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Cántale al hombre su dolor, Violeta

Un día como hoy, pero de 1967, nos dejaba Violeta Parra. Oriunda de la zona de Punilla, Chile, Violeta fue descubriendo su vocación musical desde pequeña: hija de padres humildes (él, un maestro de escuela; ella, una campesina analfabeta) que compartían el amor por la música. Luego del fallecimiento de su padre, y a raíz de la invitación de su hermano, el poeta e intelectual Nicanor Parra, Violeta parte para Santiago en 1932, en donde comenzó a ganarse la vida cantando en bares y restaurantes.

Sus primeros pasos en la industria musical fueron de la mano del dúo Las Hermanas Parra, integrado por ella y su hermana Hilda, con quien grabó sus primeras piezas en los años 50.  Por esos años, Violeta emprendió una tarea de una gran importancia cultural: la recopilación, a través de viajes, del acervo musical tradicional chileno.

El reconocimiento no se hizo esperar y le permitió no sólo contar con un programa de radio propio sino también viajar a Polonia en 1954 para presentarse en un festival juvenil que la catapultó al público europeo, permitiéndole viajar a la Unión Soviética y a otros puntos del viejo continente, incluido París.

Regresa a Chile en 1957 y funda, en Concepción, el Museo Nacional de Arte Folkórico. Durante ese período, pero ya en Santiago, Violeta edita sus primeras composiciones musicales y se adentra en el mundo de las artes plásticas: en efecto, ella fue la primer artista latinoamericana en exponer sus creaciones en el Museo de Arte Decorativo del Palacio del Louvre.

Violeta Parra es considerada la precursora de uno de los movimientos más importantes de la música chilena y latinoamericana: la Nueva Canción Chilena, que reunió a figuras como Victor Jara, Patricio Manns y los hijos de Violeta, Isabel y Ángel Parra, entre otres. Su legado, tanto en su tarea recopiladora como en sus creaciones originales, inspiró e inspira a miles de artistas latinoamericanos que aprendieron de ella que un artista debe ser sensible a los reclamos, a los dolores y a la historia de su pueblo. En estos tiempos difíciles, Violeta es aún más imprescindible.

Se viene el #InternationalClashDay

Como cada año, la emisora KEXP FM 90.3 de Seattle (EE.UU.) organiza el #InternationalClashDay. Se trata de una maratón internacional dedicada a celebrar la obra de una de las bandas más emblemáticas y centrales tanto del movimiento punk como de la música internacional: The Clash. La edición del 2019 promete ser particularmente especial, por dos razones. Read More

Oscar Moro: el artífice silencioso

Un día como hoy, setenta y un años atrás, nacía en Rosario uno de los más grandes nombres de la música nacional. Desde el anonimato de la batería, Oscar Moro recorrió y construyó de punta a punta la historia del rock argentino. Desde Corriendo la voz celebramos su natalicio repasando algunos fragmentos de su vida.

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Recordando a Janis Joplin, la “perla” del rock

Un día como hoy, pero hace 76 años, nacía una de las artistas más importantes de la música de los 60 y 70, Janis Joplin. Oriunda de un pequeño pueblo del sur de los Estados Unidos, Janis sufrió toda su vida la violencia de un sistema patriarcal que castigaba a todx aquel que se escapara de sus estructuras. Fue víctima de bullying durante toda su etapa escolar a causa de sus problemas de acné y de su simpatía por la causa antisegregasionista.

En lugar de esconderse, Janis utilizó su sensibilidad para potenciar su arte y encontró en la música el lugar para dejar salir todo aquello que había sido condenado en su Texas natal: su pelo largo, liberado a su propia suerte; su voz poderosa, por momentos seductora y por otros chillona; su enorme capacidad para conectarse con sus emociones sin perder de vista la relación con el público y, por supuesto, sus ganas de vivir libremente, sin las ataduras de los mandatos patriarcales.

Para recordar a esta gran estrella de la música, te proponemos un recorrido por los momentos para importantes de la corta pero intensa carrera de Janis Joplin. Desde su lanzamiento a la fama durante el Monterrey Pop Festival con la Big Brother & the Holding Company, su inolvidable perfomance en Woodstock con la Kozmic Blues Band hasta llegar a su momento solista, que nos dejó el clásico álbum Pearl, editado luego de la muerte de Janis. 

  • Ball & Chain –  Big Brother & Holding Company – Monterrey Pop Festival (1967)

  • Down On Me – Big Brother & Holding Company – Álbum homónino (1967)

  • Summertime – Big Brother & the Holding Company – Live at Winterland (1968)

  • Piece of my heart – Janis Joplin & The Big Brother and Holding Company – Live in Germany (1968)

  • To love somebody – Janis Joplin & The Kozmic Blues Band – The Dick Cavett Show (1969)

  • Work me lord – Janis Joplin & The Kozmic Blues Band – Live at Woodstock (1969)

  • Cry baby – Janis Joplin & Full Tilt Boogie Band – Festival Express (1970)

https://www.youtube.com/watch?v=N4qBN8rJV8k

  • Me and Bobby McGee – Janis Joplin – Pearl (1971)

Alma de Diamante

En una tierra áspera, dolorosa, que ha generado tantos males e irracionalidad, han surgido seres como Luis Alberto Spinetta, que rescatan y revalorizan el valor del arte como un bien supremo, recorriendo y explorando otros caminos aleatorios. Su música, sus actitudes y palabras siempre lograron dibujar sendas e influyeron de una manera sutil, pero definitiva en mentes siempre oprimidas. Todos fuimos bendecidos por Spinetta pero, pocos vislumbraron que su búsqueda, autónoma e inagotable, excedió siempre los márgenes de lo musical, dándole significados nuevos. Read More

Mi único héroe en ese lío

Hoy cumple años el Indio Solari. El de las risas pillas. El ladrón de mi cerebro. Mi único héroe en este lío. El que luce como un botija rapado. El que abrió el show de Tandil en marzo de 2016 con “Nuestro amo juega al esclavo” recordándonos que aquellos nenes de oro que lograron ganar la batalla cultural imponiendo en el sentido común una cosmovisión que no es la del brepo de a pie (al que precarizan y usan como tropa de la guita y chimpancé), retiran mientras van ganando. Porque esa es su dulce macumba. Mientras tanto, nos siguen enturbiando los sentidos con esa vieja cultura frita. Mediante buitres con carnadas finas, diciéndonos qué y cómo pensar a través de narcóticos maquillados. Sabrosas telefotos, noticias de ayer que tragamos sin culpa con tu tortura de TV, siempre así. Violencia es mentir. Sino, siempre habrá muchos marines de los mandarines, robocoops sin ley y formidables guerreros en jeeps para algún teatro antidisturbio.

Y vos, ¿de qué lado de la mecha te encontrás?

El que Mr. Parkinson le intenta flaquear sus sienes ardientes, tan productivas a la hora de no agotar el sentido de discursos que, si nos ponemos en semióticos de corte académico, viven a través de metáforas pillas toda una gama inagotable de las condiciones de producción que lo fueron moldeando y también discursos a los que les contesta.
Felices 70 años, querido verborrágico monarca.

David Bowie: Starman

Los primeros días de enero están atravesados por un denominador común y tres episodios
que flotan satelitalmente a su alrededor: David Bowie. El 8 de enero de 1947 nacía. Ese mismo día, pero del 2016, lanzaba su disco número 25: Blackstar, una suerte de obra póstuma. Y dos días después -el 10 de enero- fallecía a causa de un cáncer de hígado.

David Jones –así se llamaba realmente- fue un artista decididamente único. Para conocer
los porqués de rotunda afirmación, es imprescindible hacer un recorrido por las condiciones
de producción que lo fueron nutriendo a lo largo de una vida que, como no podía ser de otra manera, se cerró como una obra de arte.

Como nos enseñó Hollywood, hagamos el ejercicio cronológico de contar una historia
comenzando por una pregunta llave: ¿Cómo fue su infancia? Hijo de una camarera,
Margaret Mary Burns (Peggy) y de un trabajador de una ONG caritativa dedicada a los
niños, Haywood Stenton Jones (John) que concurría al restaurant de Peggy y concibieron a
Bowie cuando ambos estaban casados con otras personas. David Robert Jones nació en el
extremo sur de una Londres –se crió primero en Brixton y luego en Bromley – marcada por las secuelas de los Blitz nazis de la Segunda Guerra Mundial pero también por el Rock & Roll de Elvis Presley o John Coltrane que mamó de su padre y el jazz, la música clásica de Gustav Holst, la Generación Beat de Ciencia Ficción (William Burroughs, Jack Kerouac y
Allen Grinsberg) de su medio hermano 10 años mayor por parte materna, Terry. En 1985,
Terry Burns salió del hospital psiquiátrico Cane Hill en el que se encontraba producto de
una esquizofrenia con la única opción de suicidarse: se acostó en las vías del tren que recorría el sur londinense y se dejó morir. Cane Hill forma parte de la tapa del disco ‘The man who sold the world’ (1970) y de hecho, gran parte de ‘Aladdin Sane’ (1973) está
inspirado en esa enfermedad tan temida por David por los antecedentes familiares.

A los 9 años integraba el coro escolar de la Burnt Ash Junior School, rodeado de los discos
paternos de Frankie Lymon and The Teenagers o el ‘Tutti Frutti’ del Dios Little Richard.
Asistió al Bromley Technical High School junto a Peter Frampton cuando estallaba el Beat
Music, comandado por unos The Beatles ya vueltos de Hamburgo. En  1962, un golpe en
su ojo izquierdo le dejó una asimetría en sus pupilas que luego sería un sello característico.

Fundó y participó en agrupaciones como The Konrads (1964), The Kingbees (1964) y Mannish Boys (1965), y un año más tarde pasó de ser David Jones a ser David Bowie para no ser confundido con el cantante de The Monkees. Hasta acá vemos los
cimientos del Bowie artista. Influenciado en su infancia por el gran renovador del teatro
inglés Lindsay Kemp, alguien que lo adentró en el teatro Kabuki japonés y especialmente
en el Onnagata, donde los actores se maquillan y pueden encarnar personajes femeninos.
Lanzó, de modo marketinero, su primer hit ‘Space Oddity’ a la par de la llegada del hombre
a la Luna en 1969, un cóctel con reminiscencias de aquellos libros beats de ciencia ficción
que su medio hermano le había hecho leer de chico, mezclado con el programa ‘The Quartermass Experiment’ que veía en la BBC y la película estrenada en 1968 “2001, Odisea del Espacio” de Stanley Kubrick (luego retomaría al director en los atuendos que The Spiders from Mars lucirían, estilo los Drugos que segundeaban a Alex DeLarge).

Para esta época, el Bowie salido de un laboratorio de arte comenzó a edificar lo que sería
una marca en él: los alter ego. Un mundo bipolar de la Guerra Fría, con The Beatles separados, Dylan alojado en las huestes del folk, y The Rolling Stones en estado de shock tras el fatídico Altamont Free Concert de 1969. En este panorama, la contracultura de los ‘60 parecía desaparecer y emerger, en los ’70, el punk. Y ahí aparece Bowie. Un Bowie que había lanzado en 1970 ‘The man who sold the world’ y que en 1971 había sido padre de Duncan Jones. Y que, tras embeberse artísticamente en New York de Iggy Pop y Lou Reed (años más tarde le produciría discos a ambos) y de dotarse de la estética contracultural de Andy Warhol y Kansai Yamamoto, presentó en 1972 a Ziggy Stardust en el programa Top of the Pops. Probablemente, de sus alters, el más célebre. Inspirado en un músico de poca monta -Vince Taylor-, el personaje era un alienígena andrógino cargado de maquillaje que anunciaba el colapso planetario y promulgaba un mensaje de unidad pansexual y el paso natural del Mod Británico al Glam Rock. Héroe de minorías sin voz en una sociedad conservadora como la inglesa, Bowie se declaró gay en una entrevista en 1972, 5 años después de que la homosexualidad había dejado de ser un crimen en el Reino Unido; en 1976 amplió el gusto a la bisexualidad y en 1983 se definió como ‘un heterosexual en el armario’.

A mitad del ‘73, el personaje se había deglutido literalmente a Bowie que, por su bien, le
puso punto final, pero sería el primero de una larga lista de personajes a los que recurrió, lo que le valió el apodo del camaleón del rock. Para esa época ya el consumo de drogas en él era habitual. Se lanzó a la conquista del mercado americano con un toque soul y funky de ‘Young Americans’ en 1975 instalándose en Los Ángeles.  Duró poco porque en LA se
volvió más adicto a la cocaína y era asediado por su fama. Pero, si de algo le sirvió su
estadía ahí es para comprender que debía experimentar y encontrar nuevas formas de
escribir.

Es por eso que en 1976 buscó refugio en Berlin, acompañado de la Iggy Pop. Estuvo
viviendo en Kreuzberg, un barrio de inmigrantes turcos, sin ser reconocido en las calles y
disfrutando de ese no ser nadie. ‘El Duque Blanco’, un personaje de aspecto frío y distante,
con el pelo corto, viajó a la capital alemana como una estrella de rock, y volvió convertido
en un artista consumado, y fraguó de la mano del productor Brian Eno lo que se conoce
como la Trilogía Berlinesa: ‘Low’ (1977), ‘Heroes’ (1977) y ‘Lodger’ (1979). Discos marcadamente atravesados por el Krautrock alemán y por la experimentación, a través del uso de sintetizadores y de la manipulación de la voz mucho tiempo antes que se imponga en la industria y el padre biológico de la novedad y vanguardia de la New Wave venidera.

Supo lo que era moderno antes de descubrirse la modernidad. Fue el héroe de las mil caras
pero con una sonrisa única. Porque la sonrisa no cambiaba aunque se transformara con el
maquillaje, ni había metamorfosis para unas pupilas asimétricas que parecían confirmar que Bowie era un ser de algún incierto más allá. Pasó toda la década del ’80 obsesionado por seguir siendo moderno hasta que, en algún momento, empezó a preguntarse en voz baja pero cada vez con más energía si no iba siendo hora de ir buscando amparo en lo “clásico”.

Se casó con Iman, su amor a primera vista, y David Bowie fue pereciendo más del personaje y volviendo a ser David Jones. Había desaparecido de la luz pública, pero había decidido vivir. Frecuentaba librerías y galerías de arte. Era un hombre de familia. Y ese sedentarismo se fue imponiendo al apetito musical, junto con un problema cardíaco en 2004 que sirvió como una suerte de jubilación musical. De hecho, no volvió a presentarse en vivo tras 2006. En el medio, rechazó primero en el 2000 el ser Comandante del Imperio Británico y luego, en 2003, el ser nombrado Caballero de la Orden del Imperio Británico (Jagger y McCartney no lo rechazaron) porque ¿para qué ser Caballero si ya sos uno de los reyes de la música?.

La madurez te ofrece cada vez menos preguntas pero más importantes y mejor formuladas. “The next day” (2013), fue una sorpresa. Y el reciente “Blackstar” nos hizo preguntarnos de nuevo sobre su apetito artístico. Claro, ignorábamos que se trataba del epitafio de un artista escribiendo una despedida cuidadosamente orquestada.

Novedades: lo que nos dejó diciembre y lo que vendrá

Por: Leonela Esteve y Blas Martín

 

Una vez más, Corriendo La Voz te acerca los últimos lanzamientos musicales del mes que termina para que no le metas un F5 a las listas de tu reproductor favorito. Videoclips y singles para cerrar un año intenso de producción musical y adelantando lo que serán las primeras novedades del año entrante. Pará la oreja y dale play.

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#Fotogaleria LOUTA en Teatro Vorterix

LOUTA despidió el año presentando ENCHASTRE, su nuevo disco de estudio con ambas fechas a sala llena. Un show con invitadas y una puesta en escena fuera de sí en la famosa esquina de Colegiales. Reviví la noche en esta fotogalería.

#Cronica Miau Trío en Rosario: un viaje musical al pasado

El jueves pasado Miau Trío visitó la ciudad de Rosario para regalarnos toda su magia y su humor. Bajo el cielo nocturno, el trío nos deleitó con un setlist entre antiguo y moderno, que transformó el aire rosarino. En esta crónica, te invitamos a revivir un show increíble.

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