#IndioEnOlavarría y una humilde reflexión personal

Fui a casi todos los recitales del Indio apenas empezó su carrera solista. A medida que fui pisando los 30 y ampliando mi oído musical seguí conservando ese cariño por el pelado pero dejé de ir a los conciertos porque preferí invertir esa plata en otra cosa, no es que me haya arrepentido en haberla gastado en eso, para nada.

Hoy me siento un poco dolido, triste, y no voy a hacer leña del árbol caído como el 98% de las personas que opinan sobre este tema, más bien apelo a escribir lo que me salga, casi sin correcciones. Tampoco intento presentar una defensa judicial a favor del Indio porque ni siquiera creo que la necesite.

Como anticipaba fui a casi todos los conciertos de este tal Solari -hoy el villano de la película- pero gradualmente las ganas se fueron yendo porque me hice más viejo, me fueron gustando otras cosas, pero insisto, quien no fue a un recital del Indio no puede conocer la magnitud de lo que sucede en esos rituales paganos. Esa mezcla de sensaciones en la que todos los que van son iguales. No hay clases sociales, por lo menos por esas 12 horas que dura todo el mejunje está todo bien y a nunca me pasó nada malo.

Ya en la época de los Redondos las hordas eran inmanejables. A Bulacio lo mató la policía, no lo mató el Indio Solari. Lo de Walter tardó más de 20 años en llegar a juicio. Después hubo otro episodio en Córdoba cuando un chabón se cayó a la fosa del Chateu. Cosas que te pasan más por boludo que por negligencia de la organización. Hay centenares de anécdotas buenas y malas. Una vez un cana no nos quiso llevar con un amigo discapacitado y lo tuve que cargar en el lomo durante varias cuadras para llegar al micro. Los dos podríamos habernos quedado viendo Friends pero fuimos al show del Indio, queríamos ir.

Nos fuimos acostumbrando a que era así de desmadrado todo. Una cagada como en Olavarría, como en Tandil, como en Jamaica o en cualquier lugar donde se produzca un fenómeno social inexplicable de esta inmensidad. Lo hicimos cotidiano, se naturalizó, las reglas eran así. Estaban mal, pero eran así. Si no te gusta no vayás, no va a cambiar y si me decís que soy un parco porque no hago nada para cambiarlo sos un gil porque no hacés nada para cambiarlo tampoco.

No da para comparar. En un show de Callejeros post-Cromañon un flaco que cortaba tickets en la puerta nos hizo el chiste “che, ninguno trajo bengala no?”. Pelotudo le quedaba chico. Sin embargo lo que pasó en Olavarría no tiene un pedo que ver con lo de Once, aunque le hayan querido endilgar la secuela de aquella tragedia nefasta.

Pensá que sí, que el Indio tiene un grado de responsabilidad por lo que pasó pero no seas resentido y repitas la cuentita pavota de los 10 millones que se llevó porque también hay que invertir guita para hacer un evento similar. Ponete a pensar que el tipo graba, vende, hace los dibujitos y distribuye sus discos. La junta en pala, pero no le roba a nadie. Vende arte. Te guste o no está el que la compra. Cuánto pagarías por el mingitorio de Duchamp. Gustos son gustos.

El sábado y el domingo varios me tentaron para debatir sobre el tema. Yo no tengo nada que debatir. A quién carajo le importa lo que yo opine. Yo no organizo festivales. Yo no soy el Indio Solari. Yo no soy LA JUSTICIA (como se dice generalmente para no ponerle nombre y apellido a las cosas). Y sí, me estoy lavando las manos porque yo no tengo nada que ver, porque fui a decenas de shows del Indio y jamás ni siquiera me raspé una rodilla. Me quedaba al costado escuchando sus canciones, sus letras que para algunos hablan de la falopa para mi son de una narrativa poética sinsentido que hace que tenga mucho sentido. Si a vos te gusta José Luis Perales a mi no me jode. Cada uno con su tema.

Después me quedé masticando las paparruchadas que leía en el hashtag #IndioEnOlavarria y decidí abstraerme de la situación. No es la primera vez que me sucede. Generalmente cuando una información se vuelve tan mercancía me revuelve el estómago y prefiero quedarme mirando el techo o comiéndome un moco.

Me pongo un en la piel de los pibes que fueron -algunos me dijeron que fue un show maravilloso ¿?- y me pregunto desde cuándo a los medios les importa tanto esta escoria social que ellos conocen como el público de los redonditos si hasta el domingo a la madrugada tarde estaban tocando bandas de cumbia pop en el piso de cada estudio de TV. Esto le cabe a todos los canales de “noticias”; los opositores y los oficialistas.

Les pido perdón por la sinceridad y le mando un abrazo enorme a las familias de las personas que murieron. El dolor se hace enorme. Sinceramente me chupa un huevo si las mató una avalancha o un Scania de frente. Murieron fulero. Murieron porque somos unos boludos y es más fácil echarle la culpa al Indio Solari que tratar de ser todos los días un poco mejor personas y dejar que cada cual atienda su juego.

 

Pablo Diaz (@DiazPabloOk)

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