Fito en Rosario: Canciones sin tiempo que invitan a la emoción desde lo inexplicable

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Las emociones son inexplicables. Es muy difícil justificar por qué uno se abraza efusivamente con un desconocido en la tribuna, luego del gol del equipo de sus amores; o por qué nos alegramos cuando en el final de una película bélica la protagonista encuentra con vida a su esposo, a quien daba por muerto en el frente de batalla. Igual de complejo es argumentar por qué uno llora a lágrima suelta al escuchar en vivo una canción de 30 años atrás. Quizá la explicación sea esa: que las emociones simplemente se sienten y no hace falta ponerle palabras a lo que manda el corazón.
Fito Páez ofreció dos shows, el sábado y domingo pasados, con entradas agotadas en el teatro El Círculo para presentar las tres décadas de “Giros”, el segundo álbum de su carrera. A lo largo de 2 horas y 20 minutos, el compositor rosarino demostró con su set de 30 canciones por qué es un referente indiscutible del rock argentino y de la canción popular contemporánea.
Fito presentó no sólo todos los temas de “Giros”, sino que lo hizo en el mismo orden del disco editado por EMI/Odeón en 1985. Pero no se quedó en los poco más de 29 minutos que duran las 9 canciones de ese material, sino que interpretó, en orden cronológico, un recorrido por algunas de las perlitas de sus discos “Del 63”, “Corazón clandestino”, “La la la”, “Ciudad de pobres corazones”, “Ey” y “Tercer mundo”.
Sin contar los bises, hizo un show impecable sólo con temas de los primeros seis años de su producción artística. Y más allá de las frías citas a los números y a los títulos de los discos, lo que sube la temperatura emocional es que todo el recital del sábado, que cubrió Escenario, mantuvo la misma frecuencia sensible del principio al fin. Y eso sí tiene una explicación irrefutable, y es la calidad musical, expresiva, poética y testimonial de esas canciones.
De traje a rayas blanco y negro, remera y gafas oscuras, Fito arrancó con “Giros”. “Flaco ¿dónde estás?/estoy aquí en Rosario, mi ciudad”, cantó con cambio de letra, en el primero de los tantos guiños que tuvo hacia su ciudad de origen.
De un tirón y sin dar vuelta el vinilo en el Winco se sucedieron la virulenta “Taquicardia”, la cadenciosa “Alguna vez voy a ser libre” y “11 y 6”, para la cual citó: “Pensar que alguna vez la presenté acá y hoy es un clásico”.
Presentada con todos los honores, saltó al escenario Fabiana Cantilo, protagonista clave en toda la noche. “Sin sus coros, esta canción es nada”, dijo. Y llegó “Yo vengo a ofrecer mi corazón”.
Todo sonaba de maravillas, con los arreglos originales, pero encima se notaba más porque Fito estaba rodeado de un dream team: Carlos Vandera, en guitarra y voz; Diego Olivero, en guitarras; Juan Absatz, en teclados, Mariano Otero, en bajo y Gastón Baremberg, en batería. Ellos fueron imprescindibles para que cada acorde coincida con el peso emotivo con que esas canciones fueron interpretadas y grabadas en aquel disco inolvidable por Fabián Gallardo, Tweety González, Paul Dourge y Daniel “Tuerto” Wirzt.
Luego llegó el turno de “Narciso y Quasimodo”, la eterna “Cable a tierra”, “Decisiones apresuradas”, con la voz de Norberto Campos encarnando al general Alcoholtieri, y el cierre con la emotiva “D.L.G.”, que remite a Día de los Grones, o también De Los Grones, y es una épica de la clase trabajadora.
Con el homenaje a “Giros” cumplido, lo que llegó después fue una revisita a canciones de Fito, que no necesariamente fueron hits. Por eso fue bienvenida la versión de “Panamá”, un tema inédito a dúo con Cantilo.
Fito le hizo un guiño a Charly, con una parte de “Fanky”, luego de “Folis Verghet”, y otro a Spinetta con “Hay otra canción”, que aclaró que fue el único tema firmado a dúo en “La la la”.
“A las piedras de Belén”, con Fito en timbaletas; “Lejos de Berlín” y “Fue amor” enfocó el abanico rítmico y estético de Páez. La primera despedida llegó con “Dale alegría a mi corazón”, con la gente de pie a capella, haciendo el aguante para el bis. “El diablo en tu corazón”, “Brillante sobre el mic”, “A rodar mi vida” y “Mariposa teknicolor” le pusieron el moño a una gala para las canciones sin tiempo. Esas que alegran el alma y se niegan rotundamente a explicar las emociones.
La entrada del primer “Giros”
Hay entradas que no se guardan por casualidad. Aquel ticket de la presentación de “Giros” en Rosario hoy es historia. El show fue en Sportivo América, un 22 de noviembre de 1985. En la parte inferior se lee Daniel Grinbank y Del Interior Producciones, y es risueño el precio de la popular, a 3 australes. Sin duda, un documento de culto que, treinta años después, le hace un guiño saludable a la nostalgia.
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La Capital

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