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Entrevistas

Acorazado Potemkin: diez años de Mugre

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Los tres mosqueteros del rock, siempre afilados, celebran la década de Mugre, su primer disco, con show en vivo –entrada, libre y gratuita– este domingo 3 de abril en el anfiteatro de Parque Centenario. Télam compartió su último ensayo previo al concierto y conversó con ellos. 

Foto: Sebastián Molina

Encarnan, desde lo individual, la historia misma del “under”: vienen de bandas fundacionales que renovaron el capítulo del rock post-ochenta. Pero, a la vez, lograron lo infrecuente: seguir siendo vanguardia, por originalidad, por ósmosis con su tiempo y su gente.

Fede Ghazarossian (Don Cornelio y la zona, Los Visitantes, Me darás mil Hijos) Juan Pablo Fernández (Pequeña Orquesta Reincidentes) y Lulo Esain (Valle de muñecas, Motorama) zarparon, hace más de diez años, en un barco enardecido de canciones vivas que ellos tripulan con vigencia e identidad.

La secuencia de títulos de sus discos parece hilvanar un acertijo: Mugre, Remolino, Labios de río, Piel ¿Qué hay entre el primero y el último? ¿Qué cambió, si es que cambió algo? Eso les preguntamos tras el último ensayo, a horas de conmemorar la década de su primer disco físico…

Juan Pablo Fernández: Por momentos es como si viniéramos haciendo lo mismo. En cuanto al sonido en sí, Mugre lo grabamos con producción de Gustavo Semmartin y los siguientes con Mariano Esain, ahí hay una diferencia objetiva. Pero las cosas que fuimos cambiando tienen que ver más con el hacer cotidiano: nunca nos planteamos estilos o direcciones en lo musical, sino laburar en cada canción para que se resuelva por sí misma, con su desarrollo, su clima, su intensidad. Eso atraviesa a los cuatro discos.

Fede Ghazarossian: Quizás en Mugre habíamos dejado cierto lugar abierto a las zapadas. En los tres discos siguientes bajamos cosas un poco más concretas. Mugre fue la germinación de algo. Para preparar este show yo me propuse no escucharlo, como dejando que el cuerpo sepa, y ahí, recordando, equivocándome también, reconocí todavía mejor que hay un hilo conductor de todo lo que vino después y formó esa masa musical que somos.

Lulo Esaín: Algo constante desde el principio es que nos gusta hacer las canciones entre los tres, y eso es estar descubriéndose también en las ideas que trae el otro, escucharse. Sigue siendo divertido llevar adelante esa construcción. En este repaso, lo que me gustó fue recordar el origen de muchos arreglos y del porqué en cada caso. Y encontré también que los temas nuevos conviven muy bien con los viejos.

J.P.F: Además, en ese primer disco, como en los tres que siguieron, nada está porque sí. Todo fue puesto a conciencia y eso es lo que lo hace perdurar. A diferencia de otros grupos, nosotros no hacemos veinte, treinta temas, para después descartar la mitad. Trabajamos lo que tenemos hasta encontrar el lenguaje, el sonido particular,  y que cada idea del compañero se desarrolle hasta resultar imprescindible.

Télam: En sus shows hay público de tres generaciones ¿Cómo ven ustedes, al cabo de estos más de diez años, al rock de guitarras y batería frente a otros géneros nuevos, quizás más de mercado?

F.G: Ese rock que decís sigue existiendo: hay bandas que son mucho más jóvenes que nosotros y hacen cosas increíbles. El otro día escuchaba, por ejemplo, a King Gizzard & Lizard Wizard; unos pibes australianos que hacen una mezcla de Captain Beefheart, Zappa, King Krimson, una locura. Y así tenés miles. Cuando nosotros empezamos a tocar como Potemkin es cierto que hubo un volver de la gente al rock, sobre todo después de la década Cromagnon, que bajó mucho a lo acústico o las máquinas. En todo caso me parece que el trap y esas movidas tomaron un poco lo que ahora no está diciendo el rock. La parte peleadora del punk, por ejemplo. Wos, ponele, tomó algo de eso. Pero… hay que reírse de los géneros: eso es rock. Y no está agotado.

L.E: Me parece que hay que separar el mainstream de lo que son los géneros. Al rock se le exige que sea contestatario, que sea pop, que sea masivo, que sea under, que sea todo. Yo creo que el rock es un lenguaje súper amplio y depende de cómo lo usás.

J.P.F: Hay mucho rock como hay mucho tango: Rovira y Piazolla no son Troilo ni Cedrón. Una de las cosas lindas del rock es la impunidad de chupar todos los géneros y romper las fronteras. La queja de que el trap no es música me parece conservadora. Hay gente conservadora en el tango, en el folklore y en el rock, pero el tema para mí es mantener la curiosidad; abrir, cuestionar. La música y sus categorías se explican después, las teorías, los nombres, el post tango, el post rock… en el momento de la creación todo es más confuso…

“Cada canción es un árbol”

Las letras de Acorazado tienen, en cuanto a forma, un sello de identidad: parecen esquivar la rima consonante, la del pegue fácil en los estribillos, esa que Capussotto satiriza. Este diferencial lírico del trío hace también a la médula de sus temas; así, aun cargados de poesía, llevan una deriva de crónica, de aguafuerte. ¿Qué dice el letrista Fernández?

J.P.F: A veces me señalan un fraseo “como tanguero”. Creo que eso que se escucha tiene que ver en realidad con una característica de las letras escritas como se habla, algo que, aunque no es exclusivo del tango, este lo tiene por excelencia. Pero intentar escribir así te obliga a respetar el sonido oral de las palabras; los acentos, las combinaciones, las frases. Incluso los dichos populares, hasta las frases hechas. Trato de escaparle a las florituras y buscar la forma hablada, cantar como contando algo. Palo Pandolfo, Moris, Javier Martínez, hay una línea por ahí.

L.E: También pasa que Juan propone métricas en la voz que se salen de lo esperable y eso llega, permea lo musical.

J.P.F: Sí, y a su vez esas letras son deudoras de la música, porque yo las escribo después. Tiene que funcionar la melodía primero y hasta el armado del tema tiene que primar. Rosario Bléfari decía que cada canción es un árbol. Todos los árboles son distintos; tienen su forma de ramificar, de dar su hoja, su fruto. Me gusta la idea de la narración en un sentido musical, no solo en lo que hace a la letra.

Sucio y desprolijo

Mugre les pedía Troilo a sus bandoneones. Mugre que Goyeneche sacó a relucir con astucia en sus últimos registros. Mugre: un poco de swing, un poco de rubato, un poco de todo lo anterior y todo lo futuro que impulsa Acorazado desde su placa debut hace diez años. Mugre, que sigue vigente en ellos. Mugre bukowskiana, rantifusa, en la música como en la letra: “Todo se envenena en mi boca/ todo tiene gusto a peor/no te asustes, no pido nada/ nada que mi anzuelo perdió” (La mitad: track 5 de Mugre)

Pero ¿de dónde viene el don, de dónde ellos tres juntos, cumpliendo la cincuentena de canciones? Arriesgamos que sus vertientes son mixtas y les pedimos: hablemos de influencias…

J.P.F: Salvo con los Clash, no coincidimos en nada (risas)

F.G: Para ponerlo en los últimos treinta años, yo a los 90 entré de cabeza con Beastie boys, después un poco de Depeche Mode y desde antes aún, mucho tango. Y música clásica. Últimamente estoy escuchando shostakovich Lutoslawski,  Ligeti, Arvo Part. La música contemporánea tiene esa potencia de traducir con instrumentos clásicos lo que está pasando ahora, así como nosotros traducimos esto que nos rodea.

L.E: Mi entrada a los noventa fue con el punk de Dinosaur Jr… Lo otro de mi influencia es más bien clásico; rockabilly, rockanroll de los cincuenta. De los sesenta me gustan mucho los Beatles, los Stones, los Who, Neil Young.

J.P.F: (sin escalas, ni explicación, va directo a la nómina) Clash, Rem, The Cure, Talkinh Heads, Nick Cave, Moris, Cantilo, Manal, Los Visitantes, Don Cornelio, Sumo.

T: Potemkin atraviesa capas heterogéneas de oyentes:  nacidos en los sesenta, hijos de la democracia, adolescentes recién llegados a la música y hasta a los niños del siglo XXI. De hecho, dice la leyenda que Lulo y Juan Pablo se conocieron como padres ¿es así?

J.P.F: Sí. Mandábamos a los chicos al mismo Jardín, en Caballito y el día de la música la directora nos llamó a distintos papás para hacer algo juntos y se armó: había dos guitarristas, un trompetista, un bajista y un baterista, que era Lulo. Yo lo escuché y dije “tengo que tocar con este chabón”. Tocamos Demolición, de los Saicos, El sapo Pepe, El esqueleto del terror…

De aquella confluencia y una nana que Juan le cantaba a su hijo para que durmiese, brotó, entre otras tantas, una canción gema, en cuya letra y melodía como en las de María Elena Walsh, lo adulto se emparda con la infancia: “Todos tienen algo que envidiarle a los muertos/ No hacen colas, ni se apuran y la plata no la usan/ Como no hablan, nunca mienten, ni se van a equivocar” (Los muertos: tema 12 de Mugre)

T: La historia de Acorazado se construyó a pulmón desde el origen mismo de Mugre y también es esencialmente federal ¿quieren hablarnos un poco de eso?

J.P.F: Llegamos a la grabación gracias a un concurso donde ganamos 80 horas de mezcla y grabación. Además, previo a eso, habíamos salido a tocar un año entero los primeros 15 temas por todo el país. Después resultó que no teníamos la plata para hacer el disco físico, así que decidimos regalarlo, como había hecho Radiohead por esa época: lo subimos a una plataforma colaborativa, de las primeras que había, y la gente lo podía bajar gratis o donar algo, si quería. Llegamos a más de 12.000 bajadas. Eso con un disco físico hubiera sido imposible.

F.G: Habíamos decidido tocar mucho en el interior. De hecho, el debut de Potemkin fue en Rosario, el siguiente show fue en Córdoba y recién el tercero en Buenos Aires.

J.P.F: Aunque la independencia y la precarización se mezclan bastante, porque te obligan a ser productor, gestor, financista, cobrador, y veces podés y otras no, todo esto que pasó es también la parte linda de lo que ocurre fuera del mainstream. Una de las cosas que nos permitió internet fue intensificar un poco el ida y vuelta. Pero para mí, lo importante en este nuevo escenario de cómo llega una banda al disco hoy es consolidar una obra.  Lo que te hace independiente es editar obra, sacar material. 

F.G: Mugre, además, lo tocamos por todo el país, nos abrió miles de puertas.

La santísima trinidad

Arltianos, criollos, los Potemkin se amotinan contra lo previsible. Son música y epifanía gracias a tres que sinergizan como seis, siempre en favor de la canción: ella manda.

Así suenan de músculo y de nervio, en imágenes abiertas, multívocas, fértiles.  Lulo Esaín, el motor y en mil voces el gran manto armónico (decir que hace coros sería un error: su voz va a la par y aporta un lustre beatle, atípico en las bandas del País) Juan Pablo, violero al servicio del todo y no de sí, correlato del Juan cronista que al cantar navega de lo individual a lo colectivo en un mar de wah wah y distorsiones cuyo oleaje sombrea paisajes urbanos. Fede: el bajo escalador que trepa, construye altura y teje armonías sin privarse de clavar –inesperado, letal– su aguijón cuasi-solista, hiriente, percusivo. Enlazar el acorde y puntear agudamente al mismo tiempo: Ghazarossian tira ese truco y despliega su sostén con habilidad tse tse.

A volver

El cumpleaños de Mugre se festeja el 3 de abril a las 19:30 en el anfiteatro del Parque Centenario y se accederá por orden de llegada. La cita conjuga casi una vuelta elíptica donde completar la historia del debut discográfico: en diciembre de 2012, en el mismo escenario, la banda había dado uno de sus shows más imponentes.

“Nací de vuelta entre los escombros/ Cerca del fuego y la explosión/ Nací entre los demonios/ Dando vueltas como un caracol” decían y dicen ellos en “Caracol” (track 10 de Mugre)  Pero faltaban todavía canciones, ciudades, experiencias. Faltaban de las buenas y de las malas, en las que Acorazado siempre estuvo; para hacerse oír de música, de poesía, de revolución musical contracorriente. Este domingo toca reencuentro y revancha.

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Pepamajalu: «Todavía tenemos mucho que contar y gritar al viento»

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La agrupación quilmeña regresa a Capital Federal para celebrar sus 20 años de trayectoria con la promesa de un show deslumbrante, donde además adelantará temas de su próximo disco. 

Pepamajalu es una banda de rock nacional formada durante el 2002 en la ciudad de Quilmes. Sus influencias provienen de bandas del rock nacional de los años ’90s; asimismo sus presentaciones se ven atravesadas por otras vertientes del arte. 

Desde los comienzos mantiene la firme idea de explotar una propuesta distinta y una relación interactiva con el público en cada show. Una puesta en escena curiosa, que incluye la teatralidad, la comicidad y la realización de acciones que generan la espera de una nueva sorpresa para cada presentación. 

Su música está enmarcada en el rock, a la vez que va paseando por distintas variantes como el reggae, funky, rock y blues. Actualmente el proyecto está integrado por: Javier Plazaola en la voz; German Bobadilla en guitarra; Coccaro Javier en bajo; Mauricio San Martin en batería; Matias Arriola en saxo; y Coccaro Alejandro en teclado.  

¿Qué es Pepamajalu y en qué momento se encuentra? 

Pepamajalu nace hace 20 años de un grupo jóvenes amigos con la necesidad de narrar las penurias, aventuras y desventuras de unos locos purretes conurbaneros después de una crisis como la del 2000. Hoy ya no tan purretes, y luciendo unas cuantas canas, nos damos cuenta que todavía tenemos mucho que contar y que gritar al viento. 

 ¿En qué aspectos sienten que maduraron más durante los últimos 3 años? 

Es todo tan reciente que cuesta ser consciente como para reflexionar en qué fuimos madurando. Durante estos últimos y raros 3 años, todos tuvimos que transitar por muchas y mezcladas situaciones y una muy dolorosa perdida. Desde el comienzo de la cuarentena nos pusimos como meta estar como sea para ayudar a bancar la parada y empezamos a incursionar en distintas formas de comunicarnos y acercarnos, tratando de aggiornarnos a lo nuevo. 

Hablando de nuevo, están trabajando en un próximo material ¿Cuál será la búsqueda lírica y sonora? 

Por suerte, después de muchas idas y vueltas, empezamos trabajar en el nuevo material. Algunas de las canciones las vamos a estar presentando en el Roxy el 9 de julio en el marco de los 20 años de la banda.  

La cuarentena y las cosas que pasaron en estos 3 años, nos llevaron a la introspección para volver a reconstruirnos y de esas juntadas salieron estas canciones que tienen un poco de todo como siempre; un mix entre historias y críticas.  

¿De qué manera lo presentarán a sus seguidores?  

La idea es “ir lanzando sencillos” que iremos subiendo a las plataformas y redes sociales. Este formato incluiría el soporte visual de cada canción y, una vez terminado, el paso a seguir seria llevar todo a un formato físico. Más que nada por una cuestión de costumbre, en especial porque “estos vejetes nostálgicos” todavía disfrutamos y gustamos del olorcito de un disco. 

¿Cómo se trasladan las canciones al vivo? 

Después de las juntadas que nos volvieron a encontrar como esos pibes de hace 20 años, con estas nuevas canciones y sonidos, comenzamos a trabajar en estas series de shows conmemorando los 20 años de banda. Mostrando, de esta manera, el inicio y el presente, donde el sonido del pasado y el presente se conectan. 

 ¿Qué nos pueden adelantar de la presentación en The Roxy el 9 de julio? 

Ya solo con la idea de llegar a hacer un Roxy por nuestra cuenta, estamos muy emocionados, ansiosos y excitados. Para una banda de tantos años, completamente independiente es “un gustito” que se nos está dando; y si a eso le sumamos que cae nada más y nada menos que el 9 de Julio, la noche va a ser una fiesta; con músicos invitados y muchas sorpresas, compartiendo la velada con nuestros amigos de Digno Nieto. Va a ser una digna fiesta pepera.  

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La Granjita: «El entusiasmo y la creatividad vienen en oleadas y hay que aprovecharlos»

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El dúo picante y veraniego lanza el segundo sencillo adelanto de su EP conceptual «Costa Atlántica», que será editado hacia mediados de este año bajo el sello Batiendo Records.  

A fines de 2016, dos viejos amigos del circuito del rock, Lucio De Caro (Nikita Nipone) y Maximiliano Iglesias (Mimi Maura), se reencontraron para formar La Granjita. Autoproclamados como los “Daft Punk del subdesarrollo”, se plantearon el simple objetivo de encender las pistas de baile, apoyándose en una producción audiovisual divertida, espontánea y enérgica. 

En el 2017 debutaron con su primer álbum titulado Tándem y enseguida comenzaron a realizar las presentaciones en vivo. Ahora regresan con el lanzamiento de “Vacaciones” y el actual “Control Policial”, los dos primeros singles del EP Costa Atlántica que será publicado durante el 2022. 

¿En qué momento se encuentra La Granjita? 

Lucio de Caro – Estamos activos, terminando de producir los temas de nuestro inminente EP ‘Costa Atlántica’ y con suficiente material ya compuesto y en pre-producción para un próximo disco.  

Atravesamos un momento prolífico, afianzando la identidad sonora y visual, nuestro trademark y la manera de hacer las cosas. Sabemos que tanto el entusiasmo como la creatividad vienen en oleadas y hay que aprovecharlos. Estamos muy satisfechos con los resultados conseguidos en cuanto a la producción, a los videos que hicimos y a lo que artísticamente estamos logrando. Trabajamos muchísimo para estas grabaciones. 

¿Qué representa la costa atlántica para ustedes y cuál fue la musa inspiradora de estas canciones que integran el EP? 

Lucio – Allá por el 2019, movilizados por la idea de editar un disco veraniego, enérgico y divertido, nos encomendamos a componer, producir y grabar seis canciones para un EP conceptual al que luego titularíamos ‘Costa Atlántica’. Nos interesaba la idea de retratar de la manera más honesta y pintoresca posible aquellas vivencias y experiencias de esos miles de argentinos que, verano tras verano, emprenden su prodigiosa travesía hacia las famosas playas argentinas. Los aromas, sus paisajes, sus atracciones, el costado retro, la vida de playa, la vida nocturna y las vacaciones.  

Fue una búsqueda consciente y planificada la de hacer un disco temático. Está bueno a veces tener ciertas pautas y auto-privarse de la libertad absoluta para componer canciones en cualquier dirección. Te da un marco que no necesariamente “limita”, sino “delimita”. Es como el “dibuja cualquier cosa” vs. el “dibuja un hombre bajo la lluvia”. Hay un faro, un eje.  

Teníamos que componer y escribir de determinada manera, respetando cierta forma estética auto-impuesta y adoptar guiños que no podían salirse de libreto. Lo vimos en ese momento como un sano ejercicio, un desafío como compositores en el aprendimos mucho.  

Los temas se llaman, en orden cronológico: “Vacaciones”, “Control Policial”, “Chasco Mousse”, “Mardel”, “Clericot” y “El Regreso”. Es una suerte de “diario de viaje”, una historia muy divertida y congruente. El EP va a salir entero para octubre de este año.  

¿Cuándo consideraron que era propicio trasladarlas al estudio para materializarlas? 

Empezamos escuchando horas y horas de música, encontrando referencias y prestando especial atención a los detalles de producción; a los arreglos presentes, a la elección de sonidos y de instrumentación: ítalo-disco, funk, house, electrónica, dance, Motown, mucha música negra, inicialmente, y algo del synth-wave que ya veníamos escuchando e incorporando desde nuestra anterior producción, tal vez en su versión menos oscura.  

Tenía que ser un disco veraniego, pero queríamos plasmar además en las letras todo ese imaginario estético despampanante de los 80’s; de nuestros veranos atlánticos. Algo así como un “Bruno Mars meets Emilio Disi”.  

Una vez que incorporamos toda esta data y este lenguaje, recién ahí nos sentamos a componer; pensando también en qué tipo de temas se acoplaban a cada momento que queríamos que transite esta travesía inter balnearia musical. Realmente las canciones nos brotaron y las comenzamos a grabar. Está bueno el proceso porque no hacemos demos, directamente nos lanzamos a trabajar sobre las versiones que, con el tiempo, se terminan convirtiendo en definitivas.  

¿Cómo se dio la colaboración de Dana Colley? 

Yo había quedado en contacto con él, a través de un amigo que organizó el show de ‘Vapors of Morphine’ en el ND Ateneo. Ahí lo conocí e intercambiamos números. Muy buena onda el flaco. Tiempo después estábamos produciendo el tema “Control Policial” en mi estudio (Batiendo Records) y teníamos maquetado un arreglo armónico con toda una sección de brasses. En ese momento estaba armado con unos sonidos bastante polémicos, hechos con MIDI y el Kontakt, y sabíamos que íbamos a tener que grabar una sección de brasses reales porque los del plug-in sonaban muy plásticos y aburridos. Dirimiendo sobre quién podría hacerlo, se me ocurrió escribirle a Dana. Fue durante la pandemia, recuerdo. Contestó rápidamente, manifestando que le había encantado la canción y un genuino entusiasmo con la idea de concretarlo. Le enviamos las pistas y el arreglo para que lo grabara por su cuenta. No solo lo devolvió entero, mejorando las voces de la armonía y grabando todas de manera PERFECTA (un saxo barítono, un tenor, un alto y hasta una trompeta), sino que ensayó una épica improvisación sobre la coda final de la canción que quedó estupenda y realmente benefició a la canción. Si, bendita Internet. Para mí es el mejor saxofonista que existe. Es un extraterrestre, y además tiene una manera muy particular y distintiva de tocar. 

También participa Mela Lenoir en coros y fue masterizada por Matías Parisi.  

¿Qué mejoras técnicas buscaron ejecutar para superar Tándem? 

‘Tándem’ fue nuestro primer disco y, dentro de todo, su grabación fue un proceso relativamente corto; comparado con otras producciones que realicé a lo largo de mi vida con Nikita Nipone, o inclusive esta última de “Costa Atlántica”.  

En 2016 nos juntamos por primera vez y ya para fines del 2017 teníamos todos los temas grabados, mezclados y terminados. Fue un proceso muy distinto a este último disco porque nada fue premeditado, ni previamente consensuado; simplemente nos lanzamos a componer canciones para un proyecto que recién estaba comenzando y al que había que agregarle contenido desde la nada misma.  

Creo que ese álbum tiene momentos realmente muy buenos y fue una suerte de “exploración de campo” para ver qué cosas funcionaban mejor, cuáles nos salían naturalmente y qué ideas iban más a contracorriente.  

En ‘Costa Atlántica’ aprendimos a simplificar, producir y a interpretar mejor. Ya con más experiencia y tiempo a espaldas, se va gestando una sinergia propia y un lenguaje. Se hace mucho más fácil el proceso de plasmarlo en una grabación de manera que funcione también para traducirlo al vivo.  

¿De qué manera acompaña la intención del videoclip «Control Policial»? 

El video fue realizado y editado por un viejo y gran amigo: Alejandro Grimoldi, que se da mucha maña para resolver este tipo de asuntos de extrema audacia. Teníamos la idea inicial con Maxi de plasmar en imágenes esa experiencia del “control policial rutero”: los artilugios y vericuetos criollos para zafar; los quilombos del tráfico en la ruta; la negligencia en la conducción y el desparpajo de algunos policías. Todas esas situaciones vividas cuando estamos en camino. Como la idea era realizar un video de archivo y, había que recopilar mucho material, nos pareció lógico incluir escenas donde estuviésemos haciendo playback. Incluirnos como los reos, con ese fondo blanco y las marcas de medición de altura que se usan para identificar a los sospechosos que vemos en las películas policiales.  

Filmamos esas escenas y se las enviamos a Alejandro Grimoldi para compilar todo de una manera muy fluida, rítmica y simpática. El resultado terminó siendo un video muy entretenido a la vista que, en mi opinión, enaltece a la canción.  

¿Cuáles son los objetivos para este año?  

Editar ‘Costa Atlántica’ es el objetivo primordial. Tenemos estos temas en el tintero desde hace bastante tiempo y la pandemia interrumpió un ritmo muy prolífico de laburo que veníamos manteniendo. Luego vendrán fechas, una presentación ‘oficial’ e intentaremos acompañar el disco con una gira veraniega. Por el momento, estamos muy enfocados en el trabajo de estudio, que nos encanta. Queremos cerrar esta etapa de dos complejos años de la mejor manera posible y dentro de nuestros exigentes parámetros musicales.

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Siamés: «La música es un idioma universal»

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El tecladista Piano Blakk habla de la independencia en el arte, la importancia de lo visual y los próximos pasos del grupo. El sábado se presentan en el Teatro Vorterix.

“De chico, mi mamá me escuchaba cantar temas de bandas de afuera y me preguntaba: ‘¿No te gustaría saber qué dicen?’. Así pude estudiar inglés. Siempre hice música en ese idioma, también Stöltz y Barbie -explica Piano Blakk, tecladista de Siamés-. Es una decisión de ‘colores’ a la hora de pintar nuestros cuadros. Quizás en un futuro lancemos algo en español o en francés, que son muy lindos para explorar”.

El lenguaje no fue una barrera, sino que le jugó a favor a Siamés (que completan Gonzo en guitarra, Mariano Lanús en bajo y Nikko Taranto en batería). Aunque al principio sentían resistencia de ciertos sectores, en 2020 giraron por ciudades como Nueva York, Chicago, Los Ángeles, Dallas, Santiago de Chile y el DF.

“A ese rechazo lo recibimos más bien de la industria en la Argentina, cuando llevábamos los demos y el primer disco pidiendo apoyo, y nos decían que nos podría ir bien si los temas fueran en castellano. Eran principalmente las discográficas y los mánagers -agrega Blakk-. Los cerrados fueron ellos, porque hoy los jóvenes están super abiertos y receptivos a todos los tipos o estilos de música, con sus idiomas, procedencias y edades. También tuvimos comentarios de Orgullo Nacional o Latinoamericano, que fueron impensados, y de los piropos más ‘powers’ que podríamos haber recibido”.

Con su primer single, “The Wolf”, la banda superó las 150 millones de visitas en YouTube. ¿Lo más loco? Que lo lograron siendo independientes. “No perdimos nada al no firmar con una compañía; no hay nada que no hayamos podido hacer -aporta el tecladista-. Quizás nos llevó más tiempo hacerlo solos, pero la satisfacción es doble o triple. Nadie nos regaló nada ni nos puso condiciones. Ahora preparamos la segunda gira por los Estados Unidos para fin de año, y nuevamente con una agencia norteamericana, para un público nativo. Es otro hito para una banda argentina e independiente”.

-Más allá del contenido, ¿por qué creés que “The Wolf” se viralizó tanto, si no conocían cómo funcionaba Youtube?

-Porque nunca hicimos nada en función del comportamiento de los algoritmos o las modas. Siempre fue lo que a nosotros nos movilizaba como artistas, y desde el principio sentimos que, más que mostrar nuestras caras en los videos o tapas de discos/singles (como hace la mayoría), queríamos reforzar y expandir el mensaje de las canciones con más arte.

LA IMPORTANCIA DE LO VISUAL

-El mismo fenómeno se generó con los clips siguientes. ¿Cuánto influyó el éxito de “The Wolf”?

-Tanto ese como todos nuestros videos animados fueron hechos por los genios de Rudo. Era la famosa fórmula de: “Equipo que gana, no se toca”. Por suerte, tanto ellos como nosotros quisimos seguir explorando el mundo de las animaciones, y lo seguiremos haciendo. Además nos gustaría expandirlo a videos al estilo “cortos”, donde la historia complete el mensaje de las canciones y se puedan analizar e interpretar.

-Generaron un concepto visual muy fuerte. ¿Cuánto influye que Stöltz sea artista gráfico?

-Muchísimo. Al mismo momento que compusimos nuestro primer tema con él (“As You Get High”), ya había propuesto el nombre de la banda, el logo actual y la tapa de un posible EP. Ese último nunca vio la luz, porque decidimos ir directamente por el disco. La mayoría de los flyers, tapas de singles, diseños de merchandising, lyric videos y post producción de fotos pasan por su mano.

-¿Pensás que las canciones nuevas también van a tener clips así, o explorarán otros formatos?

-Venimos con un promedio de dos videos animados por álbum, que vamos a mantener. Por ahora es muy difícil de superar, por el intenso trabajo y tiempo que llevan. Pero como ya mencioné, quisiéramos expandir el fenómeno al mundo de la ficción, con cortos y films con actores y guiones. Sólo que siendo independientes no podemos abrir tantos frentes a la vez, y el de las películas es un universo muy costoso. Si hay algún director interesado en explorar esto juntos, que por favor nos escriba.

-¿Qué ingredientes hacen que sean universales? Porque no todos los grupos pueden lograrlo, independientemente del idioma que usen…

-La música de por sí lo es, y más aún de la mano del inglés. Las animaciones son otro lenguaje así, y además no nos encasillamos en un solo estilo o tema. 

LOS NUEVOS COLORES

-En una entrevista contaban que piensan las obras “para ustedes mismos”. ¿Sentís que es clave para que el arte sea “sincero”?

-Hicimos el primer álbum por y para nosotros, como una catarsis de crear música que nos gustara escuchar, con letras sentidas y que intentara alcanzar un sonido internacional. Fue clave la participación de Guillermo Porro como ingeniero y co-productor. Luego del éxito de aquel disco, la presión fue mucho más grande para mantener el nivel y superarnos desde las composiciones, el sonido, el idioma y los videos.

-Incorporaron a Barbie Williams como integrante fija. ¿Cómo percibís que se repartirán las voces en los próximos temas?

-Desde el principio imaginé el proyecto con voces masculinas y femeninas, eso se escucha en casi todas las canciones. Cuando conocí a Barbie hubo un flechazo musical y artístico enorme, como con Stöltz. Siempre me parecieron aburridas las bandas sólo de hombres. Ella es muy completa y en el show se nota mucho; es muy carismática y se entrega a su público, al igual que Stöltz. No había mucho que pensar, fue un sí inmediato. El inglés es una forma de pintar los cuadros, y contar con dos timbres vocales también amplía el universo.

-El sábado 18 de junio van a tocar en Vorterix, después de haber pasado por el Teatro Broadway. ¿Por qué no deberíamos faltar?

-Ya regresamos de nuestra segunda gira por México, donde nos sentimos como en casa. El apoyo y amor que nos brindan allá es descomunal. Así que ahora queremos celebrar todo ese éxito internacional con nuestro público argentino, en nuestro hogar natal. La diferencia con el show del Broadway será la posibilidad de saltar y poguear sin butacas. Además presentaremos un tema nuevo, y habrá sorpresas en la lista de temas.

-¿Sentís que estrenar la canción le va a dar un “rodaje extra”? Muchos artistas dicen que, al testearlas en vivo y probar la reacción del público, llegan más “listas” al estudio.

-De por sí, la cocina de Siamés ya es muy detallista. Nos tomamos mucho tiempo hasta que sentimos que cada tema está completo. Con “The Wolf” estuvimos un año para que apareciera el estribillo que se conoce hoy. Como aún no se encuentran en las plataformas, el hecho de presentarlos cuando son inéditos va con las ganas de mostrarlos y de que el público reciba algo único y especial.

Siamés tocará el sábado 18 en el Teatro Vorterix (Av. Federico Lacroze 3455). Las entradas se consiguen a través de AllAcess.

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