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Entrevistas

#Hiram «El rock ya es una especie de folclore del mundo»

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Como en toda presentación oficial, la ansiedad se vuelve una compañera rutinaria, las expectativas crecen y se trabaja mucho en la organización de esa fecha para la que se espera que sea especial. En esta ocasión, Corriendo La Voz tuvo la oportunidad de entrevistar a Hiram, una banda de rock en ascenso, la cual se encuentra ultimando detalles para el recital que darán el próximo 18 de abril en BeatFlow con motivo de presentar “La araña roja”, segundo disco producido exclusivamente por ellos.

La imaginación es un puente entre lo que existe y puede llegar a existir. Lo que ayer comenzó como un juego de adolescentes aficionados, hoy se convirtió en un hecho sólido y contundente del que se siguen desprendiendo creaciones. De esta manera, comienza la historia de Hiram. Dos estudiantes secundarios (Juan y Nicolás) que se entretenían escribiendo canciones, hasta que surgió “Nacer”, letra que se destacó entre las demás porque logró llegar a los corazones de sus compañeros de clase que terminaron por aprenderla y cantarla.

Luego del éxito de “Nacer”, no pasó mucho tiempo para que un repertorio de canciones consistentes llevara a estos jóvenes a la idea de buscar un nombre para su dúo y luego el deseo de grabar un demo. Finalmente, Hiram fue como bautizaron a su reciente dueto, “en honor a una bebida alcohólica de dudosa calidad”. Ajenos del valor de sus producciones y con una modesta aspiración a sacar un demo, fue el mismo técnico de los estudios de grabación quien les sugirió la idea de formar una banda.

La idea y las ganas estaban. Sólo restaba sumar a los dos integrantes que completarían el cuarteto.  Es así como en 2007 Hiram se consolidó como banda conformada, en una primera instancia, por Juan Esteban Linares (teclados, voces y letras), Nicolás Mosquera (guitarras y coros), Alan Ferreira (bajo) y Germán López Campos (batería). Con esta formación grabaron un primer EP llamado EP #1 que contiene tres canciones iniciales. Más tarde, entre 2011 y 2012 trabajaron en lo que fue su primer disco de larga duración titulado: “Los remedios”.

Sin embargo, no es de extrañar que en las bandas musicales tengan lugar los vaivenes entre los integrantes. Frente a cuestiones laborales y personales, Germán debió abandonar al grupo y es en ese momento en que incorporaron a Alan Fritzler (actual batero), quien contribuye a darle un sonido completamente nuevo al antiguo repertorio de Hiram.

El nuevo año llegó con novedades. El cuarteto inició el 2015 con el lanzamiento de su segundo disco de estudio: “La araña roja” y ya tiene fecha de estreno. El próximo sábado 18 de abril, Hiram pactó la cita en BeatFlow (Av. Córdoba 5509), un espacio ubicado en el corazón de Palermo, para presentar su última producción musical. Los encargados de calentar el escenario y abrir la noche serán los miembros de Panchita La Pistolera para luego sí, dar paso al show que los chicos de Hiram vienen preparando y del que esperan que sea más que especial.

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CLV: El 18 de abril presentan su segundo disco de estudio titulado “La araña roja” en Beatflow. ¿Cómo se preparan para este día? ¿Cuáles son las expectativas de la banda respecto al show?

Hiram: El 18 de abril estaremos presentando nuestro segundo disco, La Araña Roja, grabado, mezclado y masterizado por nosotros mismos. Todo un orgullo para nosotros y estamos contentos con los resultados. La fecha va a ser algo muy especial para nosotros y para el público: realmente haremos un repaso por la historia de la banda, tocando temas de todas las épocas, del primer disco, del segundo, del tercero en el que estamos trabajando actualmente, en un show que superará la hora de duración. Habrá invitados sorpresas.
Nuestras expectativas son altas. De movida estamos haciendo algo que no tiene precedentes en la banda: alquilar un lugar, gestionar íntegramente la fecha, estar obligados a que sea un hito en nuestra historia debido al esfuerzo que nos conllevó tanto el disco como la organización de esta fecha. Habrá cámaras HD filmando y probablemente podamos cosechar material de muy buena calidad de este show. Habrá proyecciones y todos los discos estarán allí a la venta para quien los requiera. Nos venimos preparando con los nervios inherentes a cualquier situación en la que sabés que algo groso va a pasar pero no sabés bien cómo. Estamos achicando ese margen para que lo único que se nos escape de las manos esa noche sea la magia.

–  ¿Qué diferencias y similitudes pueden encontrar entre este nuevo disco y el primero “Los remedios” y el EP?

Hiram: Creemos que La Araña Roja es, en algún punto, superior a las anteriores producciones de Hiram. Ya sea a nivel sonido, tocada, claridad de las letras (quizás antes tenían un devenir más surrealista que se hizo más liviano en este disco), como en la composición de los temas mismos. Así mismo creemos que reivindica y refuerza la identidad de la banda la cual permanece intacta: canciones que en muchos casos escapan del típico verso-estribillo, varias piezas instrumentales, momentos climáticos, ruidos extraños, distorsiones y pianos acústicos. Además, la edición del disco es un poco más pintoresca siendo, ya no un sobre, sino un digipack (cajita de cartón, díptico) con un librito y las respectivas letras.
Ambos discos tienen artes de tapa de amigos artistas que admiramos mucho, el primero, “Los Remedios”, arte de Vale Glotzer y “La Araña Roja” de Omar Sisterna. Ambas son obras originales, en el caso de “Los Remedios”, el cuadro fue un regalo de Vale hacia mí (Juan) y en el caso de “La Araña”, Omar hizo una serie homónima de la cual extrajimos esa obra que es la portada del disco, tan impactante como metafórica.
Otro punto común entre ambos discos es que los “introduce” un tema instrumental y el devenir, el vaivén de la música dentro de los discos hacen parecer por su eclecticismo que se desprenden dos o tres pequeños discos de cada uno. Diferencia sustancial en las tapas, una mayoría de blanco, otra mayoría de negro. Esto resultó casi una coincidencia pero nos gusta ese contraste en las estéticas y esa similitud en las esencias de los temas.

–  ¿Resulta difícil para las bandas conseguir un lugar para tocar? ¿Cuáles son las adversidades más comunes a las que deben enfrentarse los músicos?

Hiram: Conseguir lugares para tocar no es algo muy complicado, lo difícil es que esos lugares suenen. En general, no tienen la infraestructura necesaria para las bandas de rock. Hay mucha más oferta de buenos lugares con buenos acuerdos en el formato acústico. Además sabemos que estamos en el medio de una caza de brujas para centros culturales independientes y que los que subsisten, en general, son los más mercenarios. Pero bueno, tenemos confianza en que esta situación mejorará. Hay mucha oferta para tocar con buenos arreglos fuera de Capital, donde hay menos oferta de bandas y más ganas de escuchar música. Allá se respeta desde las autoridades de los bares, a las bandas que nos movemos para tocar y llevar nuestro arte hasta ellos.
Las adversidades son las de siempre, los mercenarios, los oportunistas, los empresarios sin alma, un gobierno privatizador, anti pueblo y anticultura.

– ¿Cuáles son los mensajes principales que la banda quiere transmitir por medio de su música al público?

Hiram: Creemos que las letras de Hiram hablan fundamentalmente de la humanidad y la naturaleza, del amor y los sentimientos inherentes a esta vida que nos toca vivir en sociedad y a la vez conectados con algo más profundo, como los sueños, las emociones, las revelaciones. Muchas veces son un poco negativas o apocalípticas, pero es como mostrar la sombra para que comience a creerse de que lo que realmente anda faltando es luz. Lo que fundamentalmente nos interesa transmitir es una visión más profunda, introspectiva y a la vez unificadora de la humanidad. Todos vivimos cubiertos de caretas, siguiendo estereotipos que nos impusieron diciéndonos que así sería más fácil “encajar”, “sobrevivir”. Las letras de Hiram te ponen en otro lado, cumplen un deber de rebeldía, de cuestionarnos: ¿qué es todo esto? Si, la calle, la cama, la comida, el campo… Pero, pará, posta, ¿qué carajo es todo esto?

– ¿Qué perspectiva tienen sobre la escena actual del rock nacional?

Hiram: En cuanto a la escena actual del rock en Argentina, nuestra perspectiva es muy favorable. Creemos que está repleto de bandas súper talentosas y que están haciendo cosas de gran calidad. La clave en este momento es unirnos, hacer colectivos artísticos, salir de caravana con otras bandas, generar un frente entre nuestros afines. No competir, no juzgar, identificar a los verdaderos artistas, a los comprometidos, a los humildes, a los trabajadores de la música y el arte; ir todos juntos, retroalimentarnos y seguir trabajando juntos, ya que, como siempre, las hegemonías nos van a querer ver cagados de hambre. No ceder ante tratos avasallantes o que nos desvaloricen, saber quiénes somos y qué hicimos para llegar hasta acá y lo más importante, por qué seguimos.
Tenemos alta confianza en esta generación de músicos. Ya fue el hecho del género, el rock ya es una especie de folklore del mundo .Hay que volver a nuestros folklores, pintarlos de nuevos colores, ser inteligentes para crear nuevas sonoridades. No copiar, ni copiarse a sí mismo (esto es muy común cuando una banda decide etiquetarse dentro de un género específico) y sobre todo, no creer en las industrias culturales, asesinas de todo arte genuino, que convierten la música en algo cotidiano y pasatista cuando en realidad el deber del arte es volvernos locos, que nos sintamos extraterrestres en nuestra propia tierra.

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Hiram, banda autodefinida como ecléctica y la cual considera que no es prudente encasillarse en ningún género concreto, puesto que prefieren pensar que su música está en constante cambio y que siempre conservarán su “personalidad extraña, su identidad genuina, sin caer en algún estereotipo específico”

Para más información sobre la banda:

Facebook/hirammusica

Compartimos “La araña roja”, segundo disco completo de Hiram.

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Soy Rada: «la clave es hacerme cargo del éxito»

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El mutifacético Soy Rada presenta «Revuelto» el 11 y 12 de diciembre en el Teatro Opera, con dos únicas funciones cargadas de magia, música, humor y sorpresas. En esta oportunidad, Agustín Aristarán nos pasea por los hitos que le hicieron saltar una y otra vez a nuevos trazos, nuevos lenguajes, nuevos vértigos y nuevas historias que contar.

Fotos: Facu Suárez @irishsuarez

«Revuelto» llega en un tiempo bisagra para el artista, de cierres y aperturas. En el relato no hay cronología, todo convive en su creación: lo que fue, lo que es, lo que se viene. Un camino hecho de andar, que presenta el 11 y 12 de diciembre en el Teatro Opera y profundiza antes en charla con Rock.com.ar.

¿En qué sentís que maduraste más durante estos años?

La música es lo más nuevo que vengo haciendo, pero creo que maduré en lo compositivo, la escritura y en lo sonoro.

Iniciaste tus espectáculos fusionando la magia con el humor. ¿En qué momento te hizo el quiebre para mutar hacia la música?

El primer quiebre fue durante el primer espectáculo de «Soy Rada», cuando decidí guardar al mago. Apareció fuerte la música, pero ejecutada con mi banda. Entendí que quería unir mi proyecto musical con mi proyecto de teatro y comedia. No obstante, ambos van por caminos separados: el teatro con la banda o la banda sola.

¿Cómo encaraste las primeras composiciones?

Tenía cositas guardadas y empecé a escribir. Me junté con Charly Palermo, que es el director y amigo del grupo, para ponerle música a las letras que yo iba tirando. La primera etapa de Soy Rada And The Colibriquis habla más de mi infancia. Ya los demás son un poco más maduros, en Capucá y Álbum de Cicatrices pesa la adultez.

¿Cómo describirías a tu proyecto?

La verdad es que me puse a pensar cómo escucho música y no consumo discos enteros de un mismo género, sino que voy por canciones separadas. Me gusta hacer lo que me gusta escuchar y no tiene un estilo definido. Hacemos trap, como también rock y hip-hop. Pasamos de la cumbia, o una balada desgarradora, hasta una canción de María Elena Walsh hecha punk. Son todos temas propios y algunos covers del primer disco.

¿Qué sensaciones te trajo tu primer concierto y asumir el rol de cantante?

El primer show fue en el festival gastronómico Wateke, que se realiza en Capital y ya tiene varias ediciones. La verdad es que fue bastante inconsciente subirme al escenario como frontman de una banda a cantar, pero como me considero un actor relativamente bueno, actué de cantante. De esa manera la piloteé y la pasé bárbaro.

¿Qué lugar ocupa la música en tu vida?

Está en un lugar principal, me crié escuchando y tocando desde muy chico. En mi casa siempre hubo mucha y muy diversa música. Mi hermano es un gran artista y la gran mayoría de mis amigos están en la misma. Es fundamental para mí y amo esta carrera que estamos haciendo. Desde luego que no invalida las otras cosas que realizo. En los discos de los Coli, y en mi vida, conviven un montón de géneros que tienen que ver con el entretenimiento y el arte.

Cosechaste una cantidad inmensa de seguidores que manifiestan cariño en cada propuesta que compartís. ¿A cuál de tus roles o virtudes se lo adjudicás en mayor medida?

Creo que la clave, si es que hay alguna, es hacerme cargo del éxito. No por el hecho de que me vaya bien, sino porque vivo de lo que me gusta y la gente que me quiere, yo la quiero también. Creo que es por la diversidad de cosas que hago y busqué público para cada una de ellas. Por ahí, al que le gusta mi música no le gusta tanto mis contenidos en redes sociales; o a la inversa. Otro mira el contenido de YouTube y no le copa tanto lo que hago en Instagram. El público fue encontrando qué le gusta de mí.

¿Qué condimentos tendrán estas dos funciones en El Opera?

Por empezar, no toqué con espectáculos míos en El Opera. Sí en festivales y algunas cosas para las que me convocaron. Creo que, junto al Gran Rex, son los teatros más importantes de la Ciudad de Buenos Aires. Hace mucho tiempo que quería estar en ese escenario y de la mano de 300, productora con la que estoy trabajando, lo vamos a hacer. Será un mega espectáculo de comedia, donde pasará de todo y volveré a mis raíces con la magia. A su vez, presentaré canciones nuevas de los Coli. Hay un disco entero que está macerándose con otro tiempo de composición y otra gente con la que trabajé. Algunas de ellas van a estar presentes. Todo estará perfectamente enjambrado y revuelto.

¿Siempre manteniendo la misma formación?

En realidad, hay un guitarrista nuevo, que es Kahil Ferraris. También está Charly Palermo en bajo, Pablito Vignati en batería y Martín Rosas en segunda guitarra. A su vez, habrá una sorpresa para el final que me dan unas ganas de contarla, pero no puedo. Para los que vengan, me hago cargo y digo: «Yo estuve en Revuelto cuando se pudrió todo en El Opera».

Si tuvieses que elegir una canción para iniciar al lector de Rock.com.ar en en el mundo Colibriquis, ¿cuál sería?

¡Qué difícil! Te voy a decir dos porque nunca me quedo con una sola cosa. «Avisame cuando llegues» es la canción que más se popularizó de la banda y es un reggae que me gusta mucho porque tiene algo muy lindo en su estribillo. La segunda es «Vertical», un trap medio rockero que nada tiene que ver con la primera. Ahí están las dos puntas del proyecto por las que pueden empezar.

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Los Espíritus: «Quedó algo muy ecléctico»

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La banda llega el 10 de diciembre al Teatro Gran Rex para presentar «Sancocho Stereo», su quinto álbum de estudio iniciado lúdicamente como un programa radial ficticio.

Los Espíritus. Foto: Guido Adler

A una década de haber irrumpido en la escena emergente, y luego de girar por Latinoamérica y Europa, la agrupación compuesta por Maxi Prietto en guitarra y voces; Miguel Mactas en guitarra; Martín Ferbat en bajo; y Pipe Correa en batería, nos deleita con «Sancocho Stereo»: su quinto álbum de estudio involucra a amigos de ruta como Daniel Melingo, Carca y Gustavo Santaolalla, entre otros. También cuenta con el aporte periodístico de Enrique Symns y Norberto «Ruso» Verea, que ponen sus voces al servicio de este experimento de psicodelia comunitaria. El álbum está compuesto por 14 tracks, de carácter heterogéneo y multifacético, que se profundizan en Rock.com.ar mediante una charla con sus protagonistas.

¿En qué momento se encuentran Los Espíritus?

Maxi Prietto: La verdad que es un momento muy productivo y prolífico. Cuando arrancó la pandemia descansamos y aceptamos el momento. Después se nos ocurrió la posibilidad de trabajar de una manera distinta y producir canciones a la distancia. Así tomó forma este primer capítulo, que se terminó publicando en las plataformas.

Le siguió el segundo, donde ya estaba Melingo como invitado. Para esa instancia podíamos ir al estudio, entonces tocamos con un sonido más nuestro. La idea fue tratar de relacionarnos con músicos y se terminó transformando en un disco que nos dio muchas alegrías.

Trabajamos con Melingo, con Carca; presentamos un blues nuevo e hicimos una versión de un tema de Vox Dei. También tenemos a Santaolalla.

¿Qué conexión existe entre los invitados?

A Santaolalla lo conocimos hace unos años y quedó la idea de hacer algo. Una vez nos invitó a conocerlo e hizo una apreciación del grupo y del sonido. Quedamos fascinados porque nos dio una visión que ninguno de nosotros tenía. Después lo cruzamos en un festival y tocamos unos temas juntos. La colaboración finalmente tomó forma con «Lagunas blancas», que es una canción nueva de carácter experimental.

A Melingo lo tenía muy presente porque siempre fui fan de su obra y no podía comprender que la admiración fuese mutua. Se dio una amistad espectacular e hicimos muchas juntadas en la terraza. Aprendimos mucho durante las charlas, hablando de experiencias y música.

Con Carca lo mismo, son todos músicos de una trayectoria y conocimientos tremenda.

¿En qué sienten que maduraron más durante estos años de laburo intenso?

Es algo que pienso bastante, antes éramos más impacientes y lo que hacíamos quedaba. Era parte de un concepto y nos gustaba capturar esa energía. En este disco se da que están las dos. Por ejemplo, «Buscando la luz» fue el resultado de una sola toma durante el primer encuentro después del confinamiento. Otros temas los grabamos al menos tres o cuatro veces, o sea que los produjimos bastante. En otra época de Los Espíritus era impensado y quedó algo muy ecléctico, porque conviven canciones muy espontáneas y otras más trabajadas. Tal es el caso de «Ayudas», que representa esta nueva etapa y estamos muy contentos con la paciencia que le pusimos.

Hicieron una fusión más que interesante entre las canciones y ese espíritu radial.

Sí, cuando empezamos a darle forma se nos ocurrió que podía ser un programa donde pasaran dos o tres canciones, a modo de capítulos cortos, en una radio llamada Sancocho Stereo. La idea fue mutando, porque primero era un locutor y después se transformó en la opción de que alguien recitase algo; como en el caso de Melingo o Enrique Symns, que tiraron alguna frase poética o presentaron alguna canción. El pico máximo se dio cuando apareció el Ruso Verea en el último capítulo, que también fue un sueño porque de chico lo escuchaba todas las noches en Rock & Pop. Cuando te gusta la música, en algún momento tocás un instrumento; pero antes comprás discos, los escuchás y te quedás mirando la tapa o leyendo el librito. Vas a los recitales y se genera todo un mundo, que hoy se hace presente con El Ruso y Melingo. En cierta forma, no dejamos de ser público.

Durante la pandemia se abrió el abanico de los streaming y muchas bandas optaron por no realizarlos. ¿Cómo lo vivieron ustedes y qué pesó más? ¿Las ganas de seguir tocando o la necesidad económica?

Es una mezcla de las dos. La primera sensación de los streaming no fue positiva y nos pareció apocalíptico, porque la música siempre se trató de compartir en un mismo recinto. Sobre todo, en nuestros recitales, donde pasa de todo. Hay una unión, que es parte de lo que está sucediendo, entonces no imaginamos eso en primer lugar. Tardamos bastante en hacer nuestro propio streaming porque empezamos a poner condiciones de cómo sería y pensado como algo que nos tendría que gustar a nosotros, básicamente. Entonces, se nos ocurrió desarmar la sala de abajo y el escenario de arriba, para distribuir bien el lugar donde ensayábamos, que era el Club Plasma, y resultó nuestro bunker. Nos pareció una buena idea transmitir desde ahí porque era casi lo mismo que estar en el estudio de grabación, ubicado en el piso de abajo. De esa manera, podíamos hacerlo sonar como queríamos y divertirnos. Después, apareció una productora que se encargó de la logística de las cámaras y convocamos a Alejo Moguillansky para la dirección. En cuanto a lo laboral, sabíamos que no iba a ser redituable, pero teníamos ganas de hacerlo y fue como una especie de reencuentro con el público.

¿Qué condimentos tendrá El Gran Rex?

Es una fecha muy importante para nosotros y también cierra este proceso pandémico, más allá de que no sabemos cómo va a terminar. De lo que se inició como una serie de grabaciones con invitados, y que tomó forma de disco, sería la presentación y conclusión de un momento en el que vivimos gran parte encerrados.

¿Hay posibilidades de que los artistas que participaron del álbum, los acompañen también en el vivo?

Sí, la idea es esa. Va a ser un recital distinto, en el sentido de que habrá varios invitados del disco y otros con los que tenemos amistad y queremos que participen también.

En un mundo donde la inmediatez está a flor de piel, ¿por qué siguen apostando al disco físico?

Puede que sea generacional. Cuando decidimos darle forma de disco a todas estas grabaciones, para mí fue un alivio mental. La considero como una experiencia, en la cual su duración le da una coherencia a la obra. Me gustan los singles, pero cuando se los separa como anticipo de algo o es la cara de un álbum.

Si tuvieses que elegir una de las canciones del disco para compartir con los lectores de Rock.com.ar, ¿cuál sería?

Hoy por hoy elegiría «Lagunas blancas», porque es nueva y fue la que hicimos con Gustavo Santaolalla. Y también «La antillana», que mandamos al Scientist: un productor jamaiquino que la deformó toda. Esas dos tienen el plus de ser novedosas. Pero creo que la que más me gusta es «Buscando la luz».

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Ale Kurz: «A mí me encanta la vida, pero la muerte es una consejera»

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El cantante de El Bordo presenta «Brillando azul», su primer disco solista inspirado en el mundo beatnik, los sueños anotados en una libreta y la experiencia de haber sobrevivido a la pandemia.

Ale Kurz. Foto: Emma Distilo

La palabra indicada para definir a Ale Kurz por estos días es fortaleza. Ese mantra de orden, silencio y plenitud que rodea al cantante de El Bordo se entrecruza con el ascenso de su propia identidad presente como solista y el camino recorrido con su banda de toda la vida. Es todo alegría verlo ahí, presente en la sonrisa perfecta que lo ilumina desde la puerta que abre en su departamento de Caballito, luego de haber estado internado con un cuadro grave de pulmonía bilateral por coronavirus. Esta fortaleza invisible y actual lo sostiene como un aura potente que destierra cualquier contacto cercano con la muerte.

En la entrevista, nos abre la puerta ese hombre nuevo, con los ojos brillantes y agradecidos. «Charly García dijo que hizo un disco y gracias a eso sobrevivió a la pandemia y a mí me pasa un poco lo mismo», dice mientras subimos en un ascensor diminuto con un espejo que lo devuelve prolijo, más parecido a un modelo publicitario que a un cantante de rock.

“Durante mi internación, pensé en proyectos que me dieran fuerzas para salir adelante”, repasa Kurz. Brillando Azul, su primer disco solista, sin dudas fue su gran motivación y se convirtió en un testimonio de vida.

El piso de Kurz también habla de esa marea de sensaciones que fluyen en él: lleno de luz, con las ventanas abiertas, libros de filosofía oriental a la vista pero ordenados y una pulcritud que lo aleja del prototipo de cantante de rock reventado. El libro de las mutaciones del I-Ching, famoso oráculo milenario chino, destaca en su biblioteca.

¿Así que te gusta el I-Ching?

Me encanta la filosofía oriental en general. No encontraba las moneditas que se usan para preguntar lo que querés saber de tu vida, pero me di cuenta de que estaban al lado, metidas en un sobre. Es un libro hermoso, suelo consultarlo pero lo importante es saber interpretar lo que te dice. Me asombra que tenga tantos años y haya sobrevivido a las civilizaciones y el paso del tiempo, como «El arte de la guerra». Son textos que se pueden seguir aplicando hoy, en la vida cotidiana; eso es alucinante.

¿Sos lector?

Soy muy lector beatnik. Me gustan mucho los norteamericanos de esa generación como Burroughs, Allen Ginsberg y Bukowski. Me encanta la filosofía, pero más cuando es urbana y se entremezcla con vivencias. La filosofía oriental, el budismo, son más teóricos y me cuestan más, pero cuando está mezclado con historias y cotidianeidad le entro más fácil. Aparte me gusta la belleza romántica que tiene ese lenguaje. También leo poesía y uno de mis libros favoritos es «Una temporada en el infierno», de Rimbaud.

¿Asociás los gustos literarios con tu búsqueda musical?

Siempre me gustó el rock de contenido. Esto no quiere decir que uno siempre comprenda lo que dicen las canciones, pero me parece mucho más atractivo cuando sabés que hay algo detrás. Por ejemplo, cuando empecé a escuchar La Renga, me volví loco con las conexiones que ellos hacían con los libros de Carlos Castaneda. Eso es lo que más me alucinaba de la banda. Cuando empecé a entender de dónde venía eso y a leer Las enseñanzas de Don Juan, se me abrió otro mundo. Ahí viajé por Latinoamérica de mochilero y me enganché con todo ese mundo. Mis viejos también son muy lectores y cuando yo era muy chico, mi viejo me dio para leer El Antricristo y me arruinó la vida (risas). Fue algo espectacular porque entendí que se podía romper con las tradiciones y los mandatos. La literatura es un combustible enorme, que mezclado con las vivencias te da mucho para escribir. También tengo un hábito que le robé a Gustavo Cerati, que es leer y mientras tanto tener un cuaderno al lado para anotar palabras que me gusten.

Ale vive en el último piso de un departamento de Caballito que, recuperando las palabras de su estado de ánimo, parece una fortaleza. Un lugar elevado, con ventanales abiertos por los que empieza, de golpe, a correr un viento fuerte pero soportable, que rodea la luminosidad de la tarde dibujada entre los edificios que se ven a la distancia. “Mi casa es así, está hecha de viento”, bromea el cantante que convive con Vicky, su novia a la que no pudo ver durante su internación por Covid, debido al aislamiento. “Nos llamábamos por teléfono y recibía el apoyo de mis familiares que iban hasta la puerta del hospital, aunque no podían entrar”, recuerda el artista de esa oscuridad que parece haber sido barrida por todo ese viento que acaricia su departamento.

¿Se puede decir que zafaste de morir?

¿Sabés qué fue lo que me pasó? Cuando estaba internado entendí que eso no podía ser el final, que había que seguir brillando en esta vida, aunque sea en un solo color. Ahí nació la idea de Brillando azul. En mi caso, la experiencia que viví fue un poco extrema. Siempre me cuidé mucho, por mi familia, pero con la sensación de que si me llegaba a agarrar el virus, no me iba a pasar nada. La cosa es que me contagié en febrero de este año y me pegó muy mal. No me lo esperaba porque no soy grupo de riesgo. Estuve nueve días con 38 de fiebre que no bajaba y los hospitales tampoco querían internar porque había superpoblación de camas ocupadas en terapia. Cuando conseguí hacerme una radiografía me dijeron que tenía neumonía bilateral y tuve que quedarme internado. El problema era que la fiebre no cedía y yo me sentía cada vez peor hasta que al tercer día me pusieron oxígeno. Me dolía el cuerpo y las costillas, no podía tomar aire, estaba todo flaco, chupado, sin fuerzas. Tuve suerte de salir y creo que, como diría Castaneda, fue un movimiento en mi punto de encaje que movió mi percepción sobre el mundo y tus prioridades.

¿Pensaste en la muerte?

No me llegué a asustar pensando «me voy a morir», pero sí reflexioné sobre lo breve de todo y que no hay tiempo que perder. Dije, «bueno, ahora salgo de acá, tengo estas canciones y las voy a grabar». Los proyectos me dieron fuerza para pensar en grabar los temas que tenía. El título del disco me bajó estando internado. Pensé en lo importante que es seguir brillando, aunque sea en azul, pero en esta penumbra tenía que aparecer la luz. Si entramos en un debate más conspiranoico, de alguna manera vivimos una Tercera Guerra Mundial, una guerra bacteriológica en la que los protagonistas no estaban claros.

¿Estás a favor de la vacunación?

Respeto al que piensa que no, pero de ahí a pensar que me van a poner un chip para controlar mis acciones… no llego a pensar eso. Sí creo que no es una vacuna que no tuvo el tiempo suficiente como para estar aprobada, sino que fue sacada de emergencia pero creo en la medicina occidental y tomo Ibuprofeno cuando tengo fiebre. Entiendo que el que vive en la montaña y no toma ningún medicamento ni come alimentos envasados no se quiera vacunar. Tampoco creo estar lo suficientemente capacitado como para discutir las vacunas, tendría que estudiar más del tema.

Brillando Azul, se aleja del sonido que venían manteniendo con El Bordo…

Sí, eso fue un movimiento deliberado de mi parte. La primera canción que me salió fue «El Comienzo», con un tono íntimo electrónico. Apenas la empecé a imaginar la sentí distinta y sin competir con lo que hago con la banda porque son dos propuestas diferentes. Entonces fui vistiendo los temas de una manera diferencial con algunos extremos como la última canción del disco, «Mar de Sonrisas», que salió solamente con guitarras, un cuarteto de cuerdas clásico y mi voz. Estos formatos se hacen más difíciles de llevar adelante en una banda de rock.

Es un disco que saca una parte tuya desconocida…

El disco me dio la posibilidad de llevar las canciones a otros lados. Por ejemplo, en «La mandolina» que tiene cosas más folk o temas que son más pop con agregados electrónicos, más alternativos. La verdad que estoy muy contento con los colores que tiene el álbum. Volviendo con Cerati, creo que seguí esa frase de él, cuando dice que el riesgo es el camino más intenso. Me gustó la idea de arriesgar y no pisar sobre seguro. Al mismo tiempo creo que tiene sentido que mi primer disco solista sea distinto a lo que hago con la banda, porque sino ¿para qué lo saqué? Siento que el resultado fue un disco muy íntimo, con interpretaciones de la voz muy al frente y una calidad de audio impresionante.

Ale hace una pausa, mira por uno de los ventanales que dan hacia el sur de Caballito mientras la tarde va agotando sus colores en un sol ya imperceptible. De repente se para y vuelve con una libreta de tapas de cuero marrón, como si se tratara de algún libro mágico de esos que guardaban los sabios de la Edad Media. “Mirá acá adentro anoto los sueños y las letras que se me van ocurriendo”, dice mientras pasa las hojas del cuaderno que lleva como título “La Pluma Vagabunda”; muchas anotaciones en birome bic azul, con pocas tachaduras, y caligrafía prolija en mayúsculas. “La verdad, no tengo idea de dónde sale todo esto; a veces pienso que soy una especie de muñeco al que le dictan todo lo que va saliendo mientras escribo”, reflexiona y el aire se contagia de esos versos de El Bordo: Dormido estás, viajando por tus sueños / y el sol que está buscando abrir tus ojos/ para que al despertar veas un mundo distinto/ que en vos tal vez cambió…

Hablando de la vida y la muerte, el rock parece siempre estar al límite de todo esto.

Es como una cuestión épica de tragedia griega. Se pone muy en juego el tema del amor, el romanticismo, la vida y la muerte. También la traición. El rock es un género muy pasional. A esta altura ya no hablamos del rock como un género musical, porque sería muy amplio todo lo que incluye dentro, pero sí que la cultura rock tiene que ver con la pasión, el sentimiento. No sé cuántos géneros musicales provocan que haya un chico o chica que se tomen un micro para ir a ver una banda desde Mendoza a Buenos Aires. No creo que esa movida exista en otros géneros que no sea el rock. Esa pasión despierta muchas variables y límites entre la vida y la muerte. Puedo nombrarte como ejemplos a los héroes del rock: Cobain, Janis Joplin, Hendrix y todo el Club de los 27 que yo por suerte ya pasé hace rato, porque tengo 38 (risas). A mí me encanta la vida, pero la muerte es una consejera, la que nos pone en vereda y nos muestra el riesgo. Vivir con la conciencia de la muerte es lo que te hace valorar el día a día y lo que tenés.

Hablando de estrellas de rock… ¿Cómo te llevás con la fama?

De entrada tenés que hacerle caso a los que te conocen de antes. Mi sensor siempre son mis papás. Si ellos dicen que hay algo que estoy haciendo que no les parece, es a los primeros a los que voy a escuchar. También a mi pareja y amigos que me conocen desde siempre. Esos son los que no quieren nada de vos, solamente te quieren y los más importantes. La vida es como un viaje en tren; a veces compartís el vagón con alguna gente y después te toca estar con otros, en otro trayecto. Por otra parte, no soy de esos que les gusta dar portazos porque el mundo es chico y a la gente te la volvés a cruzar. Si tengo que cerrar un vínculo, trato de que sea con armonía.

O sea, que no te presenta muchos inconvenientes…

Pasa que yo voy viviendo lo mío y creo que lo que me pasa es porque me tiene que pasar. Es lo normal, pero a veces pienso que tenía 23 años y estaba tocando en Obras para 4 mil personas. En ese momento no pensaba mucho en eso y ahora soy más consciente de que era un chico que estaba manejando un nivel de energía enorme. Me sorprenden esas cosas, pero también pasaron más de veinte años y creo que lo único que mantuve constante en todo ese tiempo fue a la banda. Cambié de gustos, formas de pensar, influencias, mil cosas; por eso tener un proyecto que dure tanto, con perspectiva a futuro, lo considero super valioso.

Grandes historias pasaron por ese tren de la vida que nombra Ale Kurz, llamado El Bordo. Desde sus inicios a fines de los neoliberales años noventas, como un grupo de amigos del colegio que debutaban en el bar La Colorada de Caballito, a un camino que los disparó a ser una de las bandas de rock barrial más convocantes de todo el país. De la explosión del Carnaval de las Heridas (2002), hasta Instante Eterno (2018) el acústico en vivo y publicado por Sony Music, la banda experimentó un crecimiento sostenido en seguidores y solidez musical.

¿Se llevan bien entre ustedes?

Claro, por supuesto. Hay un vínculo sano, lo que no quiere decir que existan conflictos porque son inherentes a la vida humana. Nos queremos mucho y queremos lo mejor para el otro. Eso es lo que hace que el proyecto dure tanto. Esto que estoy haciendo ahora es un poco una inquietud artística que quiero que conviva con el grupo. Estoy muy contento porque ahora tengo a mi banda de rock y por otro lado mi proyecto más íntimo, al que voy a llevar a salas de teatro y lugares más chicos. Ambas cosas me dan una visual artística que me resulta muy atractiva.

«La Pluma Vagabunda» sigue apoyada sobre la mesa, con sus tapas de cuero marrón cerradas y una pequeña piedra de color rosa que lo adorna en la parte de arriba. Adentro están los gritos y sueños de Kurz, esas contradicciones abstractas que según los psicoanalistas vienen del inconsciente de las personas, pero los artistas saben que no puede ser solo eso, que hay mucho más, por eso siguen escribiendo.

¿Qué sentís cuando escribís las letras?

Mis letras son genuinas, nada de lo que escribo es impostado. Vos me decías hace un rato que soy prolijo y creo que la elegancia es un valor muy importante, también en las palabras y el modo de decir las cosas artísticamente. Eso lo veo como un todo que quizás tenga que ver con el momento que estoy viviendo ahora, a esta edad. Por ahí, de chico era solamente la pasión y buscar el desenfreno y el éxtasis que genera la música y cualquier tipo de expresión artística. El rock te vende una desprolijidad que no es real. Hendrix a la noche se clavaba un ácido, tocaba y se prendía fuego con la guitarra, pero si lo agarrabas a la mañana, el tipo sabía muchísimo de música, instrumentos y obviamente que también sabía de guitarras. La comercialización mainstream que se hizo del rock estuvo relacionada con el descontrol, el reviente, el exceso. No creo que puedas durar demasiado de esa manera, y mi objetivo es durar con pasión, transmitiendo algo que sea genuino.

¿Notaste alguna influencia particular en «Brillando azul»?

Siempre que lo escuché me pareció que era música nueva. También encuentro influencias, por ejemplo cuando uso la mandolina, hay algo de Chris Cornell en su etapa solista, también de Johnny Mitchell y Led Zeppelin. En otros momentos el disco suena más beatle, más britpop onda Stereophonics o The Verve. Incluso alguna cosa más pop como The Killers o Kings of Leon. Son bandas que me gustan mucho, que se alejan del sonido de El Bordo como INXS. Michael Hutchence me parece uno de los mejores cantantes de la historia. Escuché cosas muy variadas que participaron indirectamente como influencias en el disco y me gustó mucho el resultado final.
Brillando azul, se compone de ocho temas con todas estas influencias que comenta Kurz y más. El álbum consuma una vida propia con fuerza y sutileza en un espectro rockero que conmueve por lo poético de sus capturas musicales pero también por sus letras que rozan la experiencia personal reciente del artista: El miedo de vivir nos va a enfermar, nos va a partir, nos va a cobrar nuestro festín, dice el “Penumbra”, el tercer tema del disco. Se hace de noche y el vendaval persiste. Los ventanales siguen abiertos en el departamento de Ale y ese viento que todo empuja continúa llevándose lo malo para que quede lo bueno. Esas ráfagas que bien podrían ser el amor por la vida del que se sirve Kurz todo el tiempo, escribiendo en ese libro mágico que contiene todos sus sueños.

Kurz presentará «Brillando azul» el domingo 5 de diciembre a las 21 hs. en el Centro Cultural Konex, Sarmiento 3131, CABA. Entradas a la venta en este link.

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