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Entrevistas

#Entrevista Murga Baila La Chola, el poder en la voz

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Las Cholas son así, son una murga estilo uruguayo, pero en Argentina y sin hombres. Son el desafío de cantar sobre la lucha, la organización y la fuerza de la unión desde la perspectiva de la mujer.

Somos mujeres de sangre mestiza, las cholas.

Somos artistas con hambre y con sed.

Somos multiformes y lucimos los colores de la alegría, la pasión y sobre todo la tristeza un par de días al mes.

Solemos hablar en primera persona, inquietamente y todas a la vez.

Pero nos gusta más hacer que decir.

Construimos sin los grandes discursos, en las diferencias.

Somos una murga de mujeres estilo uruguayo.

La Murga Baila La Chola lo logró. Dejaron volar un sueño, un deseo y se construyeron. «Con tres amigas nos juntamos una noche, nos tomamos unos licores y dijimos `vamos a hacer una murga uruguaya de mujeres´. Después, se hizo una convocatoria por redes sociales y de boca en boca. Se armaron dos audiciones en dos instancias diferentes a las que fueron muchas mujeres», recuerdan las Cholas.

Y ese detalle las pinta de cuerpo entero. No es fácil superar la idea de una noche de tragos y llevarla a la práctica, para después de cinco años de historia seguir creciendo y poder mirar lo transitado para valorar y seguir aprendiendo de cada paso dado.

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Son luchadoras, no bajan los brazos y no se callan. Se unieron con el objetivo claro y directo de armar una murga integrada puramente por mujeres, y así gambetear a un género que es predominantemente masculino. Son mujeres con el poder de darle voz a las injusticias de nuestra sociedad actual, de reflexionar sobre temáticas de género, de gritarle y enfrentar al miedo.

«El nombre surgió un poco jugando. Pero después nos pusimos a pensar en que la chola es una mujer mestiza, no es que tiene una sangre pura. Está la idea de que es la originaria, pero en realidad no lo es, porque es mezcla. Y nosotras nos consideramos mezcla de muchas tradiciones, cada una trae su historia y experiencias, y en la murga podemos fusionar todas esas cosas. Y también porque es una imagen de una mujer fuerte, colorida, tiene presencia, no es una mujer que pase desapercibida», explican.

Cada Chola lleva su color, su identidad y su individualidad a la murga, y así saben escucharse, diferenciarse y construirse como un colectivo. Todas tienen en común ser primerizas en una murga de mujeres, y el fomentar la instancia de diálogo, del debate y del cruce de opiniones para crear. Las Cholas somos personas de ir al frente, de decir, ‘che, no me quiero quedar así’ ,’me gustaría hablar de esto’, y por eso abrimos siempre un espacio de dialogo, para no quedarnos calladas”.

La horizontalidad en la toma de decisiones, la división de tareas por comisiones, la escucha, el compromiso, el debate y los mates son inherentes a su forma de ser. Funcionan en bloque, unidas, y esto también lo llevan al escenario y a lo que cantan.

17236961_1944016195842248_1898608101_o“El espectáculo que estamos despidiendo se llama ‘De Terror’ y habla del miedo, de no tener miedo, o de tenerlo pero hacerle frente, y de lo importante de estar juntas para poder sobrellevar estas situaciones. La metáfora para hablar sobre eso es que nosotras somos zombies, somos armas del miedo. Y el mensaje de este espectáculo es poder traspasar todos los miedos (políticos, sociales, personales, infantiles), pero juntas”.

En estas presentaciones se vuelve fundamental la aparición del zombie. ”La figura del zombie fue pensada desde ese lado. Si querés ir a ver una murga de mujeres porque están en culo, no es el caso, vamos a ser lo más feas que podamos ser para que no nos mires y que solo escuches y disfrutes de la situación. El zombie sale para poder sacarnos toda la parte de objeto”.

Son una veintena de mujeres que se paran en el escenario y lo hacen vibrar al ritmo del candombe y la marcha camión, en una unión que no deja de respirarse y transmitirse. Saben que la unión es lo que las hace fuerte. “Dentro del género nos ven con curiosidad, y nos dicen ‘ah, está bueno’, no esperan que esté bueno, se sorprenden. Y dentro del género la idea es visibilizar eso, ‘¿ves que pueden dirigir, que pueden tocar el “redo”?’”.

Las Cholas siguen avanzando, siguen creciendo, siguen conquistando y potenciándose. El 23 de abril en el CAFF están despidiendo su espectáculo ‘De Terror’, y ya están craneando lo que se viene: una reflexión sobre lo que es el progreso.

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Ale Kurz: «A mí me encanta la vida, pero la muerte es una consejera»

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El cantante de El Bordo presenta «Brillando azul», su primer disco solista inspirado en el mundo beatnik, los sueños anotados en una libreta y la experiencia de haber sobrevivido a la pandemia.

Ale Kurz. Foto: Emma Distilo

La palabra indicada para definir a Ale Kurz por estos días es fortaleza. Ese mantra de orden, silencio y plenitud que rodea al cantante de El Bordo se entrecruza con el ascenso de su propia identidad presente como solista y el camino recorrido con su banda de toda la vida. Es todo alegría verlo ahí, presente en la sonrisa perfecta que lo ilumina desde la puerta que abre en su departamento de Caballito, luego de haber estado internado con un cuadro grave de pulmonía bilateral por coronavirus. Esta fortaleza invisible y actual lo sostiene como un aura potente que destierra cualquier contacto cercano con la muerte.

En la entrevista, nos abre la puerta ese hombre nuevo, con los ojos brillantes y agradecidos. «Charly García dijo que hizo un disco y gracias a eso sobrevivió a la pandemia y a mí me pasa un poco lo mismo», dice mientras subimos en un ascensor diminuto con un espejo que lo devuelve prolijo, más parecido a un modelo publicitario que a un cantante de rock.

“Durante mi internación, pensé en proyectos que me dieran fuerzas para salir adelante”, repasa Kurz. Brillando Azul, su primer disco solista, sin dudas fue su gran motivación y se convirtió en un testimonio de vida.

El piso de Kurz también habla de esa marea de sensaciones que fluyen en él: lleno de luz, con las ventanas abiertas, libros de filosofía oriental a la vista pero ordenados y una pulcritud que lo aleja del prototipo de cantante de rock reventado. El libro de las mutaciones del I-Ching, famoso oráculo milenario chino, destaca en su biblioteca.

¿Así que te gusta el I-Ching?

Me encanta la filosofía oriental en general. No encontraba las moneditas que se usan para preguntar lo que querés saber de tu vida, pero me di cuenta de que estaban al lado, metidas en un sobre. Es un libro hermoso, suelo consultarlo pero lo importante es saber interpretar lo que te dice. Me asombra que tenga tantos años y haya sobrevivido a las civilizaciones y el paso del tiempo, como «El arte de la guerra». Son textos que se pueden seguir aplicando hoy, en la vida cotidiana; eso es alucinante.

¿Sos lector?

Soy muy lector beatnik. Me gustan mucho los norteamericanos de esa generación como Burroughs, Allen Ginsberg y Bukowski. Me encanta la filosofía, pero más cuando es urbana y se entremezcla con vivencias. La filosofía oriental, el budismo, son más teóricos y me cuestan más, pero cuando está mezclado con historias y cotidianeidad le entro más fácil. Aparte me gusta la belleza romántica que tiene ese lenguaje. También leo poesía y uno de mis libros favoritos es «Una temporada en el infierno», de Rimbaud.

¿Asociás los gustos literarios con tu búsqueda musical?

Siempre me gustó el rock de contenido. Esto no quiere decir que uno siempre comprenda lo que dicen las canciones, pero me parece mucho más atractivo cuando sabés que hay algo detrás. Por ejemplo, cuando empecé a escuchar La Renga, me volví loco con las conexiones que ellos hacían con los libros de Carlos Castaneda. Eso es lo que más me alucinaba de la banda. Cuando empecé a entender de dónde venía eso y a leer Las enseñanzas de Don Juan, se me abrió otro mundo. Ahí viajé por Latinoamérica de mochilero y me enganché con todo ese mundo. Mis viejos también son muy lectores y cuando yo era muy chico, mi viejo me dio para leer El Antricristo y me arruinó la vida (risas). Fue algo espectacular porque entendí que se podía romper con las tradiciones y los mandatos. La literatura es un combustible enorme, que mezclado con las vivencias te da mucho para escribir. También tengo un hábito que le robé a Gustavo Cerati, que es leer y mientras tanto tener un cuaderno al lado para anotar palabras que me gusten.

Ale vive en el último piso de un departamento de Caballito que, recuperando las palabras de su estado de ánimo, parece una fortaleza. Un lugar elevado, con ventanales abiertos por los que empieza, de golpe, a correr un viento fuerte pero soportable, que rodea la luminosidad de la tarde dibujada entre los edificios que se ven a la distancia. “Mi casa es así, está hecha de viento”, bromea el cantante que convive con Vicky, su novia a la que no pudo ver durante su internación por Covid, debido al aislamiento. “Nos llamábamos por teléfono y recibía el apoyo de mis familiares que iban hasta la puerta del hospital, aunque no podían entrar”, recuerda el artista de esa oscuridad que parece haber sido barrida por todo ese viento que acaricia su departamento.

¿Se puede decir que zafaste de morir?

¿Sabés qué fue lo que me pasó? Cuando estaba internado entendí que eso no podía ser el final, que había que seguir brillando en esta vida, aunque sea en un solo color. Ahí nació la idea de Brillando azul. En mi caso, la experiencia que viví fue un poco extrema. Siempre me cuidé mucho, por mi familia, pero con la sensación de que si me llegaba a agarrar el virus, no me iba a pasar nada. La cosa es que me contagié en febrero de este año y me pegó muy mal. No me lo esperaba porque no soy grupo de riesgo. Estuve nueve días con 38 de fiebre que no bajaba y los hospitales tampoco querían internar porque había superpoblación de camas ocupadas en terapia. Cuando conseguí hacerme una radiografía me dijeron que tenía neumonía bilateral y tuve que quedarme internado. El problema era que la fiebre no cedía y yo me sentía cada vez peor hasta que al tercer día me pusieron oxígeno. Me dolía el cuerpo y las costillas, no podía tomar aire, estaba todo flaco, chupado, sin fuerzas. Tuve suerte de salir y creo que, como diría Castaneda, fue un movimiento en mi punto de encaje que movió mi percepción sobre el mundo y tus prioridades.

¿Pensaste en la muerte?

No me llegué a asustar pensando «me voy a morir», pero sí reflexioné sobre lo breve de todo y que no hay tiempo que perder. Dije, «bueno, ahora salgo de acá, tengo estas canciones y las voy a grabar». Los proyectos me dieron fuerza para pensar en grabar los temas que tenía. El título del disco me bajó estando internado. Pensé en lo importante que es seguir brillando, aunque sea en azul, pero en esta penumbra tenía que aparecer la luz. Si entramos en un debate más conspiranoico, de alguna manera vivimos una Tercera Guerra Mundial, una guerra bacteriológica en la que los protagonistas no estaban claros.

¿Estás a favor de la vacunación?

Respeto al que piensa que no, pero de ahí a pensar que me van a poner un chip para controlar mis acciones… no llego a pensar eso. Sí creo que no es una vacuna que no tuvo el tiempo suficiente como para estar aprobada, sino que fue sacada de emergencia pero creo en la medicina occidental y tomo Ibuprofeno cuando tengo fiebre. Entiendo que el que vive en la montaña y no toma ningún medicamento ni come alimentos envasados no se quiera vacunar. Tampoco creo estar lo suficientemente capacitado como para discutir las vacunas, tendría que estudiar más del tema.

Brillando Azul, se aleja del sonido que venían manteniendo con El Bordo…

Sí, eso fue un movimiento deliberado de mi parte. La primera canción que me salió fue «El Comienzo», con un tono íntimo electrónico. Apenas la empecé a imaginar la sentí distinta y sin competir con lo que hago con la banda porque son dos propuestas diferentes. Entonces fui vistiendo los temas de una manera diferencial con algunos extremos como la última canción del disco, «Mar de Sonrisas», que salió solamente con guitarras, un cuarteto de cuerdas clásico y mi voz. Estos formatos se hacen más difíciles de llevar adelante en una banda de rock.

Es un disco que saca una parte tuya desconocida…

El disco me dio la posibilidad de llevar las canciones a otros lados. Por ejemplo, en «La mandolina» que tiene cosas más folk o temas que son más pop con agregados electrónicos, más alternativos. La verdad que estoy muy contento con los colores que tiene el álbum. Volviendo con Cerati, creo que seguí esa frase de él, cuando dice que el riesgo es el camino más intenso. Me gustó la idea de arriesgar y no pisar sobre seguro. Al mismo tiempo creo que tiene sentido que mi primer disco solista sea distinto a lo que hago con la banda, porque sino ¿para qué lo saqué? Siento que el resultado fue un disco muy íntimo, con interpretaciones de la voz muy al frente y una calidad de audio impresionante.

Ale hace una pausa, mira por uno de los ventanales que dan hacia el sur de Caballito mientras la tarde va agotando sus colores en un sol ya imperceptible. De repente se para y vuelve con una libreta de tapas de cuero marrón, como si se tratara de algún libro mágico de esos que guardaban los sabios de la Edad Media. “Mirá acá adentro anoto los sueños y las letras que se me van ocurriendo”, dice mientras pasa las hojas del cuaderno que lleva como título “La Pluma Vagabunda”; muchas anotaciones en birome bic azul, con pocas tachaduras, y caligrafía prolija en mayúsculas. “La verdad, no tengo idea de dónde sale todo esto; a veces pienso que soy una especie de muñeco al que le dictan todo lo que va saliendo mientras escribo”, reflexiona y el aire se contagia de esos versos de El Bordo: Dormido estás, viajando por tus sueños / y el sol que está buscando abrir tus ojos/ para que al despertar veas un mundo distinto/ que en vos tal vez cambió…

Hablando de la vida y la muerte, el rock parece siempre estar al límite de todo esto.

Es como una cuestión épica de tragedia griega. Se pone muy en juego el tema del amor, el romanticismo, la vida y la muerte. También la traición. El rock es un género muy pasional. A esta altura ya no hablamos del rock como un género musical, porque sería muy amplio todo lo que incluye dentro, pero sí que la cultura rock tiene que ver con la pasión, el sentimiento. No sé cuántos géneros musicales provocan que haya un chico o chica que se tomen un micro para ir a ver una banda desde Mendoza a Buenos Aires. No creo que esa movida exista en otros géneros que no sea el rock. Esa pasión despierta muchas variables y límites entre la vida y la muerte. Puedo nombrarte como ejemplos a los héroes del rock: Cobain, Janis Joplin, Hendrix y todo el Club de los 27 que yo por suerte ya pasé hace rato, porque tengo 38 (risas). A mí me encanta la vida, pero la muerte es una consejera, la que nos pone en vereda y nos muestra el riesgo. Vivir con la conciencia de la muerte es lo que te hace valorar el día a día y lo que tenés.

Hablando de estrellas de rock… ¿Cómo te llevás con la fama?

De entrada tenés que hacerle caso a los que te conocen de antes. Mi sensor siempre son mis papás. Si ellos dicen que hay algo que estoy haciendo que no les parece, es a los primeros a los que voy a escuchar. También a mi pareja y amigos que me conocen desde siempre. Esos son los que no quieren nada de vos, solamente te quieren y los más importantes. La vida es como un viaje en tren; a veces compartís el vagón con alguna gente y después te toca estar con otros, en otro trayecto. Por otra parte, no soy de esos que les gusta dar portazos porque el mundo es chico y a la gente te la volvés a cruzar. Si tengo que cerrar un vínculo, trato de que sea con armonía.

O sea, que no te presenta muchos inconvenientes…

Pasa que yo voy viviendo lo mío y creo que lo que me pasa es porque me tiene que pasar. Es lo normal, pero a veces pienso que tenía 23 años y estaba tocando en Obras para 4 mil personas. En ese momento no pensaba mucho en eso y ahora soy más consciente de que era un chico que estaba manejando un nivel de energía enorme. Me sorprenden esas cosas, pero también pasaron más de veinte años y creo que lo único que mantuve constante en todo ese tiempo fue a la banda. Cambié de gustos, formas de pensar, influencias, mil cosas; por eso tener un proyecto que dure tanto, con perspectiva a futuro, lo considero super valioso.

Grandes historias pasaron por ese tren de la vida que nombra Ale Kurz, llamado El Bordo. Desde sus inicios a fines de los neoliberales años noventas, como un grupo de amigos del colegio que debutaban en el bar La Colorada de Caballito, a un camino que los disparó a ser una de las bandas de rock barrial más convocantes de todo el país. De la explosión del Carnaval de las Heridas (2002), hasta Instante Eterno (2018) el acústico en vivo y publicado por Sony Music, la banda experimentó un crecimiento sostenido en seguidores y solidez musical.

¿Se llevan bien entre ustedes?

Claro, por supuesto. Hay un vínculo sano, lo que no quiere decir que existan conflictos porque son inherentes a la vida humana. Nos queremos mucho y queremos lo mejor para el otro. Eso es lo que hace que el proyecto dure tanto. Esto que estoy haciendo ahora es un poco una inquietud artística que quiero que conviva con el grupo. Estoy muy contento porque ahora tengo a mi banda de rock y por otro lado mi proyecto más íntimo, al que voy a llevar a salas de teatro y lugares más chicos. Ambas cosas me dan una visual artística que me resulta muy atractiva.

«La Pluma Vagabunda» sigue apoyada sobre la mesa, con sus tapas de cuero marrón cerradas y una pequeña piedra de color rosa que lo adorna en la parte de arriba. Adentro están los gritos y sueños de Kurz, esas contradicciones abstractas que según los psicoanalistas vienen del inconsciente de las personas, pero los artistas saben que no puede ser solo eso, que hay mucho más, por eso siguen escribiendo.

¿Qué sentís cuando escribís las letras?

Mis letras son genuinas, nada de lo que escribo es impostado. Vos me decías hace un rato que soy prolijo y creo que la elegancia es un valor muy importante, también en las palabras y el modo de decir las cosas artísticamente. Eso lo veo como un todo que quizás tenga que ver con el momento que estoy viviendo ahora, a esta edad. Por ahí, de chico era solamente la pasión y buscar el desenfreno y el éxtasis que genera la música y cualquier tipo de expresión artística. El rock te vende una desprolijidad que no es real. Hendrix a la noche se clavaba un ácido, tocaba y se prendía fuego con la guitarra, pero si lo agarrabas a la mañana, el tipo sabía muchísimo de música, instrumentos y obviamente que también sabía de guitarras. La comercialización mainstream que se hizo del rock estuvo relacionada con el descontrol, el reviente, el exceso. No creo que puedas durar demasiado de esa manera, y mi objetivo es durar con pasión, transmitiendo algo que sea genuino.

¿Notaste alguna influencia particular en «Brillando azul»?

Siempre que lo escuché me pareció que era música nueva. También encuentro influencias, por ejemplo cuando uso la mandolina, hay algo de Chris Cornell en su etapa solista, también de Johnny Mitchell y Led Zeppelin. En otros momentos el disco suena más beatle, más britpop onda Stereophonics o The Verve. Incluso alguna cosa más pop como The Killers o Kings of Leon. Son bandas que me gustan mucho, que se alejan del sonido de El Bordo como INXS. Michael Hutchence me parece uno de los mejores cantantes de la historia. Escuché cosas muy variadas que participaron indirectamente como influencias en el disco y me gustó mucho el resultado final.
Brillando azul, se compone de ocho temas con todas estas influencias que comenta Kurz y más. El álbum consuma una vida propia con fuerza y sutileza en un espectro rockero que conmueve por lo poético de sus capturas musicales pero también por sus letras que rozan la experiencia personal reciente del artista: El miedo de vivir nos va a enfermar, nos va a partir, nos va a cobrar nuestro festín, dice el “Penumbra”, el tercer tema del disco. Se hace de noche y el vendaval persiste. Los ventanales siguen abiertos en el departamento de Ale y ese viento que todo empuja continúa llevándose lo malo para que quede lo bueno. Esas ráfagas que bien podrían ser el amor por la vida del que se sirve Kurz todo el tiempo, escribiendo en ese libro mágico que contiene todos sus sueños.

Kurz presentará «Brillando azul» el domingo 5 de diciembre a las 21 hs. en el Centro Cultural Konex, Sarmiento 3131, CABA. Entradas a la venta en este link.

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Dalmanerea: «En este EP se vienen letras divertidas, pero profundas»

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El sexteto presenta «Alas», un single adelanto de su próximo EP «Pornopop», quinto trabajo de estudio. La canción mezcla rock y funk e invita a repensar cómo pararse frente a aquellos que intentan imponer su manera de pensar o, como dice la letra, a «iluminarnos».

Dalmanerea está compuesta actualmente por Betolón (batería), Guzza2K (bajo), Lex-Loro (guitarra), DJ RickyMendó (deejaying), Petrungaro-I (voz) y Varmando (voz y danzas).

Petrungaro y Varmando nos contaron la producción de este tema, como viene la producción de su nuevo álbum de estudio y sus próximas presentaciones.

¿Cómo fue la producción del video y del tema?

Petrungaro: «Iluminatus» es el primer corte y «Alas» es el segundo adelanto del álbum que vamos a sacar el próximo año. Es un material que grabamos durante la pandemia en los Estudios Kimono con nuestro productor Martín Misenta, que nos grabó. Quisimos romper las estructuras y salió esta canción.

¿Pudieron implementar con el streaming?

Petrungaro: Hicimos dos. Fue una experiencia rara, distinta, pero teníamos tantas ganas de tocar que lo disfrutamos.

Varmando: Las dos experiencias que hicimos fueron en la modalidad falso vivo, por un tema de tecnología. Muchos de los streamings que se hicieron en tiempo real, la verdad, que no salieron bien. En términos de infraestructura, Argentina no está preparada para esto. Más allá de eso, los falsos vivos anduvieron bastante bien.

¿Quién compuso estas canciones?

Petrungaro: Algunas ya estaban, otras fueron en conjunto. Sobre todo Marce Varmando viene con la letra ya preparada, entonces se va creando a partir de eso una historia. En otras oportunidades hice mi aporte. Se genera un proceso de composición medio de juego. No vamos con algo super armado, la idea es súper abierta y cada uno de la banda va aportando su cuota desde el lado instrumental o interpretativo. Nos respetamos entre nosotros.

¿Este EP surge en pandemia o ya lo tenían pensado desde antes?

Varmando: Nosotros tenemos una mecánica: cuando juntamos material nuevo tratamos de grabar. Venimos con una dinámica más o menos cada un año, año y medio hacer un disco. Con este, no juntamos material para hacer un disco… hicimos un EP, porque queríamos plasmar la identidad nueva musical que estaba tomando la banda con la incorporación de Agustín en el bajo, Diego (Petrungaro) haciendo otra voz junto con la mía. Sobre los finales incorporamos un DJ. Estábamos urgidos por plasmar eso. Esto fue parte de esa movida por las ganas que teníamos de mostrar esto.

¿Qué se viene en este nuevo álbum?

Varmando: Se vienen letras divertidas, pero profundas. Mucha energía, pero también mucho laburo musical. Canciones que podes cantar, todo eso junto. Están buenas a nivel producción, compositivamente, armónicamente.

En una palabra, ¿que significa este nuevo disco?

Petrungaro: El nombre del EP, PornoPop.

Varmando: Energía.

¿Cómo viene este show el 26 de noviembre? ¿Tienen otra fecha para cerrar el año?

Petrungaro: Vamos a cerrar el año con esta fecha en Rondeman Abasto, por eso lo hacemos bien a fin de noviembre, con invitados. En el verano por lo general estamos en la Costa, a veces nos juntamos, podemos tocar en algún lado, pero en Buenos Aires no hacemos muchas cosas durante esa etapa. Salvo que surja algo antes de fin de año, algún festival.

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Nonpalidece: «Fijamos objetivos que nos han unido, más que separado»

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Reafirmando el camino recorrido durante estos 25 años de trayectoria, la banda presenta su sexto disco de estudio. Un material sincero y urgente, que refleja la esencia de sus comienzos; a la vez que se fusiona con el rap.

Nonpalidece. Foto: Gallo Bluguermann

Grabado en su sala-estudio de Tigre por Adrián Pagliano, y mezclado en Limonhero por Marcelo Masceti, «Nonpalidece» cuenta con diez tracks originales, de los que se destacan a «Slogan» (octubre 2020) y «Vuela alto» (noviembre 2020) como los primeros adelantos.

La propuesta integral viene acompañada de un videoclip, dirigido por Santiago «Gallo» Bluguermann, correspondiente al corte «La alegría». Del mismo participa el ganador de la FMS Argentina 2021, Stuart; con la actuación especial de invitados de lujo como: Luis Alfa (C4), BlackDalí, Klan y Mustafa, entre otros colegas del género.

En charla exclusiva con Rock.com.ar, Néstor Ramljak cuenta los detalles de este gran desafío que asumen en tiempos pandémicos.

Pasaron la bisagra de los 25 años, lo cual reafirma un camino de resistencia y de perseverancia que no cualquiera está dispuesto a asumir.

Néstor: La reflexión que me queda es que fijamos objetivos que nos han unido, más que separado. Y en todo eso tienen que ver la música, las ideologías, la amistad y un montón de factores que hacen que estos 25 años nos sintamos muy recientes. Es una fecha que te lleva a hacer balances, pero seguimos siendo los mismos siete que grabamos el disco. Vamos a ensayar y compramos las birritas. En algunos aspectos parece que el tiempo no nos ha pasado.

Ciertamente, tienen su fórmula para mantener el espíritu como grupo de trabajo y, sobre todo, humano.

Néstor: Sí, totalmente de acuerdo. Hay una química, como también los momentos de rispidez que suceden en cualquier convivencia después de tantos años; pero siempre en buenos términos.

¿Pesa cierta responsabilidad en relación a otros proyectos que están iniciando?

Néstor: La verdad que no. Sí tenemos aspiraciones y tratamos de obrar en consecuencia de nuestra filosofía. Prestando el escenario lo máximo posible. Me refiero a darle lugar a proyectos emergentes. En el caso de salir a presentar el disco, con una puesta muy particular y un show largo, quizás se complica un poco invitar bandas. Es diferente a cuando armás un festival, en el que proponés y sugerís a colegas. Tenemos una linda historia, que podemos contar y compartir. Si eso contagia, bienvenido sea.

Hablemos de la cocción de estas diez canciones que integran el álbum.

Todo empezó en junio del 2020, pero entre octubre y diciembre de ese año lanzamos dos canciones. Fue una manera de decir acá estamos y tenía que ver con cuestiones internas de banda, más vinculadas a juntarnos en el estudio. Los meses subsiguientes terminamos de trabajar y mezclar las ocho canciones inéditas. «Vuela alto» y «Slogan» las habremos tocado en vivo ocho veces, como mucho.

¿Qué metodología aplicaron para distribuirse las tareas compositivas y de pre-producción?

Néstor: La pandemia nos cambió la cotidianeidad, porque solíamos trabajar mucho en nuestra propia sala. Poniéndole muchas horas a la composición musical, al arreglo y la pre-producción. Lo hacíamos mucho tocando, pero en esta oportunidad más compleja y, también, por temores de contagio; lo manejamos a la distancia. Hubo intenciones de que el proceso creativo empezara antes, ya que veníamos grabando algunas cosas en buenas condiciones. Nos pusimos a escucharlas, mientras que otras se generaron a la distancia. Siguieron los encuentros de cuarteto o trío para grabar bajo, batería y teclado. Queríamos darle cierta impronta en vivo. Después nos turnamos para ir, pero se dio más en función de cómo nos podíamos juntar. La pandemia nos reubicó en esa tarea, pero siento que el disco quedó orgánico y estamos súper conformes porque nos representa al 100%. Nos despojamos de un montón de prejuicios y decidimos grabarlo así. Es un disco sincero, urgente y necesario. Nos vino a resignificar, por eso le pusimos el nombre que le pusimos.

Algo que me llamó la atención fue el hecho de que volvieran a las raíces y, a su vez, trascendieran la barrera del reggae para fusionarlo con el rap.

Néstor: Sí, pero no está tan lejos del rap. No sé si el que conocemos nosotros desde los freestylers, o esta canción que hicimos con Stuart, pero sí hay mucho. De hecho, Damian Marley tiene una manera de cantar más cercana a ese género. La situación con Stuart, que es uno de los invitados, se dio descubriendo la FMS en pandemia. Me gustó y me enganché. No sabía de qué se trataba y en ese descubrir, llegué a él. Lo empecé a ver y terminó saliendo campeón, pero lo contacté antes. Le conté del proyecto y le encantó la idea. Vino a nuestra sala, escuchamos el disco entero y eligió esa canción para grabar. Creo que quedó una bomba, más allá de que parezca re loco cruzar el rap con el reggae. Todo está en la música negra y, en definitiva, viene de ahí. El otro invitado fue Juanchi Baleirón en «Salir del olvido», que es un amigo de la casa y tiene una historia re linda con Nonpa; de mucha generosidad.

A diferencia de otros intercambios del trap/rap con el rock argentino, cuando escuché su canción me pareció que lograron una fusión más amalgamada.

Néstor: Porque él se subió a nuestra base y fue lo que más le gustó. De hecho, cantó sobre mi segunda estrofa. Borró una e improvisó sobre lo que ya estaba grabado. Hay una transición en la canción, donde aparece una batería hip-hopera y está muy bien lograda. Pero lo que más nos gustó fue que pudo subirse a nuestro ritmo, dándole su impronta; y quedó bien amalgamado y potente.

¿De qué manera acompaña la propuesta audiovisual del corte «La alegría manda»?

Néstor: Los videos los hacemos de manera autogestionada y trabajamos con el Gallo Bluguermann. Además, es nuestro fotógrafo y a la hora de ponerle imágenes a los videos, resulta ser el equilibrio perfecto entre costo/calidad. Lo empezamos a cranear con la idea de generar un desencuentro que terminara en un encuentro; porque juntos somos más y hacemos la diferencia. Con esos pequeños delineamientos, desde la banda empezamos a proponer el lugar y la estética.

¿Qué nos podés adelantar de las presentaciones que se vienen?

El plan es generar algunos conciertos que tienen que ver con la presentación del disco. Lo que viste seguramente fueron las fechas de Rosario y Neuquén. Estamos terminando de diagramar los shows que van a suceder en noviembre. Pueden ser en Capital y provincia porque los lugares están teniendo mayor previsibilidad. A su vez, queremos llevarlo al interior del país para llegar en marzo al Luna Park. Esos son los objetivos y, en medio de eso, tenemos prevista una gira por México y algunos países de Latinoamérica; sujeta a este día a día, que tiene que ver con restricciones, liberaciones y aprobaciones.

¿Sos de escuchar tus propios discos?

Néstor: Éste lo estoy escuchando mucho porque lo grabamos sin haberlo tocado y tenemos que aprenderlo. Al tener otra dinámica de trabajo, nos encontramos con un disco que hay que ensamblar. De hecho, estamos juntándonos tres veces por semana, durante muchas horas, para que fluya la música. Como también participo mucho de la mezcla y de la producción, generalmente para cuando sale ya lo escuché dos millones de veces. Entonces, le doy una pausa porque me canso de mí mismo. Creo que una de las peores cosas que me puede pasar es ir a comer con la banda y que pongan la música.

Me gustaría que eligieses una de las canciones del último disco para compartir con los lectores de Rock.com.ar.

¡Qué difícil! Si están ahí, y salieron esas diez, fue porque pasaron por varios filtros y las recontra bancamos. Sin embargo, me pasó de subirme al caballo de estas redes sociales, que hacen una devolución instantánea del disco, y hubo una canción en particular con una recurrencia. Tiene una historia personal y se llama «Entre risas», así que elijo esa en esta ocasión.

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