo. Y también, bueno, me empezaron a pasar cosas en la vida, relaciones, muchas son letras de amor, de amantes, de desamor, de corazón roto. Son canciones un poco también privilegiadas: reconocer eso también me fue difícil, entender que hay personas que también manifiestan desde el arte problemáticas que las atraviesan que son muy pesadas.

¿Cómo convivieron la Lucy música, la productora, la técnica?

LP: Creo que la Lucy música y la productora se fueron poniendo límites a cada situación. Fue fácil por muchos momentos porque por supuesto es el mismo lenguaje que manejo, soy la misma persona. Y por momentos también fue bastante difícil porque una vez que yo doy todo en una toma, después de alguna manera es poner la oreja para entender si técnicamente ese audio está bien, si es el audio que quiero, si se arma la atmósfera – ahí Lucy productora-. Y la Lucy música, muy relajada, “déjalo así, está todo bien”. Como que se fueron empujando a los límites. No fue fácil porque fueron muchas cosas a atender: ejecutar una buena toma, que quede un buen audio, que quede espontáneo, busqué mucho eso. Hay cosas de primera toma, no quería pinchar, editar. La intro de Aterrizaje que es con la de 12 cuerdas, eso es una toma entera, por ejemplo. Necesitó 80 tomas para que quede esa, que a mí me parece increíble, la escucho y no puedo creer que hice una toma así. Entonces ahí están todos los roles: la Lucy música que da todo para ejecutar un instrumento y romper, y Lucy productora del otro lado que dice “ya diste 50 tomas, hoy no va a salir, ya está”. Fue difícil la convivencia entre las Lucys pero todas sabían los límites y todas sabían dónde empujar a la otra. Un buen equipo (risas).

PH: Carla Perrone (@foresparaelrio)

Una, dos, cien Lucy Patanés

Distintas facetas se esconden detrás de su versión más conocida: la guitarrista de rock, virtuosa, velocista, rockera. “Yo digo que hago rock cuando el señor del Uber me pregunta qué hago, como para simplificar, digamos”. Su componente de rock –ese significante vacío que fue llenado hasta por la Iglesia evangélica- lo define más desde una manera de expresar el arte que uno lleva adentro, que desde una suma de guitarras y distorsiones. “Por debajo de lo que hoy se supone que es rock, ahí hay rock realmente, hay un montón de monstruos que estamos rockeando hace tiempo”. Aunque podríamos definirla, sin arriesgar demasiado, como la mejor guitarrista de la escena nacional, su temprano ingreso a la música estuvo marcado más por el bajo y la batería. “Nunca le di mucha bola a la guitarra”, admite. Su primer banda fue Sangre Azul, su banda del colegio que mantuvo desde los 9 hasta los 13 años. Lucy era bajista. Antes, a los… ¡5 años! ya había comenzado a aprender batería, su instrumento favorito. “La batería es un instrumento que por lo menos en mi cabeza funciona primero”: de ahí parten muchas de sus canciones. Lucy describe su proceso de producción con precisión táctica: “las guitarras son, que guía, y el bajo y las batas son como los soldados que empujan, pero van adelante. Las guitarras la parte inteligente son las que conducen ahí un poco para dónde ir. Y la voz está solamente sintiendo y expresando”.

Aunque su disco circule por la plataforma, reconoce a Spotify como “el mayor enemigo de todos”. El consumo líquido que propone genera para ella un hábito perjudicial. “Me parece que desarma y desarticula, genera un desmembramiento en los discos que para mí es terrorífico. Muerte a Spotify», dice y nos sumamos al coro.

PH: Carla Perrone (@foresparaelrio)

Son meses de una producción muy rica de discos: salieron discos nuevos de Paula Maffía, Marina Fages, Rosario Bléfari, Marilina Bertoldi, entre otros, y en los que se debate por el proyecto de Ley de Cupo, para enmarcarlo en una escena independiente liderada por mujeres. ¿Cómo ves el momento actual de la escena en este momento?

LP: Bueno, todas las pibas que acabas de nombrar venimos hace tiempo. Está bien que este es mi primer disco, pero venimos hace 15 años más o menos en esta escena. Ahora tiene un poco más de visibilidad, pero porque también eso lo estamos haciendo nosotras, ninguna se baja del barco, todas seguimos sacando discos, tocando y por supuesto que ahora el foco se abrió más, y me parece que está sucediendo un poco que las mujeres tenemos un montón de cosas para decir, artísticamente también, desde ese lugar. Creo que se le está dando un montón de espacio, es una voz muy fuerte. La ley de cupo por supuesto es un parche, no debería ni de existir, es ridículo. ¿Nos interesa ocupar el espacio que se podría generar con ese 30% en el Cosquín? ¿O armamos nuevos espacios? A mí me excita más y me parece mucho más romántica la idea de empezar a crear nuevos espacios, y hay mucha gente que también consume ese arte que se podría armar esta nueva movida que de hecho ya se está armando. Por supuesto no tienen la masividad de estos mega monstruos, que siempre fueron así. Pero sí me parece muy importante generar una nueva vía. Yo siempre digo que mis referentes son mis colegas, en realidad, y la mayoría son mujeres. Paula es mi compañera de proyectos hace más de 14 años. Las She Devils son mis referentes número uno, las vi cuando tenía 14 años y casi me muero. Marina también es mi colega con quien hicimos El Tronador, el disco juntas, hicimos [la disquería] Mercurio, giramos por Europa dos veces. Me parece una escena recontra power la que se está armando, y sí, está liderada por mujeres, para mí.

Contanos un poco de La Banda de Lucy Patané

LP: Empecé a darme cuenta que tenía que salir a tocar, empezar un poco a fogonear los temas que se estaban armando ahí en mi estudio, con personas. Primero había pensado en un par de músicos con los que yo suelo siempre tocar, por una cuestión de entendimiento rápido a la hora de tocar, pero de repente vi a Carola Zelaschi que estaba grabando su disco en el estudio de Pedro Bulgakov y me llamó mucho la atención, y la empecé a investigar. No la escuché tocar la batería en verdad, escuché esas magias que tenía colgadas en YouTube. Yo dije: “esta piba quiero que toque algo conmigo”. Sabía que tocaba la batería. Con Melina Xilas ya me había juntado, salí un par de veces en dúo a tocar con ella en saxo. Es una persona que conozco hace 10 años, tenía ganas de hacer algo diferente, se había comprado justo un pedal para procesar el saxo. La figura del bajista me parecía la más difícil. Todo esto que te estoy diciendo siempre lo hablo con Mene, que es como mi gurú, y le dije: “boluda, los bajos que hacés en tus temas están buenísimos, ¿no querés ser mi bajista?”. Y para Mene fue un desafío gigante, nunca ofició como instrumentista, nos encanta decir que es el bajista, porque toca las líneas del bajo, aunque en verdad está tocando el sinte. Y lo más hermoso de todo que, para mí ahí cierra todo, es que ninguna de las tres se conocía entre sí, y se aman. Ahora Mene va a abrir una presentación del disco de Carola, Meli grabó en el disco de Carola, se hicieron muy amigas, y hay un espíritu que es inquebrantable entre ellas y conmigo, entonces, no tengo dudas que esa banda es La banda de Lucy Patané. Son las tres rockeras de la vida, y son unas músicas del re carajo, y están muy dispuestas también a interpretar toda esta cosa tan personal que yo hice en el estudio, y aportan también su color.

PH: Carla Perrone (@foresparaelrio)

¿Qué sigue para Lucy Patané? Girar con el disco por todos los lugares posibles. ¿Ya piensa en un segundo disco? “Supongo que en algún momento empezaré a sentar a ver qué hago… mentira, porque nunca planifico, es más como una necesidad de hacer, de incomodidad”. Habitar la incomodidad como única fuga posible, podría ser casi una máxima, una escapatoria a los espirales del aburrimiento, tanto en el arte como en la vida cotidiana. Podemos apostar que el equipo de Lucys, arquitectas de laberintos, seguirán levantando paredes y recorriendo caminos en busca de esa incomodidad fundante.

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Javier Montalto: «Aprendí cómo se maneja la música independiente como industria»

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El cantante y compositor mendocino presenta su nuevo disco introspectivo “10 minutos frente al espejo”, que cuenta con la participación de Hilda Lizarazu y Lula Bertoldi.

Muchas veces termino describiendo sensaciones, sentimientos, lo que uno lleva dentro –explica Javier Montalto sobre su nuevo material-. De hecho, ‘10 minutos frente al espejo’ hace alusión a un método que usaban algunos pintores hace cientos de años, que consistía en mirarse fijamente frente al espejo por más de diez minutos, para comenzar a ver a sus propios fantasmas, sus otras realidades. Parece que el cerebro comienza a generar cosas por aburrirse de ver siempre lo mismo, y comenzás a distorsionar las cosas que ves. De pronto vos no sos vos, el del espejo es otro o ves otras cosas en la misma habitación, gente ahí con vos, cosas que se mueven. En fin, otras muchas realidades que componen a una sola persona”. 

¿En qué se diferencia “10 minutos frente al espejo” con “El hombre elefante” (2017)?

Principalmente, en la madurez como productor. Artísticamente sigue el camino lógico de composición que, incluso, es guiado por mi yo productor. “10 minutos” tiene un tema que se llama “El fuego”. Lo compuse una semana antes de enviar el disco a mezclar, y fue una idea de producción decir a este álbum le falta una canción que enlace con el disco anterior, y ahora me parece una de las mejores canciones del álbum compositivamente, simple y directa. Desde la producción hubo que hacer poco porque ya estaba casi todo planteado.

¿Qué cosas pasaron en vos en estos cinco años entre cada disco?

Muchas cosas. Cinco años es mucho tiempo. Conocí gente increíble, gente que escuchaba cuando era adolescente. Me tocó trabajar con gente de la que soy fan. Conocí ciudades y provincias que no conocía, estudios de grabación. Aprendí cómo se maneja la música independiente como industria. Fueron años lindos y un par de años pandémicos muy extraños de los cuales también tengo más buenos recuerdos que feos, por suerte.

En una entrevista que te hice en 2020 por el lanzamiento de “Sobrenatural” decías que el disco iba a salir en septiembre u octubre de ese año, ¿qué fue lo que lo retrasó tanto? ¿Culpa de la pandemia o fueron otros factores? 

Salió la oportunidad de que Hilda Lizarazu participe en otra de las canciones del disco, y quise darle la importancia que merecía la publicación de esa canción. Por eso las dos canciones que cuentan con featuring salieron como singles cada una en su tiempo. Luego, me tomé el tiempo para componer nuevas canciones y sacar otras que estaban en la vieja lista. Recompuse muchas cosas en el aislamiento de la pandemia y terminó saliendo en abril de 2022 (Risas).

¿Qué planes vienen por delante ahora con el disco ya lanzado?

Además de tocar el álbum en vivo, es difundirlo lo más que pueda, y confiar en las canciones del mismo. Llega un punto que el disco sale y se mueve por lugares insospechados, y eso es hermoso porque por más que planees, el rumbo se termina marcando día a día. Por lo menos así me pasa a mí, sobre todo viviendo acá en Buenos Aires.

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Trueno: «Soy un vocero de la nueva generación»

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Foto: Sebastián Arpesella

Con el flamante estreno de su segundo disco, «Bien o mal», el rapero argentino Trueno transita la dualidad entre esos estados que marcan el pulso de su nueva obra y eleva la voz y el tono como “vocero de una nueva generación” que se «organiza y lucha». La entrevista de Javier Berro, para la Agencia Télam.

Con el flamante estreno de su segundo disco, «Bien o mal», el rapero argentino Trueno transita la dualidad entre esos estados que marcan el pulso de su nueva obra y eleva la voz y el tono como “vocero de una nueva generación” que se «organiza y lucha» .

Con los pies plantados en el barrio de La Boca pero con los ojos mirando el paisaje latinoamericano, Mateo Palacios Corazzina, este rapero de 20 años que saltó de las competencias de Freestyle en las plazas porteñas a los escenarios y las grabaciones desde su primer disco llamado “Atrevido”, continúa con el legado cultural de un barrio “dulce pero asesino, de artistas y malandrinos” donde “nació un Trueno, entre flores y lluvias de veneno” como declama su padre Pedro Peligro en “Hoop Hoop”, la canción que inaugura el repertorio.

En una charla con Télam, el protagonista habló sobre esta nueva etapa musical que abre “Bien o mal», donde hay algunas colaboraciones ya conocidas por el público como las de Duki (“Panamá»), Bizarrap & Randy (“Jungle”) y otras inéditas hasta hoy como las que concretó con Nathy Peluso en “Argentyina”, con Victor Heredia en “Tierra Zanta”, y dos más que serán reveladas en los próximos meses con colaboradores que confirmarán “el paso de la música argentina en el mundo”.

Trueno
Trueno. Foto: Sebastián Arpesella

“El anterior tenía un sonido súper digital y sucio, un sonido de barrio, con un micrófono trucho. Yo creo que fue la consolidación de mi identidad. En las batallas ya sabían que yo era el hijo de Pedro, que estaba en La Boca y que me había criado con Comuna 4. Si querés saber quién soy alcanza con escuchar ‘Atrevido’ porque están ahí las respuestas sobre quién soy, qué pienso, de dónde vengo y cómo me crié”, sostuvo.

Para Trueno, este nuevo disco representa “el paso siguiente” después de un tiempo donde todavía alternaba entre las batallas y los escenarios: “Ya no soy el freestyler, el que batallaba, el competidor. Soy un músico argentino y un vocero de la nueva generación”, añadió el ex campeón nacional de Red Bull Batalla y FMS Argentina, hoy consolidado como una artista del hip-hop local capaz de mezclarse también con otros géneros urbanos como el trap o el reggaetón, aunque sin perder la lealtad por una cultura que prometió enarbolar hasta el último día.

“La dualidad del disco surgió cuando llegamos a la mitad de la grabación, porque había salido así el mensaje, con temas que van tanto para uno como para el otro concepto. Empieza del lado del mal, con la necesidad de gritar, hacer ruido y tratar de generar un cambio mediante la lucha y junto con toda la gente que tenemos atrás que es la juventud de nuestro país. Y con ellos también llegamos hasta la celebración. Se trata de protestar y luchar, y después festejar que lo logramos”, agregó.

-¿Qué paradigmas estás buscando romper ahora con esta nueva obra, que trae canciones como “Fuck el policía» que traen un guiño al clásico de N.W.A.?

-La música es nuestro medio de expresión, nuestro medio de protesta y a la vez de diversión. Es nuestro medio de comunicación en esta sociedad para decir lo que queremos y de la manera que queremos. Y así lo vamos a seguir haciendo, le guste a quien le guste, porque hay muchas realidades e injusticias por las que sufrimos, lloramos, festejamos, gritamos y saltamos.

-¿Cuándo empezaste a sentir que ocupabas el rol de “vocero” dentro de tu barrio?

-Me di cuenta del peso que tiene el mensaje que estamos dando, lo que estamos diciendo y todo lo que conlleva nuestro arte después de sacar el primer disco “Atrevido”, y después de que La Boca nos haga reverencia, nos diga gracias por esto, gracias por lo otro, por nombrar a los pibes y por el tema “Azul y Oro”. Fue ahí que nos empezamos a dar cuenta que lo que a mí me pasaba también le estaba pasando a un montón de otras personas, y que mi música también podía ser un medio para que aquellos que sienten y viven lo mismo puedan expresarse. Y no solo las del barrio de La Boca, que es desde donde hablo, donde me críe y nutrí, el barrio donde nací. El mundo está lleno de barrios con gente que se identifica a su manera con lo que contamos. Este nuevo disco toma esa noción del mensaje que estamos dando, ya no solamente sobre el barrio de La Boca sino desde Argentina hacia Latinoamérica y el resto del mundo, sin fronteras, ni comunas, ni nada. Porque primero somos latinoamericanos y después somos de esta parte del sur de Latinoamérica que es Argentina.

-Las canciones de “Bien o mal” tienen mucha potencia y crudeza. ¿Era importante para vos dejar un registro de esta voz generacional para la posteridad?

-Exactamente. Y decir «si yo pienso esto, ¿por qué no lo voy a decir?». Voy a tener gente conmigo, gente que no esté conmigo, voy a tener problemas y consecuencias, ¿pero si no a qué vinimos? ¿A cumplir las reglas como quieren que hagamos? No, nosotros somos las reglas, nosotros decidimos qué decir, cuándo decirlo y por qué decirlo.

Trueno
Trueno. Foto: Sebastián Arpesella

¿Esperás algún ataque por reivindicar la figura de Santiago Maldonado, las consignas de Memoria, Verdad y Justicia y condenar la represión policial?

-Son mis enemigos favoritos, porque es justamente la gente que no quiero que sean mis amigos. Así que estamos contentos. Y es buenísimo que haya un tema como “Tierra Zanta» que habla de la dictadura que no vamos a permitir que pase nunca más. Por más que la policía nos quiera agarrar, desaparecer o secuestrar que hagan lo que quieran, la música habla por nosotros. Además, canta Víctor Heredia, que es una persona que sufrió la dictadura a flor de piel. Es un verdadero vocero de una generación que sufrió mucho más que la mía. Gracias a personas como él, a Mercedes Sosa, al rock y el folclore argentino, hoy sentimos una seguridad para decir lo que queremos. Si ellos se hubieran callado, habría ganado lo gubernamental y lo militar con el silencio y el poder. Pero hoy el poder lo tenemos nosotros en la música, que es una vibración del mundo, que sin ella sería una depresión. La gente habla, protesta, escupe y gana mediante la música. Y no nos pueden hacer nada, porque libertad de expresión va a haber siempre.

-Entre las colaboraciones que se revelan con la salida del álbum está la que hiciste con Nathy Peluso (“Argentina”) con dos perspectivas muy distintas sobre la identidad argentina.

-Creo que fue la única canción que hice a la distancia. La hicimos con Fede Vindver, un productor argentino que vive en Estados Unidos, un ‘king’ de la producción musical que trabajó con Kanye West y Dr. Dre. La hicimos para conectar con lo anglo y con los argentinos que están afuera. Siento que Nathy le dio otro color a la canción en base a lo que le pasaba a ella con el país por haber tenido que emigrar durante la crisis del 2001. Le dije que era su espacio y que hiciera lo que quisiera. Escribió sus partes y me mandó un montón de cosas. Le aportó dulzura y nostalgia, porque vive en España y viene cada tanto, mientras que yo apelé a mi lado más contestatario por vivir acá, poniéndole el pecho y caminando la calle todos los días.

-Es un disco donde tu familia estuvo muy presente y es justamente tu papá Pedro Peligro quien abre el álbum como la voz invitada de “Hoop Hoop”, donde te llena de elogios.

-También está mi madre que aportó algunos coros como en “Tierra Zanta» y que fue súper importante, al igual que mi tía que toca el bajo. Todavía me quedan más familiares para meter en los próximos discos, pero en este disco tenía que estar Pedro, que es parte de todos mis shows al igual que yo lo era en los suyos. Le dije que hiciera una letra para el disco y agarró esta que grabé en la cuarentena con un estudio que armamos con lo que pudimos. Él es mi «coach», fue mi entrenador durante toda la vida, me enseñó muchas de las cosas que yo sé. Antes tocábamos juntos para 15 personas y ahora tocamos para 50.000, y seguimos estando juntos en el escenario. El mensaje que yo llevo tiene mucha influencia de Comuna 4, que cantaba contra Mauricio Macri en el 2006 cuando era el presidente de Boca Juniors. Era un mensaje muy consciente, que salía de la protesta, pero sin mandar a la mierda a nadie. Solamente estábamos hablando de lo que nos pasaba.

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Johnny P: «Deconstruimos los temas para que se correspondan con esa experiencia de contacto cercano»

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El proyecto llega a La Trastienda este sábado 14 para ponerle música, color y sorpresas a la noche porteña.

JOHNNY P debuta en 2013 como una banda de covers con un repertorio de versiones diversas y más cortas que sus originales. A finales del 2014 Ale Estayno conoce a los integrantes de la banda Turf, Fernando Caloia y Nicolás Ottavianelli, con quienes experimenta una sinergia instantánea y produce artísticamente los temas y canciones propias de la banda. 

En 2015 comienzan las grabaciones de los EP «Cool» y «Dior». No obstante, aparece una interferencia vintage que choca con la modernidad pretendida y no resultan editados.  

Durante el 2018 publican el álbum «Balazo de rouge», destacado por fusionar el pop latino con la música disco, el funky, rock y el dance. A su vez, dan rienda suelta a la producción de «No te vayas a dormir»: una obra de tintes electropop, melodías bailables y pegadizas que son masterizadas en agosto de 2020. 

Mediante una charla con Musica.com.ar, el líder del proyecto explora su actualidad y cuenta los detalles del próximo concierto en La Trastienda. 

¿Cómo se encuentra JOHNNY P post pandemia y con mayores oportunidades musicales? 

Ale Estayno: Nos encontramos muy bien y estamos arrancando con todo. Aprovechamos la horrible pandemia para hacer temas nuevos, letras y laburar sobre la estética de la banda. Ahora estamos preparados y con muchísimas ganas de hacer shows en vivo.  

Si hay algo que destaca a JOHNNY P que es los conciertos no son una reproducción de los discos. Más bien, deconstruimos los temas para que se correspondan con esa experiencia de contacto cercano con el público. Estamos entusiasmados y haciendo un trabajo bastante intenso. 

Somos una banda bastante visual y ecléctica, no de género. La definición conceptual es que JOHNNY P es como una especie de contenedor de avatares. Cada tema se interpreta con uno nuevo y tiene una personalidad propia. Puede estar vinculado a la ilusión o al enojo, por poner un ejemplo. Depende lo que se quiera transmitir o lo que nos salga.  

Entre los discos mencionados está «No te vayas a dormir». En tu caso, ¿qué disfrutás más de la noche? 

La noche en sí es fabulosa, disfruto del silencio, la soledad y la tranquilidad. Aunque en realidad es un momento de hiperactividad personal. El contacto de una poesía leída a las 3 de la tarde o a la 1 de la mañana es totalmente distinto. La experiencia íntima es diferente.  

¿Resulta un momento de inspiración para componer?  

Las ideas se me ocurren en cualquier momento del día, pero cuando llega la noche, y las obligaciones son menores, está bueno para retomarlas y definir cómo seguir a los fines de implementarlas.  

Mencionaste que estaban trabajando en nuevas canciones. ¿Para qué lado se perfilan y cuándo estarían disponibles? 

Hay muchas ideas, pero normalmente están resignificadas en tiempos actuales y pueden disparar para cualquier lado. Por ejemplo, tengo una base de cumbia que es muy simple y me fascina para un tema. No obstante, es para que una voz femenina lo cante al doble de tiempo y le conteste una especie de hip hop con un contexto de instrumentos japoneses. Vos decís: “Es una locura”. Bueno, eso es lo que está saliendo y está buenísimo.  

Una vez que la idea general queda cerrada, llamo a los artistas para que la implementen. Aunque también estamos abiertos a los aportes. En el disco anterior hay un tema que se llama “Genio Superstar” y se planteó para que lo cantara Joaquín Vitola de Indios. A él se le ocurrieron algunas partecitas de coros y resultaron buenísimas.  

La fecha en La Trastienda es este sábado, así que a partir del 17 de mayo nos reuniremos a producir el nuevo disco y lo iremos lanzando de a temas.  

¿Cómo cranean este show que se viene? 

Tenemos mucho material para mostrar, que es nuevo para el público en el formato vivo.  

Pienso que quién está arriba del escenario transmitiendo un producto artístico, tiene que ayudar a reflejar el alma de la gente con alguna imagen nueva o que le despierte un nuevo pensamiento. Cada persona del público completa la obra y nosotros no la conocemos. Es fascinante ese proceso porque guarda un misterio para quien cree ser el autor o compositor de los temas.  

Intentamos que nuestras fechas sean participativas y los mensajes son concretos. Creemos que lo que se van a encontrar en La Trastienda es con algo muy visual, poderoso sonoramente y con temas contundentes, que no dejan dudas. Queremos que la gente participe, desde el baile o cantando una canción, porque JOHNNY P es una fiesta. 

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