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Entrevistas

#Entrevista Mujeres en el sonido: «Tomamos los lugares que nos corresponden»

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Natalia Perelman y Paulina Chiarantano son parte de la Red de Mujeres en el Sonido (RMS). Luego de años de estudiar y trabajar en un ambiente hegemonizado por la presencia de varones, un grupo de mujeres decidió formar un espacio donde compartir inquietudes y proponer acciones para visibilizar su trabajo. En esta entrevista, cuentan qué las movilizó a crear la Red y cómo es la lucha cotidiana para habilitar espacios históricamente vedados para las mujeres.

La RMS está formada por mujeres que se desempeñan en diferentes ámbitos del amplio mundo del sonido: la parte técnica; el sonido en vivo; la producción, grabación o mezcla;    entre otros. Haciendo base en un grupo de Facebook, la RMS propone actividades de formación y de discusión. Chiarantino es asistente de estudio, de grabación y mezcla, y Perelman se define entre risas como “mezcladora”: grabación, mezcla y producción en estudio. Señalan que cada vez son más las mujeres que trabajan en estudios, “al que se entra como asistente y hasta que a una le empiezan a dar los primeros trabajos como técnica”

– ¿Cuáles son las situaciones por las cuales surge la necesidad de organizarse en red?

Paulina Chiarantano: Hay un par de situaciones en particular, que pensamos con las compañeras que la empezamos, que nos gustaría que pasen y que no están sucediendo. Por ejemplo: tener referentes mujeres en el ambiente del audio. Vemos que hay muchas chicas más jóvenes -a mí me pasó cuando empecé a estudiar producción musical- que no tienen referentes y no se animan porque piensan que es un trabajo de hombres, que no las van a dejar pertenecer. Entonces justamente lo que queremos hacer es revertir esa imagen de este oficio, porque es una lástima que dejes de hacer lo que querés simplemente porque no podés entrar. No hay ninguna regla, ninguna ley que diga que por ser mujer no podés. Pero se da un poco que es un club de pibes y siempre está esta cuestión de «¡no!, ¿cómo va a haber una chica en el estudio? No se pueden hacer más las cosas que se podían hacer». Justamente ese es uno de los puntos. También el tema de la inclusión laboral, al ser un club de chicos siempre hay más complicidades entre ellos y siempre quedas relegada. No sucede esa misma fluidez de pasarte trabajo, tenerte en cuenta… Siempre quedas ahí, como en un costado.

Natalia Perelman: En el estudio de grabación se da mucho la situación entre técnico y asistente donde se pasa el oficio como se hacía antes, y es muy difícil que esa situación se dé entre hombre y mujer. Generalmente el técnico con más experiencia encuentra más fácil la situación de padrinazgo con un hombre. De alguna manera la intención de reunirnos está en ver cómo podemos revertir esa situación y ayudarnos entre nosotras.

– ¿Cómo está compuesta la red?

Paulina Chiarantano: Actualmente está en formación. Recién la empezamos en enero, hace muy poquito, y tuvimos una gran respuesta de todo el país, de chicas de diferentes provincias. Fue increíble. La planteamos de la forma más horizontal que se pueda. Justamente por eso hicimos mucho hincapié en la palabra red, porque queremos que no sea una bajada de línea de “queremos que pasen estas cosas”, sino de poder ayudarnos entre nosotras y que si alguna tiene data que quiere mostrar, que le sirva a otra y viceversa. Que se genere algo fluido. Y creo que, más o menos, lo estamos logrando. Estamos organizando, entre las que empezamos con el grupo de Facebook, actividades para darle más movimiento, que se conozcan las chicas entre sí y generen sus equipos de trabajo. Simplemente generar momentos y puntos de encuentro.

Natalia Perelman: Fue muy rápida la respuesta y muy amplia, con mucho entusiasmo. Se ve que esto era algo que veníamos sintiendo desde hace rato. Conmigo, particularmente, había un montón de chicas que se habían puesto en contacto a través de mensajes de Facebook. Simplemente para ponerse en contacto, para decirme “hola, acá estoy, cualquier cosa que necesites…” o “me gustaría poder hablar de lo que me pasa en el trabajo, ¿vos cómo lo viviste cuando empezaste? ¿Qué experiencia tuviste cuando tuviste que empezar a trabajar en el estudio?”, “Yo siento tal rechazo en el laburo…”. La verdad es que la comunicación fue muy rápida, una respuesta favorable para la red.

La RMS participando de la charla «Mujeres, Arte y Tecnología: visibilización de las trayectorias artísticas y proyecciones en las obras”en las Jornadas de Arte, Música y Tecnología de la Universidad Nacional de Quilmes. Fuente: Facebook de RMS

Entre las actividades que propone la red, una de las predilectas para generar nuevos encuentros son los talleres técnicos, que tienen que ver con la electrónica, como el taller de armado de cables. Perelman señala que estos talleres funcionan como “una linda excusa para conocernos y ampliar nuestros conocimientos en el campo de la electrónica del sonido”, y es una manera de buscar contactos más allá de las redes sociales, donde puedan conocerse las caras y “la voz, sobre todo. Para nosotras eso es algo muy importante”.

– En los talleres que realizan puede verse que también participan varones. ¿Hay un planteo explícito de la Red sobre esto?

Natalia Perelman: Absolutamente. Es justamente un poco el revertir el rol de aprendiz y de maestra y de que fuera inclusivo, que no fuera nada más para chicas. Ese es también uno de los puntos relevantes de todo esto.

Paulina Chiarantano: Nosotros nos organizamos más que nada por redes sociales. Tenemos por un lado la página y un grupo de Facebook y el Instagram. En el grupo de Facebook sí somos todas chicas. Más que nada por una cuestión de que estamos todas en todos los grupos de sonido que ya existen y más o menos la relación debe ser veinte hombres, una mujer. Entonces si querés discutir de esto es muy difícil encontrarte con comentarios o chicas que quieran estar y exponerse a la situación de hablar de eso ante un montón de hombres. Por eso, al principio, la idea fue que armemos el grupo entre chicas y después vemos qué pasa. Y resolvimos que hacíamos el grupo público, de forma que nosotras hablamos de los temas que nos preocupan y después los hombres pueden leer. Pueden seguir las conversaciones. No podés comentarlo en el grupo, pero lo podés seguir si te interesa. Más que nada por esta cuestión de que en tantos lugares (en esto voy a hablar por mí y lo he escuchado de otras compañeras), te sentís juzgada todo el tiempo: que están esperando ahí, mirándote fijo a ver cuándo te equivocas. Entonces, justamente, era importante tener – al menos al principio- un espacio donde compartir esas cosas sin sentirte tan juzgada.

Natalia Perelman: Un espacio de comodidad. En esta profesión sentirse cómoda es difícil siendo la única mujer. Yo pienso en la situación de estudio de grabación, también entre diez o quince hombres en general. Se plantean una tras otra situaciones de incomodidad. Entonces un poquito de mimos entre nosotras, de cuidado, en este momento viene bien.

– En el armado de la red ¿Influye también la situación general de empoderamiento contra las violencias hacia las mujeres? Mencionaban el “contar” como herramienta, y es inevitable la referencia al #YaNoNosCallamosMas.

Natalia Perelman: Creo que es inevitable. Somos una ola en el océano, somos parte de todo. Se siente en un montón de niveles. Y bueno, aleluya que está llegando el momento de visibilizar las ganas, la lucha… Es un montón de cosas. Somos parte de todo.

Paulina Chiarantano: Es muy difícil y en este ámbito particularmente porque tu trabajo depende de eso. Obviamente es difícil en todos los ámbitos, en todas las circunstancias, pero está agregado. Es muy difícil hablar de eso, visibilizarlo y cuestionarlo, cuando sabes muy bien que abrís la boca y no trabajas nunca más, porque es un ambiente muy chico y manejado por pocas personas. No es algo diversificado donde, a lo mejor, te cambias de provincia, te cambias de ciudad y ya está. No, no está, para nada está, porque todo el mundo se conoce entre sí. Entonces, al mínimo problema que tenés, tenés que poner en la balanza qué es lo más importante. Bueno, me la fumo y sigo trabajando o lo visibilizo y tal vez pierdo el lugar de trabajo y la posibilidad de trabajar en esto el resto de mi vida. Es muy problemático.

Natalia Perelman: Es grave. Yo me vi en una situación así. Y sabía que mi trabajo pendía de lo que hiciera y consideré que no era tan grave para mí, pero lo era. Lo que pasa es que no quería perder el trabajo. Y no me pasa a mi nada mas, nos pasa a todas… En mayor o menor medida. Este también es un lugar para eso, para sentirse contenida y poder contar este tipo de cosas. No es que la solución esté a la vuelta de la esquina, pero ya empezar a contarnos entre nosotras y ver qué podemos hacer, es un paso gigante.

Paulina Chiarantano: También, el hecho de unirse como grupo hace que nuestros compañeros varones se cuestionen el por qué sentimos la necesidad de juntarnos y hablar, y hay muchos que reaccionan de esta manera: «¡No! ¿Por qué se autoexcluyen?». Y tenés que sentarte a explicar. Hay gente que tiene más paciencia, hay gente que tiene menos paciencia y no la culpo porque la verdad que es un trabajo pesado ponerse a explicar algunas cosas. Y hace que se lo empiecen a cuestionar. Yo tengo compañeros que, al principio, se mofaban de la situación y ahora están hablando con lenguaje inclusivo, así que es posible el cambio. Obviamente es un poquito de trabajo de hormiga, pero en grupo se hace más fácil. Por eso nos unimos.

En el grupo de Facebook de RMS ya son más de 250 mujeres profesionales, estudiantes o simplemente curiosas del amplio mundo del sonido. Las entrevistadas reconocen un notable incremento en la participación y el interés de las mujeres en el rubro en los últimos años. Se trata de un trabajo fino, pero constante, de empoderamiento: “poder mostrarnos en situaciones de docente, de técnica, como para que vean que es posible y que se puede avanzar, que hay otro rol que no es el del masculino”.

– ¿Pasa lo mismo en otros ámbitos? Que tengan que meterse, insistir y plantarse por ser mujeres en la técnica o el sonido.

Paulina Chiarantano: La verdad es que hablar de la Red, inevitablemente, hace que hables de la experiencia personal, porque lo personal es político. Entonces, escuchamos un montón de historias de personas que les ha pasado que no han sido incluidas en proyectos, eventos, instituciones. Siempre pasa lo mismo. Hay un evento y hay cinco referentes: son todos hombres, y es terrible. Y siempre está esta cuestión de “Eh, pero es por el conocimiento que tienen…”. Sí, bueno, justamente hace 50, 60 años, no podíamos votar. Obviamente que esto va a pasar, el desequilibrio. Y si no lo hacemos pasar al equilibrio, no va a pasar porque, obviamente, hay gente muy cómoda en su respectivo lugar. Por eso también se nos tilda de mala onda, feminazis, y todos los adjetivos peyorativos que se le puedan ocurrir a la gente porque justamente es algo activo lo que se hace, no es que pedimos por favor que nos incluyan. No, simplemente vamos y tomamos los lugares que nos parece que nos corresponden porque trabajamos por ello y estudiamos para ello. Yo terminé el secundario en 2009, empecé a estudiar en 2010 y la verdad que hasta 2016 yo sentía que en ámbitos de audio decían cosas que me parecían completamente desagradables, y tenía que hacer y seguir como si nada porque si no caías mal. Caías mal y perdías trabajo, y simplemente por decir “che, me parece que lo que dijiste no está bueno…”. Lamentablemente sucedió y sigue sucediendo. Por suerte ahora que estamos un poco más visibilizadas, sí lo haces notar. No es tan terrible porque justamente se viene hablando y saben que está mal. Hay gente que de hecho es como que va a decir y de repente te ve y se echa para atrás, viste.

– ¿Qué planes tiene para el futuro la Red?

Paulina Chiarantano: Talleres técnicos, conversatorios, siempre darle hincapié a la parte social y la parte técnica en partes iguales. Porque sí obviamente es buenísimo tener la contención, pero también está buenísimo tener las herramientas para poder trabajar. Poder ocupar el lugar que creemos que nos corresponde. Así que, por lo pronto, estamos planeando seguir con la parte técnica, y en lo que salga, lo que nos quieran invitar. Obviamente vamos a todos lados porque es justamente esto de la visibilización lo que al menos, a mi yo de 16 años, le hubiese encantado que pasara. Yo no puedo parar de pensar en eso, así que vamos a todos lados donde se nos invita, y donde se pueda, se hace. Aparte justamente con respecto a lo horizontal de la red, si hay alguna compañera que tiene un plan o una idea, se escucha, se toma en cuenta. Así que, obviamente, hay cosas que vamos planeando, se nos ocurren y las sugerimos con las compañeras; pero todas están incluidas, la que tenga una idea, una duda, una consulta, de cualquier ámbito del sonido.

– La horizontalidad tiene que ver con evitar referencias o…

Natalia Perelman: ¡Porque se están cayendo muchos sistemas! (risas). Entonces la idea es un poco empatizar y que no pase lo mismo en un micro nivel, digamos, entre nosotras. La idea es que no se sientan cohibidas porque no tienen experiencia o porque viven lejos, entonces de alguna manera, es eso: ver cómo nos podemos integrar.

* Entrevista original realizada por Diego Domínguez para La Colectiva Radio 102.5FM. Agradecemos la cortesía de brindarnos audio y desgrabado para la confección de esta nota.

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Soy Rada: «la clave es hacerme cargo del éxito»

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El mutifacético Soy Rada presenta «Revuelto» el 11 y 12 de diciembre en el Teatro Opera, con dos únicas funciones cargadas de magia, música, humor y sorpresas. En esta oportunidad, Agustín Aristarán nos pasea por los hitos que le hicieron saltar una y otra vez a nuevos trazos, nuevos lenguajes, nuevos vértigos y nuevas historias que contar.

Fotos: Facu Suárez @irishsuarez

«Revuelto» llega en un tiempo bisagra para el artista, de cierres y aperturas. En el relato no hay cronología, todo convive en su creación: lo que fue, lo que es, lo que se viene. Un camino hecho de andar, que presenta el 11 y 12 de diciembre en el Teatro Opera y profundiza antes en charla con Rock.com.ar.

¿En qué sentís que maduraste más durante estos años?

La música es lo más nuevo que vengo haciendo, pero creo que maduré en lo compositivo, la escritura y en lo sonoro.

Iniciaste tus espectáculos fusionando la magia con el humor. ¿En qué momento te hizo el quiebre para mutar hacia la música?

El primer quiebre fue durante el primer espectáculo de «Soy Rada», cuando decidí guardar al mago. Apareció fuerte la música, pero ejecutada con mi banda. Entendí que quería unir mi proyecto musical con mi proyecto de teatro y comedia. No obstante, ambos van por caminos separados: el teatro con la banda o la banda sola.

¿Cómo encaraste las primeras composiciones?

Tenía cositas guardadas y empecé a escribir. Me junté con Charly Palermo, que es el director y amigo del grupo, para ponerle música a las letras que yo iba tirando. La primera etapa de Soy Rada And The Colibriquis habla más de mi infancia. Ya los demás son un poco más maduros, en Capucá y Álbum de Cicatrices pesa la adultez.

¿Cómo describirías a tu proyecto?

La verdad es que me puse a pensar cómo escucho música y no consumo discos enteros de un mismo género, sino que voy por canciones separadas. Me gusta hacer lo que me gusta escuchar y no tiene un estilo definido. Hacemos trap, como también rock y hip-hop. Pasamos de la cumbia, o una balada desgarradora, hasta una canción de María Elena Walsh hecha punk. Son todos temas propios y algunos covers del primer disco.

¿Qué sensaciones te trajo tu primer concierto y asumir el rol de cantante?

El primer show fue en el festival gastronómico Wateke, que se realiza en Capital y ya tiene varias ediciones. La verdad es que fue bastante inconsciente subirme al escenario como frontman de una banda a cantar, pero como me considero un actor relativamente bueno, actué de cantante. De esa manera la piloteé y la pasé bárbaro.

¿Qué lugar ocupa la música en tu vida?

Está en un lugar principal, me crié escuchando y tocando desde muy chico. En mi casa siempre hubo mucha y muy diversa música. Mi hermano es un gran artista y la gran mayoría de mis amigos están en la misma. Es fundamental para mí y amo esta carrera que estamos haciendo. Desde luego que no invalida las otras cosas que realizo. En los discos de los Coli, y en mi vida, conviven un montón de géneros que tienen que ver con el entretenimiento y el arte.

Cosechaste una cantidad inmensa de seguidores que manifiestan cariño en cada propuesta que compartís. ¿A cuál de tus roles o virtudes se lo adjudicás en mayor medida?

Creo que la clave, si es que hay alguna, es hacerme cargo del éxito. No por el hecho de que me vaya bien, sino porque vivo de lo que me gusta y la gente que me quiere, yo la quiero también. Creo que es por la diversidad de cosas que hago y busqué público para cada una de ellas. Por ahí, al que le gusta mi música no le gusta tanto mis contenidos en redes sociales; o a la inversa. Otro mira el contenido de YouTube y no le copa tanto lo que hago en Instagram. El público fue encontrando qué le gusta de mí.

¿Qué condimentos tendrán estas dos funciones en El Opera?

Por empezar, no toqué con espectáculos míos en El Opera. Sí en festivales y algunas cosas para las que me convocaron. Creo que, junto al Gran Rex, son los teatros más importantes de la Ciudad de Buenos Aires. Hace mucho tiempo que quería estar en ese escenario y de la mano de 300, productora con la que estoy trabajando, lo vamos a hacer. Será un mega espectáculo de comedia, donde pasará de todo y volveré a mis raíces con la magia. A su vez, presentaré canciones nuevas de los Coli. Hay un disco entero que está macerándose con otro tiempo de composición y otra gente con la que trabajé. Algunas de ellas van a estar presentes. Todo estará perfectamente enjambrado y revuelto.

¿Siempre manteniendo la misma formación?

En realidad, hay un guitarrista nuevo, que es Kahil Ferraris. También está Charly Palermo en bajo, Pablito Vignati en batería y Martín Rosas en segunda guitarra. A su vez, habrá una sorpresa para el final que me dan unas ganas de contarla, pero no puedo. Para los que vengan, me hago cargo y digo: «Yo estuve en Revuelto cuando se pudrió todo en El Opera».

Si tuvieses que elegir una canción para iniciar al lector de Rock.com.ar en en el mundo Colibriquis, ¿cuál sería?

¡Qué difícil! Te voy a decir dos porque nunca me quedo con una sola cosa. «Avisame cuando llegues» es la canción que más se popularizó de la banda y es un reggae que me gusta mucho porque tiene algo muy lindo en su estribillo. La segunda es «Vertical», un trap medio rockero que nada tiene que ver con la primera. Ahí están las dos puntas del proyecto por las que pueden empezar.

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Los Espíritus: «Quedó algo muy ecléctico»

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La banda llega el 10 de diciembre al Teatro Gran Rex para presentar «Sancocho Stereo», su quinto álbum de estudio iniciado lúdicamente como un programa radial ficticio.

Los Espíritus. Foto: Guido Adler

A una década de haber irrumpido en la escena emergente, y luego de girar por Latinoamérica y Europa, la agrupación compuesta por Maxi Prietto en guitarra y voces; Miguel Mactas en guitarra; Martín Ferbat en bajo; y Pipe Correa en batería, nos deleita con «Sancocho Stereo»: su quinto álbum de estudio involucra a amigos de ruta como Daniel Melingo, Carca y Gustavo Santaolalla, entre otros. También cuenta con el aporte periodístico de Enrique Symns y Norberto «Ruso» Verea, que ponen sus voces al servicio de este experimento de psicodelia comunitaria. El álbum está compuesto por 14 tracks, de carácter heterogéneo y multifacético, que se profundizan en Rock.com.ar mediante una charla con sus protagonistas.

¿En qué momento se encuentran Los Espíritus?

Maxi Prietto: La verdad que es un momento muy productivo y prolífico. Cuando arrancó la pandemia descansamos y aceptamos el momento. Después se nos ocurrió la posibilidad de trabajar de una manera distinta y producir canciones a la distancia. Así tomó forma este primer capítulo, que se terminó publicando en las plataformas.

Le siguió el segundo, donde ya estaba Melingo como invitado. Para esa instancia podíamos ir al estudio, entonces tocamos con un sonido más nuestro. La idea fue tratar de relacionarnos con músicos y se terminó transformando en un disco que nos dio muchas alegrías.

Trabajamos con Melingo, con Carca; presentamos un blues nuevo e hicimos una versión de un tema de Vox Dei. También tenemos a Santaolalla.

¿Qué conexión existe entre los invitados?

A Santaolalla lo conocimos hace unos años y quedó la idea de hacer algo. Una vez nos invitó a conocerlo e hizo una apreciación del grupo y del sonido. Quedamos fascinados porque nos dio una visión que ninguno de nosotros tenía. Después lo cruzamos en un festival y tocamos unos temas juntos. La colaboración finalmente tomó forma con «Lagunas blancas», que es una canción nueva de carácter experimental.

A Melingo lo tenía muy presente porque siempre fui fan de su obra y no podía comprender que la admiración fuese mutua. Se dio una amistad espectacular e hicimos muchas juntadas en la terraza. Aprendimos mucho durante las charlas, hablando de experiencias y música.

Con Carca lo mismo, son todos músicos de una trayectoria y conocimientos tremenda.

¿En qué sienten que maduraron más durante estos años de laburo intenso?

Es algo que pienso bastante, antes éramos más impacientes y lo que hacíamos quedaba. Era parte de un concepto y nos gustaba capturar esa energía. En este disco se da que están las dos. Por ejemplo, «Buscando la luz» fue el resultado de una sola toma durante el primer encuentro después del confinamiento. Otros temas los grabamos al menos tres o cuatro veces, o sea que los produjimos bastante. En otra época de Los Espíritus era impensado y quedó algo muy ecléctico, porque conviven canciones muy espontáneas y otras más trabajadas. Tal es el caso de «Ayudas», que representa esta nueva etapa y estamos muy contentos con la paciencia que le pusimos.

Hicieron una fusión más que interesante entre las canciones y ese espíritu radial.

Sí, cuando empezamos a darle forma se nos ocurrió que podía ser un programa donde pasaran dos o tres canciones, a modo de capítulos cortos, en una radio llamada Sancocho Stereo. La idea fue mutando, porque primero era un locutor y después se transformó en la opción de que alguien recitase algo; como en el caso de Melingo o Enrique Symns, que tiraron alguna frase poética o presentaron alguna canción. El pico máximo se dio cuando apareció el Ruso Verea en el último capítulo, que también fue un sueño porque de chico lo escuchaba todas las noches en Rock & Pop. Cuando te gusta la música, en algún momento tocás un instrumento; pero antes comprás discos, los escuchás y te quedás mirando la tapa o leyendo el librito. Vas a los recitales y se genera todo un mundo, que hoy se hace presente con El Ruso y Melingo. En cierta forma, no dejamos de ser público.

Durante la pandemia se abrió el abanico de los streaming y muchas bandas optaron por no realizarlos. ¿Cómo lo vivieron ustedes y qué pesó más? ¿Las ganas de seguir tocando o la necesidad económica?

Es una mezcla de las dos. La primera sensación de los streaming no fue positiva y nos pareció apocalíptico, porque la música siempre se trató de compartir en un mismo recinto. Sobre todo, en nuestros recitales, donde pasa de todo. Hay una unión, que es parte de lo que está sucediendo, entonces no imaginamos eso en primer lugar. Tardamos bastante en hacer nuestro propio streaming porque empezamos a poner condiciones de cómo sería y pensado como algo que nos tendría que gustar a nosotros, básicamente. Entonces, se nos ocurrió desarmar la sala de abajo y el escenario de arriba, para distribuir bien el lugar donde ensayábamos, que era el Club Plasma, y resultó nuestro bunker. Nos pareció una buena idea transmitir desde ahí porque era casi lo mismo que estar en el estudio de grabación, ubicado en el piso de abajo. De esa manera, podíamos hacerlo sonar como queríamos y divertirnos. Después, apareció una productora que se encargó de la logística de las cámaras y convocamos a Alejo Moguillansky para la dirección. En cuanto a lo laboral, sabíamos que no iba a ser redituable, pero teníamos ganas de hacerlo y fue como una especie de reencuentro con el público.

¿Qué condimentos tendrá El Gran Rex?

Es una fecha muy importante para nosotros y también cierra este proceso pandémico, más allá de que no sabemos cómo va a terminar. De lo que se inició como una serie de grabaciones con invitados, y que tomó forma de disco, sería la presentación y conclusión de un momento en el que vivimos gran parte encerrados.

¿Hay posibilidades de que los artistas que participaron del álbum, los acompañen también en el vivo?

Sí, la idea es esa. Va a ser un recital distinto, en el sentido de que habrá varios invitados del disco y otros con los que tenemos amistad y queremos que participen también.

En un mundo donde la inmediatez está a flor de piel, ¿por qué siguen apostando al disco físico?

Puede que sea generacional. Cuando decidimos darle forma de disco a todas estas grabaciones, para mí fue un alivio mental. La considero como una experiencia, en la cual su duración le da una coherencia a la obra. Me gustan los singles, pero cuando se los separa como anticipo de algo o es la cara de un álbum.

Si tuvieses que elegir una de las canciones del disco para compartir con los lectores de Rock.com.ar, ¿cuál sería?

Hoy por hoy elegiría «Lagunas blancas», porque es nueva y fue la que hicimos con Gustavo Santaolalla. Y también «La antillana», que mandamos al Scientist: un productor jamaiquino que la deformó toda. Esas dos tienen el plus de ser novedosas. Pero creo que la que más me gusta es «Buscando la luz».

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Ale Kurz: «A mí me encanta la vida, pero la muerte es una consejera»

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El cantante de El Bordo presenta «Brillando azul», su primer disco solista inspirado en el mundo beatnik, los sueños anotados en una libreta y la experiencia de haber sobrevivido a la pandemia.

Ale Kurz. Foto: Emma Distilo

La palabra indicada para definir a Ale Kurz por estos días es fortaleza. Ese mantra de orden, silencio y plenitud que rodea al cantante de El Bordo se entrecruza con el ascenso de su propia identidad presente como solista y el camino recorrido con su banda de toda la vida. Es todo alegría verlo ahí, presente en la sonrisa perfecta que lo ilumina desde la puerta que abre en su departamento de Caballito, luego de haber estado internado con un cuadro grave de pulmonía bilateral por coronavirus. Esta fortaleza invisible y actual lo sostiene como un aura potente que destierra cualquier contacto cercano con la muerte.

En la entrevista, nos abre la puerta ese hombre nuevo, con los ojos brillantes y agradecidos. «Charly García dijo que hizo un disco y gracias a eso sobrevivió a la pandemia y a mí me pasa un poco lo mismo», dice mientras subimos en un ascensor diminuto con un espejo que lo devuelve prolijo, más parecido a un modelo publicitario que a un cantante de rock.

“Durante mi internación, pensé en proyectos que me dieran fuerzas para salir adelante”, repasa Kurz. Brillando Azul, su primer disco solista, sin dudas fue su gran motivación y se convirtió en un testimonio de vida.

El piso de Kurz también habla de esa marea de sensaciones que fluyen en él: lleno de luz, con las ventanas abiertas, libros de filosofía oriental a la vista pero ordenados y una pulcritud que lo aleja del prototipo de cantante de rock reventado. El libro de las mutaciones del I-Ching, famoso oráculo milenario chino, destaca en su biblioteca.

¿Así que te gusta el I-Ching?

Me encanta la filosofía oriental en general. No encontraba las moneditas que se usan para preguntar lo que querés saber de tu vida, pero me di cuenta de que estaban al lado, metidas en un sobre. Es un libro hermoso, suelo consultarlo pero lo importante es saber interpretar lo que te dice. Me asombra que tenga tantos años y haya sobrevivido a las civilizaciones y el paso del tiempo, como «El arte de la guerra». Son textos que se pueden seguir aplicando hoy, en la vida cotidiana; eso es alucinante.

¿Sos lector?

Soy muy lector beatnik. Me gustan mucho los norteamericanos de esa generación como Burroughs, Allen Ginsberg y Bukowski. Me encanta la filosofía, pero más cuando es urbana y se entremezcla con vivencias. La filosofía oriental, el budismo, son más teóricos y me cuestan más, pero cuando está mezclado con historias y cotidianeidad le entro más fácil. Aparte me gusta la belleza romántica que tiene ese lenguaje. También leo poesía y uno de mis libros favoritos es «Una temporada en el infierno», de Rimbaud.

¿Asociás los gustos literarios con tu búsqueda musical?

Siempre me gustó el rock de contenido. Esto no quiere decir que uno siempre comprenda lo que dicen las canciones, pero me parece mucho más atractivo cuando sabés que hay algo detrás. Por ejemplo, cuando empecé a escuchar La Renga, me volví loco con las conexiones que ellos hacían con los libros de Carlos Castaneda. Eso es lo que más me alucinaba de la banda. Cuando empecé a entender de dónde venía eso y a leer Las enseñanzas de Don Juan, se me abrió otro mundo. Ahí viajé por Latinoamérica de mochilero y me enganché con todo ese mundo. Mis viejos también son muy lectores y cuando yo era muy chico, mi viejo me dio para leer El Antricristo y me arruinó la vida (risas). Fue algo espectacular porque entendí que se podía romper con las tradiciones y los mandatos. La literatura es un combustible enorme, que mezclado con las vivencias te da mucho para escribir. También tengo un hábito que le robé a Gustavo Cerati, que es leer y mientras tanto tener un cuaderno al lado para anotar palabras que me gusten.

Ale vive en el último piso de un departamento de Caballito que, recuperando las palabras de su estado de ánimo, parece una fortaleza. Un lugar elevado, con ventanales abiertos por los que empieza, de golpe, a correr un viento fuerte pero soportable, que rodea la luminosidad de la tarde dibujada entre los edificios que se ven a la distancia. “Mi casa es así, está hecha de viento”, bromea el cantante que convive con Vicky, su novia a la que no pudo ver durante su internación por Covid, debido al aislamiento. “Nos llamábamos por teléfono y recibía el apoyo de mis familiares que iban hasta la puerta del hospital, aunque no podían entrar”, recuerda el artista de esa oscuridad que parece haber sido barrida por todo ese viento que acaricia su departamento.

¿Se puede decir que zafaste de morir?

¿Sabés qué fue lo que me pasó? Cuando estaba internado entendí que eso no podía ser el final, que había que seguir brillando en esta vida, aunque sea en un solo color. Ahí nació la idea de Brillando azul. En mi caso, la experiencia que viví fue un poco extrema. Siempre me cuidé mucho, por mi familia, pero con la sensación de que si me llegaba a agarrar el virus, no me iba a pasar nada. La cosa es que me contagié en febrero de este año y me pegó muy mal. No me lo esperaba porque no soy grupo de riesgo. Estuve nueve días con 38 de fiebre que no bajaba y los hospitales tampoco querían internar porque había superpoblación de camas ocupadas en terapia. Cuando conseguí hacerme una radiografía me dijeron que tenía neumonía bilateral y tuve que quedarme internado. El problema era que la fiebre no cedía y yo me sentía cada vez peor hasta que al tercer día me pusieron oxígeno. Me dolía el cuerpo y las costillas, no podía tomar aire, estaba todo flaco, chupado, sin fuerzas. Tuve suerte de salir y creo que, como diría Castaneda, fue un movimiento en mi punto de encaje que movió mi percepción sobre el mundo y tus prioridades.

¿Pensaste en la muerte?

No me llegué a asustar pensando «me voy a morir», pero sí reflexioné sobre lo breve de todo y que no hay tiempo que perder. Dije, «bueno, ahora salgo de acá, tengo estas canciones y las voy a grabar». Los proyectos me dieron fuerza para pensar en grabar los temas que tenía. El título del disco me bajó estando internado. Pensé en lo importante que es seguir brillando, aunque sea en azul, pero en esta penumbra tenía que aparecer la luz. Si entramos en un debate más conspiranoico, de alguna manera vivimos una Tercera Guerra Mundial, una guerra bacteriológica en la que los protagonistas no estaban claros.

¿Estás a favor de la vacunación?

Respeto al que piensa que no, pero de ahí a pensar que me van a poner un chip para controlar mis acciones… no llego a pensar eso. Sí creo que no es una vacuna que no tuvo el tiempo suficiente como para estar aprobada, sino que fue sacada de emergencia pero creo en la medicina occidental y tomo Ibuprofeno cuando tengo fiebre. Entiendo que el que vive en la montaña y no toma ningún medicamento ni come alimentos envasados no se quiera vacunar. Tampoco creo estar lo suficientemente capacitado como para discutir las vacunas, tendría que estudiar más del tema.

Brillando Azul, se aleja del sonido que venían manteniendo con El Bordo…

Sí, eso fue un movimiento deliberado de mi parte. La primera canción que me salió fue «El Comienzo», con un tono íntimo electrónico. Apenas la empecé a imaginar la sentí distinta y sin competir con lo que hago con la banda porque son dos propuestas diferentes. Entonces fui vistiendo los temas de una manera diferencial con algunos extremos como la última canción del disco, «Mar de Sonrisas», que salió solamente con guitarras, un cuarteto de cuerdas clásico y mi voz. Estos formatos se hacen más difíciles de llevar adelante en una banda de rock.

Es un disco que saca una parte tuya desconocida…

El disco me dio la posibilidad de llevar las canciones a otros lados. Por ejemplo, en «La mandolina» que tiene cosas más folk o temas que son más pop con agregados electrónicos, más alternativos. La verdad que estoy muy contento con los colores que tiene el álbum. Volviendo con Cerati, creo que seguí esa frase de él, cuando dice que el riesgo es el camino más intenso. Me gustó la idea de arriesgar y no pisar sobre seguro. Al mismo tiempo creo que tiene sentido que mi primer disco solista sea distinto a lo que hago con la banda, porque sino ¿para qué lo saqué? Siento que el resultado fue un disco muy íntimo, con interpretaciones de la voz muy al frente y una calidad de audio impresionante.

Ale hace una pausa, mira por uno de los ventanales que dan hacia el sur de Caballito mientras la tarde va agotando sus colores en un sol ya imperceptible. De repente se para y vuelve con una libreta de tapas de cuero marrón, como si se tratara de algún libro mágico de esos que guardaban los sabios de la Edad Media. “Mirá acá adentro anoto los sueños y las letras que se me van ocurriendo”, dice mientras pasa las hojas del cuaderno que lleva como título “La Pluma Vagabunda”; muchas anotaciones en birome bic azul, con pocas tachaduras, y caligrafía prolija en mayúsculas. “La verdad, no tengo idea de dónde sale todo esto; a veces pienso que soy una especie de muñeco al que le dictan todo lo que va saliendo mientras escribo”, reflexiona y el aire se contagia de esos versos de El Bordo: Dormido estás, viajando por tus sueños / y el sol que está buscando abrir tus ojos/ para que al despertar veas un mundo distinto/ que en vos tal vez cambió…

Hablando de la vida y la muerte, el rock parece siempre estar al límite de todo esto.

Es como una cuestión épica de tragedia griega. Se pone muy en juego el tema del amor, el romanticismo, la vida y la muerte. También la traición. El rock es un género muy pasional. A esta altura ya no hablamos del rock como un género musical, porque sería muy amplio todo lo que incluye dentro, pero sí que la cultura rock tiene que ver con la pasión, el sentimiento. No sé cuántos géneros musicales provocan que haya un chico o chica que se tomen un micro para ir a ver una banda desde Mendoza a Buenos Aires. No creo que esa movida exista en otros géneros que no sea el rock. Esa pasión despierta muchas variables y límites entre la vida y la muerte. Puedo nombrarte como ejemplos a los héroes del rock: Cobain, Janis Joplin, Hendrix y todo el Club de los 27 que yo por suerte ya pasé hace rato, porque tengo 38 (risas). A mí me encanta la vida, pero la muerte es una consejera, la que nos pone en vereda y nos muestra el riesgo. Vivir con la conciencia de la muerte es lo que te hace valorar el día a día y lo que tenés.

Hablando de estrellas de rock… ¿Cómo te llevás con la fama?

De entrada tenés que hacerle caso a los que te conocen de antes. Mi sensor siempre son mis papás. Si ellos dicen que hay algo que estoy haciendo que no les parece, es a los primeros a los que voy a escuchar. También a mi pareja y amigos que me conocen desde siempre. Esos son los que no quieren nada de vos, solamente te quieren y los más importantes. La vida es como un viaje en tren; a veces compartís el vagón con alguna gente y después te toca estar con otros, en otro trayecto. Por otra parte, no soy de esos que les gusta dar portazos porque el mundo es chico y a la gente te la volvés a cruzar. Si tengo que cerrar un vínculo, trato de que sea con armonía.

O sea, que no te presenta muchos inconvenientes…

Pasa que yo voy viviendo lo mío y creo que lo que me pasa es porque me tiene que pasar. Es lo normal, pero a veces pienso que tenía 23 años y estaba tocando en Obras para 4 mil personas. En ese momento no pensaba mucho en eso y ahora soy más consciente de que era un chico que estaba manejando un nivel de energía enorme. Me sorprenden esas cosas, pero también pasaron más de veinte años y creo que lo único que mantuve constante en todo ese tiempo fue a la banda. Cambié de gustos, formas de pensar, influencias, mil cosas; por eso tener un proyecto que dure tanto, con perspectiva a futuro, lo considero super valioso.

Grandes historias pasaron por ese tren de la vida que nombra Ale Kurz, llamado El Bordo. Desde sus inicios a fines de los neoliberales años noventas, como un grupo de amigos del colegio que debutaban en el bar La Colorada de Caballito, a un camino que los disparó a ser una de las bandas de rock barrial más convocantes de todo el país. De la explosión del Carnaval de las Heridas (2002), hasta Instante Eterno (2018) el acústico en vivo y publicado por Sony Music, la banda experimentó un crecimiento sostenido en seguidores y solidez musical.

¿Se llevan bien entre ustedes?

Claro, por supuesto. Hay un vínculo sano, lo que no quiere decir que existan conflictos porque son inherentes a la vida humana. Nos queremos mucho y queremos lo mejor para el otro. Eso es lo que hace que el proyecto dure tanto. Esto que estoy haciendo ahora es un poco una inquietud artística que quiero que conviva con el grupo. Estoy muy contento porque ahora tengo a mi banda de rock y por otro lado mi proyecto más íntimo, al que voy a llevar a salas de teatro y lugares más chicos. Ambas cosas me dan una visual artística que me resulta muy atractiva.

«La Pluma Vagabunda» sigue apoyada sobre la mesa, con sus tapas de cuero marrón cerradas y una pequeña piedra de color rosa que lo adorna en la parte de arriba. Adentro están los gritos y sueños de Kurz, esas contradicciones abstractas que según los psicoanalistas vienen del inconsciente de las personas, pero los artistas saben que no puede ser solo eso, que hay mucho más, por eso siguen escribiendo.

¿Qué sentís cuando escribís las letras?

Mis letras son genuinas, nada de lo que escribo es impostado. Vos me decías hace un rato que soy prolijo y creo que la elegancia es un valor muy importante, también en las palabras y el modo de decir las cosas artísticamente. Eso lo veo como un todo que quizás tenga que ver con el momento que estoy viviendo ahora, a esta edad. Por ahí, de chico era solamente la pasión y buscar el desenfreno y el éxtasis que genera la música y cualquier tipo de expresión artística. El rock te vende una desprolijidad que no es real. Hendrix a la noche se clavaba un ácido, tocaba y se prendía fuego con la guitarra, pero si lo agarrabas a la mañana, el tipo sabía muchísimo de música, instrumentos y obviamente que también sabía de guitarras. La comercialización mainstream que se hizo del rock estuvo relacionada con el descontrol, el reviente, el exceso. No creo que puedas durar demasiado de esa manera, y mi objetivo es durar con pasión, transmitiendo algo que sea genuino.

¿Notaste alguna influencia particular en «Brillando azul»?

Siempre que lo escuché me pareció que era música nueva. También encuentro influencias, por ejemplo cuando uso la mandolina, hay algo de Chris Cornell en su etapa solista, también de Johnny Mitchell y Led Zeppelin. En otros momentos el disco suena más beatle, más britpop onda Stereophonics o The Verve. Incluso alguna cosa más pop como The Killers o Kings of Leon. Son bandas que me gustan mucho, que se alejan del sonido de El Bordo como INXS. Michael Hutchence me parece uno de los mejores cantantes de la historia. Escuché cosas muy variadas que participaron indirectamente como influencias en el disco y me gustó mucho el resultado final.
Brillando azul, se compone de ocho temas con todas estas influencias que comenta Kurz y más. El álbum consuma una vida propia con fuerza y sutileza en un espectro rockero que conmueve por lo poético de sus capturas musicales pero también por sus letras que rozan la experiencia personal reciente del artista: El miedo de vivir nos va a enfermar, nos va a partir, nos va a cobrar nuestro festín, dice el “Penumbra”, el tercer tema del disco. Se hace de noche y el vendaval persiste. Los ventanales siguen abiertos en el departamento de Ale y ese viento que todo empuja continúa llevándose lo malo para que quede lo bueno. Esas ráfagas que bien podrían ser el amor por la vida del que se sirve Kurz todo el tiempo, escribiendo en ese libro mágico que contiene todos sus sueños.

Kurz presentará «Brillando azul» el domingo 5 de diciembre a las 21 hs. en el Centro Cultural Konex, Sarmiento 3131, CABA. Entradas a la venta en este link.

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